
¿Qué le ocurre a una persona cuando comprende demasiado bien la corrupción del mundo, pero no encuentra una forma no corrupta de combatirlo? Que cada avance en pos de su victoria es también una destrucción de su persona. Aquel que detesta la corrupción se decide a derrotarla, mientras se corrompe para conseguirlo. Su victoria es amarga porque es motivo de celebración y rechazo a la vez para él. Para conseguirlo tendría que convertirse en aquello que detesta. Ahí encontramos a Hamlet, en ese incómodo cruce de caminos.
La edición que te traigo es una magnífica propuesta bilingüe de Anagrama, que te permite tener el texto original y junto a él (coordinado página a página para más comodidad) el texto en español. Disfrute total.
De qué va
El rey Hamlet ha muerto; su hermano Claudio ha ocupado el trono y se ha casado con Gertrudis, viuda del rey y madre del príncipe Hamlet. El espectro del padre comunica a Hamlet que fue asesinado por Claudio y le exige venganza. A partir de ahí, la obra pregunta algo mucho más difícil que «¿conseguirá vengarse?»: ¿qué ocurre cuando un hombre recibe una verdad terrible, pero no puede verificarla plenamente ni actuar sobre ella sin destruirlo todo?
La tragedia de Hamlet no es únicamente una historia de venganza. Es, al mismo tiempo una tragedia política sobre la corrupción del poder. Un drama familiar sobre el duelo, la traición y la sexualidad. Una investigación sobre la verdad y sus límites. Una reflexión sobre actuar, fingir, pensar y decidir. Una obra sobre el lenguaje: quien domina el discurso puede ocultar, manipular o revelar.
En los hombres de gran altura se ha de vigilar la locura.
Una escuela de literatura
Para personas con inquietudes de narrador, leer a Shakespeare debería ser insoslayable. Es un magisterio permanente. Por ejemplo, lo que hace con Dinamarca en su famosa tragedia es excepcional por la calidad con que se hizo.
Dinamarca no es simplemente un reino: es un ambiente de frío, vigilancia, luto y sospecha. La atmósfera que anticipa, que prepara moralmente la acción.
El conflicto es mucho más que una discusión
El conflicto central de Hamlet no consiste simplemente en Hamlet contra Claudio. Es una red de fuerzas que aparece allí donde se mire:
• Saber contra actuar.
• Verdad contra interpretación.
• Venganza contra justicia.
• Intimidad contra vigilancia.
• Lenguaje contra silencio.
• Identidad contra representación.
• Tiempo interior contra tiempo político.
No es un conflicto simplón explicado solo a base de tensión narrativa y mucha acción. Mires al perfil que mires de la obra, vas a encontrar ese conflicto latiendo.
Hamlet
Es un personaje fascinante porque su inteligencia, sensibilidad, crueldad, amor, teatralidad y cobardía coexisten sin resolverse limpiamente.
Hamlet, como un Quijote con chaqueta de tweed, oculta su razón bajo el mismo jubón que el hidalgo manchego: la locura. Nada otorga una ventaja tan grande como la enajenación ni debilita tanto a los que se conducen con cordura. Porque la locura nos disfraza de inofensivos.
Por qué leer Hamlet
He encontrado un combate entre voluntad y responsabilidad. Entre lo que se quiere hacer y el enfrentar sus consecuencias. Hamlet quiere venganza, pero ha de afrontar que matar a Claudio lo convierte en alguien casi tan abyecto como él. Por su parte, Claudio quiere arrepentirse ante Dios, ante el recuerdo de su hermano, pero sin asumir la responsabilidad de ese perdón, que no es otra que la de renunciar al trono, la reina y su ambición. Personajes en conflicto entre lo que quiero hacer y el precio a pagar por mis actos.
Hamlet es una obra que nos llena de preguntas: ¿merece la pena ceder a nuestros instintos? ¿Qué tipo de animal somos: pasional o racional? ¿Actuamos previendo el precio de nuestros actos?

Cómo leer Hamlet. Una propuesta
Propongo leer *Hamlet* como una tragedia sobre el instante en que la justicia deja de pertenecer a la ley y pasa a ser administrada por el agravio. El asesinato del rey exige esclarecimiento y castigo; Claudio no queda absuelto por la complejidad moral de Hamlet. Pero el Espectro no reclama una investigación, un juicio ni una reparación pública: reclama venganza. Al encomendar al hijo la ejecución del culpable, convierte el dolor filial en mandato sangriento y sitúa a Hamlet ante una tarea imposible: restaurar el orden mediante el mismo acto que amenaza con quebrarlo definitivamente. Shakespeare no niega la legitimidad de la indignación de Hamlet; muestra, más bien, que una razón justa puede deformarse cuando la guía el odio, cuando la culpa ajena se convierte en licencia para ejercer una violencia sin medida.
La justicia sometida a la ley intenta separar el crimen de quien lo juzga: exige pruebas, límite, proporcionalidad y una responsabilidad que no dependa de la furia de la víctima. La venganza, por el contrario, borra esa distancia: el ofendido se hace juez, acusador y verdugo, y cada muerte reclama otra respuesta violenta. Así, la caída de Claudio no repara el daño originario, pues llega rodeada de cadáveres: Polonio, Ofelia, Gertrudis, Laertes, Rosencrantz, Guildenstern y el propio Hamlet. El desenlace parece decirnos que la verdad puede imponerse finalmente, pero que la violencia nacida del resentimiento no sabe detenerse en el culpable. Cuando la justicia abdica de la ley y se entrega al odio, puede castigar al criminal, sí, pero casi nunca salva el mundo que aspiraba a corregir.
Y qué enseñanza podemos sacar de Hamlet
Propongo leer Hamlet como una tragedia sobre el instante en que la justicia deja de pertenecer a la ley y pasa a ser administrada por el agravio. El asesinato del rey exige esclarecimiento y castigo. Pero el Espectro no reclama una investigación, un juicio ni una reparación pública: reclama venganza. Al encomendar al hijo la ejecución del culpable, convierte el dolor filial en mandato sangriento y sitúa a Hamlet ante una tarea imposible: restaurar el orden mediante el mismo acto que amenaza con quebrarlo definitivamente. Shakespeare no niega la legitimidad de la indignación de Hamlet; muestra, más bien, que una razón justa puede deformarse cuando la guía el odio, cuando la culpa ajena se convierte en licencia para ejercer una violencia sin medida.
¿Qué ha obtenido Hamlet? ¿Justicia? Se diría que sí, Claudio ha muerto. Sin embargo Hamlet también muere, por tanto no hay desagravio, no hay resarcimiento. Hay muerte. Hay silencio. La nada. Hamlet ha logrado justo eso: nada.
«El resto es silencio»
La justicia sometida a la ley intenta separar el crimen de quien lo juzga: exige pruebas, límite, proporcionalidad y una responsabilidad que no dependa de la furia de la víctima. La venganza, por el contrario, borra esa distancia: el ofendido se hace juez, acusador y verdugo, y cada muerte reclama otra respuesta violenta. Así, la caída de Claudio no repara el daño originario, pues llega rodeada de cadáveres: Polonio, Ofelia, Gertrudis, Laertes, Rosencrantz, Guildenstern y el propio Hamlet. El desenlace parece decirnos que la verdad puede imponerse finalmente, pero que la violencia nacida del resentimiento no sabe detenerse en el culpable. Cuando la justicia abdica de la ley y se entrega al odio, puede castigar al criminal, sí, pero casi nunca salva el mundo que aspiraba a corregir.
Si te gusta leer y no has leído este clásico inmortal, estás en deuda con la literatura.


