Qué poco teatro leemos, con lo bien que se pasa. No me dejes así es un drama nacido de la imaginación del dramaturgo Adelardo Méndez Moya, donde vamos a acompañar a Orbegozo y Rebolledo a través de una radiografía de nuestro tiempo, maneras y pecados. Te pongo en antecedentes mínimos para que sepas de qué trata:
Ambientada en el siglo XXX, la trama arranca con el insólito descubrimiento de una serie incompleta de discos documentales. Este material permite reconstruir, de manera fragmentaria, cómo era la vida cotidiana a las puertas del siglo XXI. A través de estas grabaciones, seguimos cronológicamente los pasos de Orbegozo y Rebolledo, una peculiar pareja que se define a sí misma como graduada en la «Universidad de la Vida». Son más tontos que que el que se fue a vendimiar y se llevó uvas para el postre.
Ambos personajes transitan por los márgenes de la sociedad, en un entorno marcado por la precariedad y la exclusión, pero en el que no faltan los momentos de humor, la reflexión profunda y la complicidad afectiva.
Lejos de responder al perfil típico de la clase media, sus singulares personalidades y vivencias nos empujan a cuestionar y comprender mejor los mecanismos de la sociedad que los rodea.
La obra funciona muy bien. Dos personajes, nada más y una secuencia de escenas, que coinciden con los respectivos vídeos que han encontrado en el siglo XXX. Así, cada compact disc que registran deja una escena de esta divertida peripecia que yo creo que daría muy bien sobre el escenario.
El autor se escabulle al siglo treinta para reírse, lamentarse y despacharse a gusto con nuestro tiempo actual. Así, ante susceptibilidades siempre se podrá decir, esto es una inocente ficción futurista… pero ahí lo llevas.

No me dejes así (ecos de un pasado incierto)

Autor: Adelardo Méndez Moya
Año: 2025
Editorial: Eride Editores | Vdb teatro
Páginas: 96 (aprox.)
Idioma: Español
¿Y qué es lo que te llevas? Una buena cantidad de risas —inevitables— y una no menos copiosa mochila de reflexiones sobre la sociedad que nos hemos dado. Es curioso que no haya elegido Méndez Moya a personajes más promedio para fotografiar una época, lo que nos lleva a pensar que el hecho de que el autor quiera llamar nuestra atención sobre el hecho de que exista tanta gente en los márgenes de la sociedad y sea este un rasgo más, —quizás el más importante—, a destacar.
La mirada que posa sobre nuestros días, por estar bañada en humor, nos hace reconocible lo que presenta. Una obra para mirarla con aceptación y buen talante.
Pero no sólo se leen definiciones de la vida actual. Adelardo Méndez también ha imaginado un mundo del futuro en el que los ancianos y los inmigrantes viven en el extrarradio y comen plástico alimenticio. Hay unas leyes para controlar los pensamientos y sentimientos públicos y privados, etc.
Siempre que un autor imagina el futuro, nos imagina más controlados y recortados en libertades. Adelardo Méndez no es una excepción.
Él mismo lo define como barrabasada lumpen, pero en esa apariencia informal, cachonda y divertida, hay más sátira de la que en apariencia creemos, y es lo que multiplica el valor de este texto.
Sus lumpenizados Orbegozo y Rebolledo algunas veces patinan. Por ejemplo Rebolledo tilda de adocenados a los políticamente correctos que hablan en contra del tabaquismo. No sé si eso es un término muy lumpenizado, pero el propio Méndez explica en la nota final que no quería caer en el topicazo de que el quinqui habla siempre en jerga.

Rebolledo denuncia la sociedad de las prohibiciones. Dice que nos quieren privar de todo disfrute a base de miedo: tabaco por cáncer, comida por colesterol, sexo por ETS, alcohol por conducción ebria… En palabras suyas nos quieren hacer asépticos aunque signifique renunciar a vivir.
Más allá de la crítica social, Orbegozo y Rebolledo nos dan un chapuzón en el mejor teatro del absurdo. Hay una pieza, con una cerveza y un carajillo, que es muy divertida y perfecto retrato de dos panolis.
Pero como digo esto no es una pieza de cachondeo y nada más: Trump, el islote de perejil, el mercado del fútbol, la inmigración y el racismo, la pobreza de la música actual… aquí todo el mundo se lleva un repaso y a más de uno le hacen un traje.
En definitiva una obrita de teatro muy simpática y muy divertida, que es memoria y es retrato, pero que también sabe cargar la suerte y tirar a dar.
Me gustaría mucho verla sobre el escenario.

