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title: "La yegua: ¿Se puede volver a ser normal después de ser un monstruo?"
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date: 2026-11-03
modified: 2026-11-03
author: "Alvaro"
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categories: ["FICCIÓN HISTÓRICA", "Histórica", "NOVEDADES LITERARIAS"]
tags: ["Angharad Hampshire", "Editorial Edhasa", "Holocausto", "II Guerra Mundial", "III Reich", "Nazismo"]
type: post
lang: es
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# La yegua: ¿Se puede volver a ser normal después de ser un monstruo?

Por más que leamos historias de la II Guerra Mundial, siempre nos cruzamos con otra que nos deja helados. Esta novela histórica nos cuenta la historia de Hermine Braunsteiner, la Yegua. Una vez más, conocemos a uno de esos crueles y despiadados personajes de campo de concentración, solo que entramos en el subgénero posbélico que me parece más interesante por cuanto intentaron recuperar una vida normal y dejar ese periodo al buen hacer del borrón y cuenta nueva.

Se trata de una ficción histórica. Lo que cuenta pasó realmente. Ha dejado a la ficción todos los personajes salvo el central: Hermine Braunsteiner, una mujer que destacó por su crueldad, allí donde la crueldad alcanzaba su forma más extrema.

## De qué trata

Hermine Braunsteiner fue una joven corriente hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Entonces se convirtió en guardia de un campo de concentración, una de las muchas mujeres que participaron en la vigilancia de los prisioneros. Solo ella, sin embargo, se ganó un apodo que la perseguiría para siempre: la Yegua. ¿Por qué? Por patear hasta la muerte a los prisioneros.

![Portada de La yegua, de Angharad Hampshire](https://porqueleer.es/wp-content/uploads/2026/11/Resena-La-yegua-Angharad-Hampshire.jpg)

### La yegua

Angharad Hampshire

| Título original | *The Mare* |
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| Año original | 2024 |
| Editorial | Edhasa |
| Año de edición | 2026 |
| Género | Novela histórica |
| Páginas | 384 |

[Ver más información →](https://www.edhasa.com)

Al terminar la guerra, como si nada, reconstruyó su vida: se casó con un veterano estadounidense, se instaló en Nueva York y pasó a ser una esposa y ama de casa más. Y así continuó hasta que un periodista del *New York Times* llamó a su puerta…

> Los golpecitos en la puerta lo cambiaron todo. Hasta ese momento habíamos sido felices; sabíamos quiénes éramos.«Se equivoca de persona», dije al visitante. «Mi esposa es tierna y amable. No mataría ni a una mosca».

## Cómo lo ha contado

Es una novela fácil de leer. Te convierte en un lector pasivo, a excepción de algunas comprobaciones de contexto que quieras hacer por curiosidad histórica.

La manera que elige para contar la historia es la del narrador coral: los distintos personajes van tomando la voz narrativa en episodios que llevan su nombre, para que no te tengas ni que molestar en descubrir quién nos está hablando en cada momento.

Este recurso, que particularmente me gusta mucho, nos permite mirar la misma trama desde más de un punto de vista.

Hermine narra sus episodios en primera persona. Esto cambia con Russell, que toma la voz en sus capítulos. En ellos le vemos como un narrador en primera persona que le habla directamente a su mujer, como si le estuviera contando o reviviendo los hechos.

En cuanto al tiempo narrativo, no es lineal. Prolepsis y analepsis se suceden en viajes constantes que nos permiten adjudicar los hechos pasados que están alterando el presente narrativo. La novela abarca el siglo XX desde 1934 hasta 1998.

La historia abarca cuatro tramos decisivos:

- Hermine antes de la guerra.
- Hermine durante la guerra.
- Hermine justo después de la guerra y antes de conocer a Russell, su esposo.
- Hermine después de ser descubierta por la prensa.

Angharad Hampshire podría haber contado los hechos en la misma secuencia en que sucedieron. Sin embargo, opta por ponerlos en paralelo y dejar que transcurran ante tus ojos a la vez. Quiere que veas el conjunto, no la evolución. No quiere que veas a Hermine como una buena persona, luego transformada en demonio y vuelta a la vida normal con cierta aspiración de redención. No. Quiere que veas todo el espectro a la vez.

La novela funciona como **un panóptico** sobre Hermine. Hampshire casi nos está diciendo que somos luz y oscuridad a la vez. **El contexto puede precipitar las cosas, pero no las crea: simplemente favorece que aflore algo que ya está ahí latente.** Por eso creo que quiere que lo veas todo a la vez.

## Hermine

El monstruo que pinta esta novela es, al principio, una chica joven que lleva una vida difícil a las afueras de Viena. Trabaja de criada. Es un eslabón digno y humilde de la sociedad. Su hermana también es sirvienta y sus padres lavan ropa para las casas bien de la capital. Gente trabajadora.

Cuando cuenta solo quince años, muere su padre. La situación se vuelve aún más difícil. 1934 son malos tiempos para vivir en Austria.

Pivota entre trabajos de poca monta hasta que emerge el nuevo Reich alemán y se anexiona Austria. Entonces viaja a Alemania y comienza a trabajar como vigilante de un campo de concentración. Y ahí se produce la ¿transformación?, o ¿acaso emerge sin más ese demonio violento e inhumano?

Pues no. Angharad Hampshire —ignoro si es documentado o ficción— presenta una exposición gradual de la joven a la violencia sistemática y, desde ahí, una asimilación de la misma. De hecho, en un primer momento le chocan las ideas que están imponiéndose:

> «–Esta gente mata a los niños cristianos y usa su sangre en sus rituales.Me aparto de ella, asqueada. Antes de que los judíos terminen de alejarse con pesado trotecillo, Luise les lanza un escupitajo. Jamás la había visto hacer semejante cosa.–No hagas eso, Luise, es repugnante.–¡Ellos son los repugnantes, Hermine! Se han estado embolsando nuestro dinero a manos llenas, enriqueciéndose a nuestra costa.»

Pocos meses después, testimonia opiniones que permiten ver un cambio:

> «Desde luego, para este trabajo hay que tener estómago. Rosa no prueba bocado y se está quedando en los huesos. No dejo de decirle que tiene que poner más empeño en lo que hace y esforzarse en no consentirse ninguna debilidad. El problema se debe, en parte, al hecho de que el comedor de las supervisoras se encuentre junto a la sala de aseos. Cada vez que llega una nueva remesa de prisioneras tenemos que verlas ahí, en fila, mugrientas y desnudas, haciendo cola para que las duchen y las afeiten. Así no hay quien pruebe bocado. Está claro que el panorama no facilita la digestión.»

Ya habla de las mujeres judías como algo repugnante. Están deshumanizadas, son meros accidentes desagradables que impiden el confort gastronómico. Es decir, entre la visión moral que veíamos antes y el monstruo que mata a patadas a reclusas hay una etapa intermedia. Un escalón. La degradación del lenguaje. Primero, la deshumanización del otro; a partir de ahí, no hay diferencia con aplastar una mosca.

Después, cuando la persona es privada de su dignidad humana a ojos de un fanático, entonces ya nada tiene valor. La vida humana no significa nada si quien la porta no es visto como algo humano:

> «La aprobación de Ehrich tiene el raro efecto de compensar en mi interior el hecho de que acabe de matar a una reclusa. Pero, en cualquier caso, esa mujer iba a morir. ¿Qué más da, entonces? ¿Ahora o más tarde, qué diferencia hay?»

## Ideas que contiene

La primera idea que nos asalta es: ¿cómo dejaron estas personas atrás una conducta así y se zambulleron de nuevo en una vida normal, como si nada?

> «Sólo hice lo que todo el mundo en esa época. No era distinta a nadie. Tienes que creerme. No he hecho nada malo».

Diluye su responsabilidad en la masa, en el contexto. Si la culpa es de todos, acaba no siendo de nadie.

¿Cómo convive una sociedad con personas que participaron en atrocidades y luego se integraron como vecinos normales? Con normalidad, mientras no se sepa. Con toda la felicidad que permite la ignorancia. El marido de Hermine dirá:

> «Yo te arrullé y conseguí calmarte. Te dije que te amaba. No tenía motivo alguno para dudar de ti. Sin embargo, tras aquel repicar de nudillos en la puerta, todo comenzó a tambalearse y a torcerse. Lo sólido se reblandeció por completo. Era como estar frente a los espejos deformantes de Coney Island, contemplando en su reflejo una versión distorsionada y deforme de nuestra realidad.La entera percepción de mi identidad, y de la tuya, saltó por los aires.»

Al principio, ella misma es víctima de la presión del sistema:

> «Si la descubro dirigiéndose a las reclusas de un modo distinto al de dar órdenes, será usted castigada con veinticinco latigazos. ¿Lo ha entendido?»

Incluso siendo ya carcelera, el personaje manifiesta miedo al sistema:

> «Tomo buena nota de que no debo mencionar que soy católica. He enterrado mis sentimientos religiosos en lo más profundo de mi ser.»

¿Qué diferencia hay entre la persona que fue y la persona que es… y hasta qué punto esa diferencia importa? ¿Hasta qué punto una persona “normal” puede convertirse en alguien capaz de una crueldad extrema?

A este respecto tiene mucho que decir la sensación de impunidad. De ahí emana la libertad absoluta para desatar a la bestia interior:

> «—¡Puedo hacerte lo que me dé la gana! —vomita como enajenada—. ¡Tu dios no está aquí!»

La promocionada imagen divina del Führer hace que los mandos inferiores se sientan diosecillos. Esos hombres y mujeres anónimos, de escaso rango y vida humilde, cuando se ven con poder, a menudo lo usan con despotismo, como un niño al que sus padres jamás dejan probar una mínima porción de dulce. El día que tiene una tarta delante y nadie que vigile, se da un atracón.

- ¿Existe un punto de no retorno en la brutalidad, o siempre queda algo de la persona anterior?
- ¿La maldad es algo innato o se construye a través de las circunstancias, la ideología y el entorno?
- ¿Es posible dejar atrás por completo un pasado monstruoso y convertirse de verdad en “una mujer u hombre normal”?

![Reseña La yegua Angharad Hampshire](https://porqueleer.es/wp-content/uploads/2026/11/Resena-La-yegua-Angharad-Hampshire.jpg)

La novela nos hace preguntarnos muchas cosas:

¿Tiene sentido perseguir y juzgar a alguien décadas después de los hechos, cuando ya ha construido una vida nueva? ¿Tiene autenticidad esa nueva vida si se construye sobre la mentira o sobre la omisión de partes importantes de la verdad?

Nosotros no tenemos que responder, pero Russell, el marido de Hermine, sí tiene que tomar una resolución cuando descubre quién es su mujer, o quién ha sido:

> «Te oigo exhalar lentamente. Parece el sonido del aire que escapa de una rueda pinchada. ¿Por qué no le respondes? ¿De qué está hablando este individuo? ¿Hay algo en tu pasado que no me hayas contado?»

Lo mejor de esta novela es que no es simplista. Pone al lector en la difícil tarea de mirar más allá. Sin justificar ni blanquear, pero mirar más allá del análisis simple y rápido.

> «Me haces la pregunta directa.–Dime, Russell, si hubieses estado en mi piel, ¿qué habrías hecho? ¿Cuál te parece que habría sido tu auténtica reacción?Me siento perdido, incapaz de hallar una respuesta. Deseo decir que no habría seguido el juego, pero sé demasiado bien lo que es una guerra para atreverme a afirmar tal cosa.»

Hay otro contrapunto interesante: el asunto de Hermine se destapa en 1964 en Estados Unidos. Todos los vecinos, los compañeros de trabajo, propios y extraños, se escandalizan muchísimo por tener una nazi viviendo en su barrio. Les aterroriza pensar en las atrocidades que cometieron contra los judíos, gitanos, eslavos, polacos… en los campos de exterminio. Esos infiernos, altares del racismo más fanático.

Sin embargo, en ese mismo año 1964, muchos estados del sur de Estados Unidos todavía mantenían leyes de segregación racial que discriminaban abiertamente a la población negra. Y, al mismo tiempo, el país empezaba a intensificar su intervención militar en Vietnam, una guerra que en pocos años provocaría cientos de miles de muertos civiles, bombardeos masivos y el uso de napalm y agentes químicos. Ambas cosas laten discretamente en la novela y a mí me parece que le da un filo crítico importante. Aporta calidad y eleva el nivel literario del texto.

La indignación era selectiva en aquellos Estados Unidos.

## Quién es Angharad Hampshire

Angharad Hampshire (Manchester, 1972) es periodista, productora de radio, académica y escritora británica.

Trabajó durante años como productora en BBC Radio 4 y en el World Service de Londres. Después fue profesora honoraria de periodismo en la Universidad de Hong Kong y colaboradora habitual del *South China Morning Post*.

Tiene un Doctorado en Artes (*Creative Writing*) por la Universidad de Sídney (2021). Su tesis doctoral se centró precisamente en la representación de las guardianas de los campos de concentración nazis en la historiografía y la literatura del Holocausto.

Actualmente es profesora de Escritura Creativa en la York St John University (Reino Unido) y vive en York con su familia. *La yegua* (*The Mare*, 2024) es su primera novela.

## Una tesis de fondo

La novela sigue tanto a Hermine Braunsteiner como a Russell, su esposo norteamericano. Un capítulo de uno, otro de otro. Ambos tienen la misma cuota de pantalla, ambos toman la voz narrativa y exponen su punto de vista.

Al darle tanto espacio a Russell, Angharad Hampshire le está dando espacio a su tesis, que repite muchas veces a lo largo del libro:

> «—Tanto este tribunal como el país están juzgando a mi esposa por crímenes que no son suyos, sino de toda una nación —digo ante las cámaras—. Mi mujer trabajó por Alemania como tantos miles y miles de personas en todo el país, y ahora Alemania se revuelve contra ella. ¡Debería darles vergüenza!»

Este es el gran silencio. La gran verdad acallada que es el elefante en la habitación. Hermine y muchas como ella se comportaron como animales salvajes, asesinos voraces y sanguinarios. Pero no actuaron solas: estaban arropadas por un pueblo que aupó al poder a los peores extremistas. No debe olvidarse que Hitler llegó al poder tras ganar unas elecciones.

Russell no niega los crímenes de su mujer, pero señala ese abuso: quienes la juzgan son sus propios cómplices, que en ese acto de justicia rehuyeron la propia y lavaron su participación.

Sí, Hermine mató a patadas a presas y merecía la peor condena, pero había un sistema completo amparándola.

En su boca pondrá la autora esta reflexión:

> «…Si yo no hubiese estado allí, no habría habido ninguna diferencia, habría muerto el mismo número de gente… Otra persona habría ocupado mi lugar. El hecho de que se tratara de mí es irrelevante, y sin embargo me culpan a mí de todo.»

No hay un intento de blanquear a Hermine, pero se aprecia una firme decisión de no exculpar al conjunto de la población cargando todo solamente en sus peores elementos. Esa es la tesis que subyace a todo el libro.

Y lo refrenda con un personaje anciano que cruza en el camino de Russell y que le dirá:

> «—Lo único que siente un montón de gente de mi generación es sencillamente alivio cuando ve que no es a ellos a quienes están sentando en el banquillo —se sincera el vecino—. Todos llevamos encima la losa de la culpa…»

Todos, dice.

## Fascinante

Me ha encantado esta novela. Creo que el reto era muy ambicioso: contar la historia de Hampshire, mostrar sus dos caras y dejar que el lector recoja los pedazos y construya a la persona completa. No dirige tu mirada, no te plantea una moralina que, en un tema tan obvio, estaría de más. Te pone delante del ser humano, de cómo puede pasar de lo angelical a lo demoníaco y volver a lo angelical.

El contexto tiene mucho que decir aquí. La Alemania del III Reich puso a muchas personas comunes y corrientes ante una encrucijada: enfrentarse y morir con dignidad moral o sobrevivir cómplices de toda clase de atrocidades. Algunos eran partidarios. Otros muchos no, pero eligieron sobrevivir y, para ello, adaptaron su moral, su conducta y sus acciones. O simplemente miraron para otro lado. Se les debe condenar siempre, pero entender su reacción es importante: el miedo puede transformar a una persona en algo que, sin miedo, jamás habría sido.

**La novela es incómoda. No te deja ser un espectador más. Connotativamente te pregunta ¿qué habrías hecho tú? ¿Eres un héroe o sucumbes cuando temes por tu vida?**

Cuando esa persona sale de ese contexto, vuelve a implantar su condición anterior, pero ya no es posible ser la misma. Por decirlo con Raskólnikov, esto no es crimen y castigo, sino crimen y amnesia. Se impone el olvido de lo que se perpetró para reencontrarse con lo que se quiere volver a ser. Por tanto, esta novela nos deja un interrogante más:

¿Los criminales de guerra son personas transitoriamente perversas, justificadas por el contexto, o, por el contrario, son personas genuinamente malas que no permiten aflorar ese rostro más que cuando tienen un contexto favorable?

No puede decirse que la novela blanquea a la protagonista. Sí puede decirse, en cambio, que permite mirarla más de cerca, con pausa y en un paisaje más definido que el que ofrece la condena fácil. De alguna manera, nos hace caer en la cuenta de la maldad de esa mujer, solamente manifiesta cuando tiene delante a alguien débil e indefenso, lo que la hace aún más odiosa. Pero también responsabiliza a todo el pueblo de ella, porque el pueblo apoyó a los líderes que generaron las condiciones bajo las que Hermine Braunsteiner y muchos otros desplegaron su maldad.

Por tanto, la novela no permite indultar a Hermine, pero tampoco admite la afirmación simple de que pudo haberse negado a colaborar. En esto la autora es muy clara: en aquel Reich no existía la objeción de conciencia. O se contribuía al objetivo nacional o la muerte: tuya y de todos los tuyos. Negarse, por tanto, no era un mero acto de voluntad. Sin embargo, Hermine fue perseguida por su especial ensañamiento, por su violencia desmedida. No hay excusa para alguien así, pero mirarla desde un concepto más poliédrico hace que la novela me resulte más interesante, más incómoda ante la opinión de aplauso fácil y mucho más literaria.

Y tiene un final que, para mí, es magistral. Ese diálogo último entre los protagonistas, entre Hermine y su marido, Russell… es digno de elogio.

Lo dicho: para mí, una gran novela que siempre recomendaré leer.
