Alba despierta en un centro comercial. Sabemos que está malherida y que ha pasado la noche allí. Y con esa premisa arranca una historia que nos hará entender qué la ha llevado hasta esta situación.
A continuación asistimos a un día en la vida de Diana. Es una madre que llega tarde a la función navideña de su hija. Más tarde conocemos mejor a su hermana, la metódica Alba. Es una madre de familia numerosa. No tardamos en descubrir que es inestable, insegura, llena de temores y supersticiones. Depende emocional y funcionalmente de su madre, Carmen, a quien usa de escudero, lazarillo y asistente personal.
Las mujeres de esa familia comparten tics, TOC y manías de toda índole. Y además, les suceden cosas que tienen difícil explicación.
Mujeres con una vida completamente entregada a sus familias. Colegios, trabajos, matrimonio, casa, compras, Navidad… su familia es como un pulpo que las retiene con sus tentáculos. Absorben su tiempo, su espacio, su subjetividad. La autora nos pone delante de una exploración de los vínculos familiares cuando se vuelven tóxicos, asfixiantes, faltos de comunicación.
La autora te lleva con mucha habilidad a preguntarte: ¿por qué? ¿por qué son así? ¿Adónde va esta historia?
¿Por qué Alba no se queda jamás sola? Hay un miedo irracional a quedarse sola, a estar consigo misma cinco minutos ¿Será que estamos tan conectados que ya no sabemos desconectar? Como ves, esta novela no tiene nada de inocente, quiere que pienses.
Carmen, la madre de Alba y Diana es un personaje esencial:
«Lo que nunca se había cuestionado cuando vivía su marido la arrolló nada más enterrarlo, pero aún no se atrevía a contarlo.»
Carmen ha vivido toda la vida alrededor de su marido, siempre disponible y sin tiempo para sí. Ahora, ya viuda, vive igual para su hija Alba.
¿Síndrome del cuidador? ¿Miedo a estar consigo misma? Una fábrica de inútiles dependientes.
¿Qué esconde Carmen?
Como se ve, la autora va hilvanando un patrón, con mucho mimo, en el que el lector cae de manera progresiva en un misterio gradual y sostenido. A través de escenas divertidas, típicas, familiares, sociales, urbanas… se trenza una trama mucho más profunda.
Y es que si salir de la norma es una virtud literaria, esta novela es una obra virtuosa. Simplemente, no es la trama habitual que esperarías leer con el planteamiento de personajes y situaciones que de partida parece tener.
¿Terror? ¿Es esto una novela de terror?
Yo diría que sí. Pero no por las escenas más obvias, —con más sangre que una merienda con los Cullen— sino por un terror de fondo, inquietante, interpelante: Alba es una mujer con una vida que podríamos llamar normal: tiene un marido que la quiere, una madre que la cuida, tres hijos, una hermana, está realizada como mujer… pero no está bien.
Eso es lo aterrador. La complejidad de la experiencia humana puede hacer que tener todo lo deseable no sea suficiente.
Que las mismas personas que sustentan nuestra felicidad, pueden ser nuestro ahogo. Los hijos, nada se quiere como los hijos, pero los hijos también suponen estrés, expectativas, toneladas de gestiones, planes que no nos apetecen, responsabilidad.
Una madre protectora, que cuida, que quiere, que nos ayuda, que nos hace casi de secretaria, que es incondicional… puede ser un enorme apoyo, pero a la vez puede estar haciéndonos incompetentes.
Da miedo ver lo complejas que son las relaciones humanas. Ahí es donde encuentro yo el terror de esta novela, dicho sea también, porque lo lleva al extremo.
Peculiar
No es una novela convencional. No diremos que es una novela experimental, ni demasiado compleja, pero no estamos ante una historia lineal, con elementos siempre racionales y una narración siempre evidente. Hay que rascarse la cabeza y pensar mucho qué nos está diciendo la autora con una propuesta tan original.

Elemento preternatural
La novela introduce elementos que sobrepasan lo posible. No con un interés efectista, sino que van a conectar a las tres mujeres de forma que ese recurso de la autora, nos va a contar mucho más de lo que su mera naturaleza sugiere.
La portada de esta edición trae frases elogiosas y encomiásticas de J.A. Bayona (La sociedad de la nieve, El orfanato, etc.) y de Mariana Enríquez. No me extraña porque en algunos compases, pese a tener una voz propia, los derroteros que toma la historia me han recordado mucho a la autora argentina.

No la dejes sola

Una novela con filo
La novela no es un texto inocente que sólo busca entretener. Nada que ver.
Tiene un sentido crítico agudo y muchas veces mordaz. Por ejemplo hace una crítica muy severa a la generación de mediana edad, que abusa de los abuelos, los explota y no sabe saltar del nido y volar por cuenta propia. Y no es una crítica menor: la protagonista es el paradigma de ese defecto.
Quien lee esta novela reconocerá muchos aspectos de nuestro tiempo: la Navidad americanizada o esos televisores de pantalla plana demasiado grandes para el tamaño del salón, como si comprando un televisor más grande creásemos la ilusión de que la vivienda tiene más metros de los que tiene. Hay muchos detalles críticos como estos diseminados por toda la novela. Podrían no estar y la historia funcionaría igual, pero ahí puestos le dan una atmósfera mucho más interesante.
Subtexto
La familia es caos y amor. Si haces una novela sobre la familia, puedes escribir una sensiblería o algo aterrador. Las dos le van a encajar.
La entrega al otro, el sacrificio del yo y el sentimiento de culpa por pensar en una misma. Una reflexión sobre el equilibrio entre ser madre y seguir siendo ese yo que también se gesta en el interior, como los hijos. El balance entre el yo y el superyó.
Una novela con mucha sororidad, con capacidad para intrigarte, con escenas que producen terror y otras que producen ternura.
La familia a veces pesa, pero sin ese peso no podríamos permanecer pegados a la tierra.
Ese mensaje me deja a mí, pero apostaría a que si tú la lees, a ti te dejará uno diferente. Es más, si yo la vuelvo a leer, también yo sacaré un aprendizaje distinto. En eso sabemos que estamos ante literatura.

