De qué trata El infinito en un junco, de Irene Vallejo y por qué leerlo.

De qué trata El infinito en un junco
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El infinito en un junco es un libro que habla de libros. Un paseo por la historia del libro, desde la Biblioteca de Alejandría hasta el ebook. De Aristóteles a Zweig.

A ratos ensayo, a ratos narración, a ratos artículo y a ratos autobiografía —el capítulo 86 es sobrecogedor—. Siempre genial. Pone difícil la clasificación a los fanáticos de las taxonomías.

Es también una obra que despierta el deseo de leer muchos otros autores: a Safo, a Bernhard Schlink, La Ilíada, La Odisea, Fahrenheit 451… a través de un bello ejercicio de arqueología literaria.

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El infinito en un junco

Portada de El infinito en un junco de Irene Vallejo

Autora: Irene Vallejo

Año: 2019

Editorial: Siruela

⭐⭐⭐⭐⭐

Reseña de Álvaro Sánchez Oliveros

De qué trata El infinito en un junco

El libro es una historia del libro y de la lectura desde la Antigüedad hasta nuestros días. Pero no es una cronología seca, sino un viaje por algunos de sus momentos clave: el nacimiento y evolución de los soportes de escritura, la Gran Biblioteca de Alejandría y su mito, el papel de copistas y traductores en la supervivencia del conocimiento, la relación entre el poder y los libros —quemas, censuras, prohibiciones— o la lectura como acto íntimo, revolucionario y, a veces, peligroso.

También hay reflexiones sobre el presente digital y el futuro del libro.

Pero no pienses en una clase de historia árida con un profesor encanecido y soso. La magia de este libro está en cómo te hace viajar por todo ese recorrido.

Habla de libros, sí, pero cuelga de ese recorrido muchos temas transversales que le dan una profundidad enorme a la obra: la mujer, la sociedad ateniense, el poder, la globalización…

Un ensayo que se resiste a las etiquetas

Lo primero que debería decirte es qué tipo de libro es. Reconozco que no lo puedo aseverar con ligereza.

Es un ensayo histórico-literario, aunque con un tono muy personal y narrativo. A veces se le etiqueta como ensayo poético o narrativa de no ficción, y te diría que también le cabe.

Es erudición académica pero con un estilo accesible y casi conversacional. A alguien muy instruido en humanidades tal vez no le sorprenda por los datos, pero lo hará por el estilo. A alguien con un nivel cultural normal le enamorará por ambas facetas: lo que cuenta y cómo lo cuenta.

En realidad, el libro está montado como una reunión ordenada de artículos breves. Hay una cierta sensación de lectura fragmentaria, pero, al existir un hilo temático, temporal y estilístico, se consigue un todo perfectamente macizo.

Cómo está escrito El infinito en un junco

Tiene pasajes de una belleza literaria innegable. Me permito extraer uno que me gusta especialmente y que la autora introduce justo al hablar del pergamino, esto es, el soporte de escritura elaborado a partir de pieles de animales:

«Nuestra piel es una gran página en blanco; el cuerpo, un libro. El tiempo va escribiendo poco a poco su historia en las caras, en los brazos, en los vientres, en los sexos, en las piernas. Recién llegados al mundo, nos imprimen en la tripa una gran “O”, el ombligo. Después, van apareciendo lentamente otras letras. Las líneas de la mano. Las pecas, como puntos y aparte. Las tachaduras que dejan los médicos cuando abren la carne y luego la cosen. Con el paso de los años, las cicatrices, las arrugas, las manchas y las ramificaciones varicosas trazan las sílabas que relatan una vida.»

Cabe decir que, además de belleza expresiva y una dosis ininterrumpida de erudición asimilable, hay un humor muy fino, destilado, propio de quien ha leído mucho y no ha pateado menos. Para muestra, un botón:

«El 27 de diciembre de 2003 estuvo a punto de morir Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, cuando abrió un ejemplar-bomba de El placer, de Gabriele D’Annunzio. Como es evidente, los políticos y altos cargos que no leen están más protegidos.»

En esta línea contenida se mueve la autora. Y para que veas que no es accidental, sino intencional, te pico otro:

«Hoy nos inundan decálogos de autoayuda que ofrecen sus milagrosas listas del éxito: diez fórmulas para salvar nuestro matrimonio, para esculpir nuestro cuerpo o para convertirnos en personas altamente efectivas; diez claves para ser buenos padres, diez trucos para hacer el chuletón perfecto, diez frases brillantes para acabar un capítulo. El último, por desgracia, no lo compré.»

Prosa con filo, suelo decir yo, con más frecuencia de la que la originalidad y la riqueza léxica exigen.

Y no me la juego si te digo que también hay espacios muy poéticos en esta obra. Quien me lo quiera rebatir, pase por el capítulo que ha dado en llamarse En el principio fueron los árboles, escrito por Irene Vallejo con la autoridad y la ayuda de Machado.

Del papiro al cerebro colectivo

En el recorrido por la evolución material del libro empieza con el papiro, de origen vegetal y fabricado a partir de los juncos que crecían junto al Nilo, y avanza después hacia el pergamino.

Realiza también el interesante y científico viaje de la oralidad al alfabeto escrito, que permitió la construcción de ese cerebro colectivo cuyo cincel definitivo ha sido Internet. Pasamos de transmitir con el límite de nuestra memoria como única copia a poder hacer perdurar textos durante miles de años.

La mujer en la literatura griega, la conservación de los papiros y los retos que planteaba, la llegada del pergamino… Un recorrido que se disfruta. De Alejandría a Atenas, a Egipto, a Roma.

Un tesoro para amantes de la literatura

La obra destaca además como un catálogo de lecturas. Te llevas de ella un buen florilegio de autores, obras y anotaciones de futuras lecturas que querrás hacer a partir de lo que aquí se te cuenta. Que si La Ilíada, que si La Odisea, que si Fahrenheit 451

El infinito en un junco recorre la historia de los libros desde el paleotexto hasta nuestros días. Pero, al hacerlo, recorre la historia de la humanidad, pues es indivisible de aquella. No puede hacerse un recorrido histórico a través de la escritura sin coincidir punto por punto con grandes capítulos de la humanidad.

Al fin y al cabo, el ser humano es un ser racional —ese es su matiz—, capaz de concebir ideas complejas. Los libros son el soporte en el que se han conservado dichas ideas durante miles de años.

Por tanto, si la expresión de lo humano son las ideas y el recipiente de dichos pensamientos son los libros, estos son inseparables de la experiencia humana. Nos contienen y nos explican.

Por eso esta obra es tan interesante para cualquier lector, porque no hay sociedad que no se reconozca entre sus páginas.

Porque el libro es una extensión del ser humano. Un átomo de ese cerebro colectivo que llamamos acervo.

Y, más allá de lo conceptual, es un receptáculo de emociones, experiencias, peripecias y belleza que bien merece que se le rinda el culto devoto que esta magnífica obra le otorga.

Un libro sorpresa

De qué trata El infinito en un junco

Un libro escrito en el mundo antiguo para ser leído en el siglo XXI. Concebido entre Zaragoza, Madrid, Oxford, Cambridge, Florencia, Bolonia, Roma…

Es erudición, es historia, es literatura… pero es también un elogio de la gente sencilla. Un libro que hace contar a quienes no cuentan.

Uno llega pensando que será una secuencia de hitos y grandes momentos —están— de la historia del libro, de los acontecimientos más notables. Y sí, los recoge, pero no están en el foco.

El centro de esta obra son las personas anónimas que copiaron una obra que sin ellas se habría perdido; quienes escondieron un libro perseguido bajo una loseta de casa; quienes ocultaron una obra anatemizada dentro de otra legal que le hacía de trampantojo; mujeres que cabalgaron miles de kilómetros para llevar libros a aldeas remotas de los EE. UU.

Personas que no han trascendido, pero cuyas decisiones salvíficas hacen que nosotros hoy podamos leer a Tácito, aprender de Aristóteles, dejar plantada a Calipso aceptando nuestra mortalidad, declararnos en huelga con Lisístrata…

Y todo lo hicieron en bien de personas del futuro.

Tú y yo.

Ahora nosotros tenemos que continuar esta narración.

A esto nos llama la autora.

Para quién es El infinito en un junco

Para amantes de la historia y del saber. Para estas personas es un libro apetecible. Importante: si sabes mucho de historia del mundo antiguo, tal vez no te contará nada que no sepas. No es mi caso.

Pero también es un libro para lectores en general. No exige una formación previa ni un esfuerzo exagerado, porque está escrito de una manera suave y ágil que se sigue sin problemas.

Y, sobre todo, despierta el deseo de seguir leyendo.

Un libro fascinante que todos podemos y debemos leer por puro disfrute.

Precioso libro. Magistral mensaje.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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  • Última modificación de la entrada:agosto 24, 2026
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