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title: "Ulises, de James Joyce. ¿Qué tiene que ver con el de Homero?"
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date: 2026-10-24
modified: 2026-10-24
author: "Alvaro"
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categories: ["CLÁSICOS"]
tags: ["Galaxia Gutenberg", "James Joyce"]
type: post
lang: es
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# Ulises, de James Joyce. ¿Qué tiene que ver con el de Homero?

Estoy inmerso en la lectura del Ulises de Joyce. Es una odisea lectora que decidí abordar con pausa, deteniendo mis pasos capítulo a capítulo, tratando de no avanzar al siguiente sin haber entendido el que se acaba de leer. Llegar al final de esta novela, por su dificultad, más que por su extensión, es como llegar a Ítaca. Espero no faltar a mi propósito y ser la paciente Penélope que aguarda hasta el final. Tendré que evitar a Calipso, que aparecerá diciéndome que hay libros más fáciles, más sencillos, de placeres más inmediatos.

Así que, mientras llega, esto no podrá tenerse por reseña, sino más bien como bitácora lectora. Así es como has de leer esta pieza si tienes a bien acompañarla.

Centremos el tiro: **este no será un texto de erudición y explicación de sus referencias**. Ya los hay y son infinitamente mejores de lo que yo pueda ofrecer. Será una explicación de lo que como lectores nos podemos encontrar si nos estamos planteando entrar a este libro.

Y si estás por ahí, quizás te preguntes: ¿por qué se llama así? ¿Qué relación guarda con el Ulises de Homero?

Hay novelas que cuentan grandes viajes: guerras, naufragios, monstruos, islas lejanas y regresos imposibles. Ulises hace algo distinto, y quizá más difícil: convierte un solo día en Dublín —desde que sus personajes salen por la mañana hasta que regresan de madrugada— en una aventura de dimensiones homéricas.
La acción ocurre el 16 de junio de 1904. No hay batallas ni dioses; hay desayunos, oficinas, funerales, bibliotecas, tabernas, playas, burdeles y una casa a la que, al final, conviene volver. Y sin embargo, ese día cualquiera alcanza la intensidad de una epopeya.

## Lo que sucede en la novela

La novela sigue, sobre todo, a dos hombres que no se conocen al principio: Stephen Dedalus y Leopold Bloom.
Stephen es un joven poeta y maestro, hijo de un padre alcohólico y huérfano afectivo de una madre recién muerta. Vive con culpa, ambición intelectual y una sensación persistente de no pertenecer a ningún sitio. Su día comienza en una torre costera, donde comparte alojamiento con Buck Mulligan y Haines; termina vagando por Dublín, buscando una figura paterna y una salida a su propio desasosiego.
Leopold Bloom es un hombre mayor, publicista de un periódico, judío en una Dublín marcadamente católica y nacionalista, casado con Molly Bloom. Esa mañana se levanta, prepara el desayuno, compra un riñón de cerdo y sale a hacer sus recados. Sabe que Molly tiene una cita con Blazes Boylan, su amante. Durante el día acude al funeral de un conocido, trabaja, come, pasea, discute, se deja llevar por recuerdos y deseos, y atraviesa la ciudad con una mezcla de curiosidad, ternura, humillación y lucidez.

Bloom y Stephen se encuentran varias veces a lo largo de la jornada. Al principio son dos desconocidos unidos solo por el paisaje urbano y por algunas personas comunes. Después conversan en una maternidad, en un taberna y en la calle. Bloom, que perdió a su hijo Rudy poco después de su nacimiento, ve en Stephen una posibilidad de paternidad; Stephen, que ha perdido a su madre y no confía en su padre, encuentra en Bloom una compañía inesperada.
La noche termina en casa de Bloom. Stephen se marcha, y Molly, en la cama y a punto de dormir, piensa en su amante, en su marido, en su hija, en sus amores pasados y en la vida que ha tenido. La novela se cierra con su monólogo y con un sí que afirma, contra todo, el deseo de vivir.

## El espejo homérico

Joyce construye Ulises como un paralelo moderno de la Odisea de Homero. No se trata de una correspondencia exacta, capítulo por capítulo, sino de una red de ecos que da a la vida cotidiana la dignidad de un mito.

**Stephen Dedalus es Telémaco**. Como el hijo de Odiseo, es un joven que busca a un padre y un lugar en el mundo. Telémaco sale de Ítaca para encontrar noticias de su padre; Stephen recorre Dublín cargado con la ausencia de su madre, el desencanto con su padre y la necesidad de encontrar una figura que lo oriente. Su encuentro con Bloom cumple, simbólicamente, esa función.

**Leopold Bloom es Ulises**. No es un rey ni un guerrero, sino un agente de publicidad que camina por Dublín. Pero, como Odiseo, vaga, enfrenta pruebas, resiste tentaciones, sufre humillaciones y regresa a casa. Su odisea no ocurre en el mar, sino en las calles, los bares, los cementerios y los pensamientos de un día ordinario.

**Molly Bloom es Penélope**. Es la esposa que espera en casa y cuya voz cierra la novela. Pero Joyce la complica: Molly no es solo la mujer fiel que teje y deshace su tapiz; también es una mujer con deseo propio, amantes, recuerdos y una forma de pensar que la novela solo revela al final. Es Penélope, sí, pero una Penélope moderna, carnal e insumisa.

**Blazes Boylan es el pretendiente**. Igual que los pretendientes ocupan la casa de Odiseo y cortejan a Penélope, Boylan ocupa el lugar afectivo y sexual que Bloom ha perdido. La diferencia es decisiva: Bloom no vuelve con un arco para matarlo. Su “victoria” es más modesta y más humana: regresar, conversar con Stephen y acostarse junto a Molly.

**Martha Clifford es una Calipso** menor. Es la mujer con la que Bloom mantiene una relación amorosa por correspondencia bajo el pseudónimo de Henry Flower. Como Calipso, representa una tentación que podría retener al héroe lejos de su destino; pero, en la versión de Joyce, esa ninfa existe casi solo en una carta, unas flores secas y una fantasía.
Las sirenas, los cíclopes, Circe o los lotófagos también tienen su versión dublinesa: un bar, un nacionalista agresivo, un burdel, una tarde de evasiones. Joyce no traslada los monstruos a la ciudad: demuestra que la ciudad ya los contiene.

## **La lección de Joyce**

Lo que Joyce nos está diciendo no es simplemente que el mundo moderno sea tan complejo y alienante que un día cualquiera se convierta en una odisea. Es algo más generoso: que un día cualquiera ya es una odisea, si se lo mira con la atención suficiente.
Un desayuno puede contener el recuerdo de un hijo muerto. Una carta puede abrir una fuga del matrimonio. Un funeral puede hacer pensar en la propia muerte. Una conversación con un desconocido puede convertirse en una forma de paternidad. Y el regreso a casa, después de un día de humillaciones y deseo, puede tener la gravedad de un regreso desde la guerra.
Ulises enseña que la vida cotidiana no es pequeña. Que comer, caminar, trabajar, desear, recordar y volver a casa son actos que encierran toda la condición humana.

Joyce no necesita dragones ni tormentas divinas: le basta con Dublín, con un hombre que sale por la mañana y con una mujer que, de madrugada, sigue despierta pensando en la vida.
Por eso Ulises sigue siendo una novela decisiva: nos devuelve la épica a nuestro propio día. No nos invita a ser héroes; nos invita a mirar, con atención y compasión, lo que ya somos.
