Reseña de Fahrenheit 451

Fahrenheit 451 Ray Bradbury
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Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Escrita en 1953. Sello DeBolsillo de Penguin Random House.

Una novela de anticipación tan acertada que asusta. Se trata de una distopía. Esto es, el autor imagina una sociedad posible, pero que no es ideal sino dantesca.

Mi edición se puede comprar aquí.

Profética distopía escrita en 1953.

Premio Hugo 1954 a la mejor novela. Ray Bradbury ya adivinó hace 71 años la clase de imbéciles que poblaríamos el planeta en un futuro. Dio en el clavo. Gente entontecida por los dispositivos, una información encapsulada y de efecto narcótico y una censura implacable de todo lo que nos saque de la Matrix (evocando la famosa película) en que la tecnología nos ha metido.

Y claro, imaginó que los libros serían un problema. En tanto que, herramientas que fomentan el espíritu y el pensamiento crítico, no serían bienvenidas en una sociedad cuya misión era controlar y cercenar libertades.

El peso de esta novela es no haber perdido vigencia. Es más, vale más ahora que cuando apareció. Somos esos hombres y mujeres que imaginó Ray Bradbury en 1953. Duele, pero es así.

De qué trata

Sinopsis de la editorial DeBolsillo:
En un futuro sombrío y turbador, Montag forma parte de una extraña brigada de bomberos cuya misión no es sofocar incendios, sino producirlos para quemar libros. Y es que en su mundo está prohibido leer, porque lo que se quiere suprimir es la capacidad de pensar. Una vez que Montag lo comprenda, alertado por una organización secreta dedicada a memorizar volúmenes enteros, sabrá que ha llegado el momento de elegir entre la obediencia y la rebeldía.

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Es decir, que es una distopía. Un mundo en que el para idiotizar al pueblo —y hacerlo feliz en la ignorancia— se prohíben los libros. Si tienes tus libros, los bomberos van a tu casa y los queman junto con casa y demás pertenencias.

Se plantea una sociedad uniforme. Una, donde la felicidad de la población es el valor primordial y que está centrada en las pantallas. Es decir, se ha diseñado una felicidad que debe ser satisfactoria para todos por igual y se impone. En una sociedad uniforme debe imperar el pensamiento único. Toda opinión es alta traición. Los libros son, por tanto, el enemigo público número uno.

Al creer alcanzada la sociedad perfecta nos convertimos en monstruos. Nos creemos en el derecho de eliminar cualquier disidencia u opinión, porque inferimos que obligatoriamente tiene que estar equivocada.

De eso va este libro. Por cierto, esto está pasando en el mundo occidental, de manera leve, no seamos alarmistas, pero hay determinados credos que son inviolables aún cuando existen argumentos opuestos que superar.

Trasfondo

Esta novela pone los pelos de punta. En 1953, Bradbury conjeturó una sociedad futura intimidada por la inteligencia artificial —aquí un robot sabueso preparado para matar disidentes—, con individuos idiotizados por aparatejos tecnológicos que favorecen y promueven la desconexión de la realidad; y un sistema político asfixiante asentado en valores propios con los que no admite disenso alguno.

El protagonista, Montag, es riquísimo en símbolos. Para empezar es un bombero cuyo cometido no es apagar fuegos, sino perpetrarlos al dictado de este pentálogo:

«Responder rápidamente a la alarma.
Iniciar el fuego rápidamente.
Quemarlo todo.
Regresar inmediatamente al cuartel.
Permanecer alerta para otras alarmas.»

Es un símbolo. El bombero que ha subvertido la naturaleza de su actividad es exponente de una sociedad que, en lugar de humanizar, aliena, por lo tanto, también está subvertida.

Los bomberos acuden a quemar bibliotecas particulares. Son alertados de su existencia por la delación de los vecinos de sus propietarios. Este es otro rasgo de las sociedades futuras que Bradbury supo anticipar. La censura ejercida no por el Estado, sino por tu vecino. La peor posible. El ciudadano tan asimilado al credo imperante, hace innecesaria la labor policial. Él mismo la ejerce con la pasión del correligionario. Son esos censores que viven en Twitter; los policías de la mascarilla; los defensores activistas de las ideologías en boga.

De nuevo Bradbury, profético.

«Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada.»

Lo más interesante del libro es el porqué. Cómo arguye Bradbury, a través de sus personajes:

«Siempre se teme lo desconocido. Seguramente recuerdas al niño de tu clase, en la escuela, que era excepcionalmente «brillante», que recitaba y respondía mientras los demás se quedaban como ídolos de plomo, odiándolo. ¿Y no era acaso ese chico bri- llante el que elegías para las palizas y torturas fuera del aula? Claro que sí. Todos debemos ser iguales. No que todos nazcan libres e iguales, como dice la Constitución, sino que se los iguale a todos. Que cada hombre esté hecho a la imagen de todos los demás; así, todos serán felices, porque no habrá montañas que los intimiden y los humillen. ¡Eso! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Descarga el arma.»

Hay una denuncia al entontecido ser humano. Prácticamente se incide en la idea de que los libros se queman porque al ser despreciados por una mayoría estulta, los pocos intelectuales que los aprecian se vuelven una amenaza.

La oclocracia tiene que imponerse. El gobierno de la chusma. Y por eso se llega a esta sociedad distópica.

No se puede negar el parecido con nuestros días. La gente, cada vez consume mensajes más simples: tweets, reels, shorts, tiktoks… Siempre contenidos efímeros, de apenas unos segundos y de inmediato al siguiente. Dopamina constante. El cerebro sin esfuerzo, recibiendo estímulos inútiles de forma constante. Incapaces ya de leer un libro con cierta densidad.

Siguiendo con lo extrapolable a nuestro tiempo:

«-¿A la gente de color no le gusta El negrito Sambo? Quémalo. ¿A la gente blanca le incomoda La cabaña del tio Tom? Al fuego con él. ¿Alguien ha escrito un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de cigarrillos lloriquean? Quema el libro»

Recordemos: libro parido en 1953.

¿Vamos a por más? Recuerdo a una eximia ministra diciendo que los niños no son de sus padres, sino del Estado. En Fahrenheit 451, uno de sus más acérrimos garantes dice:

«La herencia genética y el ambiente son cosas curiosas. Resulta imposible deshacerse de todos los bichos raros en unos pocos años. El ambiente hogareño puede destruir gran parte de lo que se intenta lograr en la escuela. Por eso hemos ido bajando la edad de preescolar año tras año, hasta llegar ahora casi a arrebatar a los niños de la cuna.»

Afortunadamente, también hay profecías que erraron el tiro:

«¿Cómo demonios han llegado esos bombarderos a ocupar cada segundo de nuestra vida? ¿Por qué nadie desea hablar del tema? ¡Hemos declarado y ganado dos guerras atómicas desde 2022!»

De lo anterior se deduce mucho. En 1953, todavía resonaba mucho en las conciencias el eco de la Segunda Guerra Mundial y el nuevo orden aparecido tras Hiroshima y Nagasaki. Al socaire de esa experiencia, Bradbury temía una escalada bélica ya siempre con base atomica. Es llamativo que pensase que se podrían ganar dos guerras atómicas, ignoraba tal vez que no podría haber más que una y nadie quedaría en condiciones de proclamarse ganador.

Y sí, Bradbury interpretó bien la clave del mundo venidero. Íbamos a transformarnos de ciudadanos en consumidores. Y se adelantó a la figura de los influencers, poniendo a Cristo en el papel de uno de ellos:

«-Ha pasado mucho tiempo. No soy religioso. Pero ha pasado tanto tiempo…-Faber hojeó el libro deteniéndose de vez en cuando para leer. Es tan buena como la recordaba. Señor, cómo la han cambiado en nuestras «salas» en estos tiempos. Cristo es ahora uno más de la «familia». A menudos me pregunto si Dios reconocerá a su propio hijo tal como lo hemos vestido, o malvestido. Ahora es un caramelo de menta todo azúcar y sacarina cuando no está haciendo referencias veladas a ciertos productos comerciales que todo feligrés necesita imperativamente.»

Y por supuesto, es una reflexión sobre el hecho literario.

«Los libros sirven para recordarnos lo tontos e imbéciles que somos. Funcionan como la guardia pretoriana del César, susurrando mientras el desfile ruge por la avenida: Recuerda, César, que eres mortal.»

Otro elemento que plantea el autor: las relaciones humanas.

«Tengo a los niños en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes. No es completamente insoportable. Los pongo en el «salón» y conecto el televisor. Es como lavar ropa; meto la colada en la máquina y cierro la tapadera. —Mrs. Bowles rió entre dientes—. Son tan capaces de besarme como de pegarme una patada. ¡Gracias a Dios, yo también sé pegarlas!»

La búsqueda veleidosa de la felicidad por encima de todo. El placer epicúreo del yo, reduciendo las vidas a un solipsismo tan estulto como el que parecen sufrir algunos individuos que vagan por las calles, incapaces ya de despegar los ojos de su móvil.

Este es un libro de carga filosófica. Libertad, poder, censura, felicidad… Todo está plasmado y confrontado entre sí en esta novela breve.

He leído varias críticas de esta obra. Llevo tiempo tras sus pasos. Por fin la he leído. Me ha parecido una novela excelente. No es un calificativo rimbombante para decir buena. Creo que roza la excelencia. En muchas de las críticas que he leído de ella habla de la censura y de que es una denuncia a los sistemas totalitarios. No reduzcamos a eso la novela, aprovechemos su potencia. Es una novela que habla a todas las sociedades, las democráticas también. Las democracias también censuran. Cualquier sistema que tenga un sistema de creencias, se protegerá de publicaciones que atenten contra ese sistema, sea justo o injusto, monopólico o democrático.

Este libro habla, y mucho, a nuestra sociedad. ¿Estamos permitiendo el debate sobre temas sensibles o imponiendo unas opiniones con pretensión de pensamiento único?

Piensa. Seguro que en tu sociedad también descubres temas indiscutibles.

Personajes

Montag, el protagonista, representa el despertar de una conciencia. Es como Neo, el personaje central de Matrix. Un hombre que concibe un despertar consciente de lo que hay más allá de la realidad que le imponen. A partir de una serie de revelaciones, Montag va a cuestionar las coordenadas del mundo que le subyuga.

Montag en alemán es lunes. Lunes viene de Luna. La luna es lo opuesto al sol, y por tanto al fuego. Fijémonos en que Montag pertenece al cuerpo de bomberos, pero, unos bomberos que en vez de apagar incendios, los producen. El simbolismo de la pieza es notable. Cuando el personaje tiene los primeros despertares de conciencia, mira a la luna, casi como si la estuviera descubriendo en ese momento.

Los otros bomberos también aportan simbolismo. Black “negro”, Stoneman “hombre de piedra” y Beatty, de beat, “golpear”. Evocan toda la oscuridad del ser humano, el atraso de la edad de piedra y la brutalidad del castigo respectivamente. Todos esos males se presentan como antítesis de la literatura.

Las relaciones humanas sobrecogen por alusivas. Mildred, la mujer de Montag está obsesionada por comprarse una cuarta pantalla para la última pared libre de su salón. Así, podrá vivir a tope con la «Familia». Llaman así a un conjunto de actores que interaccionan siempre virtualmente con ella dando lugar a relaciones sintéticas, artificiales. ¿No es un anticipo de la sociedad actual, donde tantos seres humanos están aislados en un dormitorio relacionándose con otros a través de redes sociales siempre virtuales e incapaces ya de relaciones piel con piel?

Una vez más, el mito de la caverna de Platón. Cuando se da un despertar de la conciencia, tus iguales, que no han despertado contigo, no te van a apoyar. Es más, te van a machacar. Mildred denuncia por tenencia de libros —todo un terrorista en el contexto de esta obra— a su marido, Montag.

Clarisse es claridad. Ella es quien aporta la primera luz a Montag. Un destello que después él deberá consolidar, como el alba, que no siendo el punto más álgido del día, marca el final de la noche y principia la llegada de la luz.

Contexto

Esta novela aparece en Estados Unidos en 1953. Son los años fuertes del senador McCarthy. El macarthismo alude a una política de persecución de personas con simpatías comunistas en la América de los años cincuenta. Entendamos que está recién establecido el mundo de los dos bloques de la Guerra Fría, la amenaza nuclear… Es un mundo con miedo, sentimiento que es capaz de justificar muchas cosas.

Durante el macarthismo se perseguía a determinadas personas. En Estados Unidos, cualquier simpatizante con ideas de izquierdas era mal visto, censurado y del que se podía recelar abiertamente.

Trilogía distópica

Esta novela no forma parte de ninguna trilogía. No forma parte de ningún conjunto literario superior a sí misma. Quedando esto aclarado, sí diremos que el sentir popular considera que “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (1932); “1984” de Georges Orwell (1949) y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (1953) como la gran tríada de novelas distópicas. Yo, añado “Rebelión en la granja” siendo consciente de que es más fábula, pero considerando que sirve al mismo propósito que las tres mencionadas.

En resumen, una novela excelente. Una propuesta que tiene 71 años y que sin embargo, mantiene el tono porque la sociedad con la que soñó —un sueño de pesadilla—, se ha cumplido en bastantes de sus vaticinios. Una reflexión profunda sobre el hecho literario como opositor a las ideas imperantes. Esa guardia pretoriana que necesitan tantos dirigentes es precisamente la literatura. Al recordarles su condición efímera y pasajera, se convierte en una compañía incómoda y presta a ser eliminada.

Necesaria lectura.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. LectoraEmpedernida

    Hola, Álvaro.
    Encantada de leer tus impresiones y tu análisis de esta obra tan importante y valorada, y que yo tengo en pendientes desde hace demasiado tiempo. Tengo que leerlo, todo tan interesante… tan certero en ese futuro que preveía y que ahora es el nuestro. En fin, caerá en algún momento, ahora me quedo con tu interesante aportación que me lo ha devuelto a la mente.
    Un abrazo.

    1. Alvaro

      Gracias Magdalena. Ojalá que puedas leerlo muy pronto y me comentes qué te ha parecido.

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