
Para la periodista Rose, esta noche debía ser la cima de su carrera: una entrevista en horario de máxima audiencia al hombre más poderoso del país. Millones de espectadores la observan tras las cámaras.
Pero cuando una voz desconocida interrumpe la emisión a través de su pinganillo, y le dice que ha secuestrado a su mujer y su hijo, las reglas del juego cambian para siempre. Si quiere volver a ver a su hijo con vida, Rose deberá seguir unas instrucciones implacables ante la mirada atónita de todo el país.
Y aquí empieza una carrera por saber cómo hemos llegado hasta esta situación y más tarde, por ver cómo se resuelve.
La venden como novela negra. Para mí no es una novela negra, sino un thriller. Clarísimo. Aunque hay un empeño en autodenominarse y denominarla novela negra, no encaja en los cánones del género. Es, sin embargo, un buen thriller de los que, cuando entras en la trama, no puedes salirte.
Habla de poder y vulnerabilidad. La relación más desigual que pueda existir y que convierte en lobos precisamente a aquellos que más debieran custodiar la inocencia de quienes han tenido peores cartas en la vida.
Esto está detrás de una historia de venganza con un arranque cautivador, que después se vuelve algo espeso, pero que hacia la mitad del libro mejora bastante y nos termina regalando una lectura muy entretenida.
No tiene gran valor estilístico ni filosófico. Es una novela para leer de corrido tratando de saber qué pasó.
En la novela hay mucho de autobiografía y eso le sube el nivel. La autora ha utilizado su propia experiencia como periodista y presentadora de televisión, y también aspectos de su vida, como material literario. La obra gana muchos puntos en realismo y en creación de situaciones. Se nota especialmente en el estrés, la adrenalina y el funcionamiento interno de los estudios de televisión en directo.
Una ópera prima muy sólida dentro del thriller contemporáneo. Y conviene llamarla por su género: no porque sea mejor o peor que la novela negra, sino porque así las expectativas del lector serán más coherentes con lo que va a encontrar.
Antes de nada diré que para mí no es una novela negra, sino un thriller. Clarísimo. Aunque hay un empeño en autodenominarse y denominarla novela negra, no lo es. No encaja en los cánones del género siendo sin embargo un buen thriller de los que cuando entras en la trama no puedes salirte.
Poder y vulnerabilidad. La relación más desigual que pueda existir y que convierte en lobos precisamente a aquellos que más debieran de custodiar la inocencia de quienes han tenido peores cartas en la vida. Esto está detrás de este thriller con un arranque cautivador, que después se vuelve algo espeso, pero que hacia la mitad del libro mejora bastante y nos termina regalando una lectura muy entretenida.
No tiene gran valor estilístico ni filosófico. Es una novela para leer de corrido tratando de saber qué pasó.
En la novela hay mucho de autobiografía y eso le sube el nivel. Stephanie Rose McGovern es una reconocida periodista y presentadora de televisión británica, nacida en Middlesbrough en 1982. El co-protagonista de esta novela, Ollie, es un chico de un barrio complicado del norte de Inglaterra. La protagonista, Rose, es periodista y presentadora de televisión, como la autora. Tiene una pareja femenina y una hija, igual que ella. Su novela la firma como Steph McGovern, pero se llama Rose de segundo, como la protagonista. Sí, la autora ha usado mucho de su propia vida como material literario ¿Ventaja de esto? La obra gana muchos puntos en realismo y en creación de situaciones.
Y al llevar más de dos décadas en el periodismo televisivo y la radiodifusión, los críticos británicos destacan su capacidad para retratar con máxima fidelidad el estrés, la adrenalina y el funcionamiento interno de los estudios de televisión en directo. Puedo coincidir con esto.
Aunque es su ópera prima en la ficción narrativa, la recepción la sitúa como un debut muy sólido dentro del thriller contemporáneo. Y yo concuerdo en esto, porque dicen que su género es el thriller y no la novela negra, lo cual no es un demérito ni un mérito, sino simplemente una definición más precisa por cuanto las expectativas que puede tener un posible lector serán más coherentes si le decimos que es un thriller que si le decimos algo distinto.

