
Vida del señor de Molière es una novela biográfica de Mijaíl Bulgákov sobre Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière (1622-1673). En ella, Bulgákov no se limita a relatar su vida: utiliza al dramaturgo francés para reflexionar sobre la vocación artística, la censura y la relación entre el creador y el poder.
Bulgákov escribió Vida del señor de Molière entre 1932 y 1933; la terminó el 8 de marzo de 1933. Por tanto, la escribió después de haber comenzado El maestro y Margarita, pero antes de que esta última novela estuviera terminada.
Así que la relación no es simplemente «una novela antes y otra después». Bulgákov trabajó en ambas durante un periodo parcialmente coincidente, aunque El maestro y Margarita se prolongó durante más de una década y quedó inconclusa a su muerte en 1940. Quepa decir aquí que es una de las mejores novelas que haya leído en su vida este humilde lector.
La obra —me parece a mí— es una rara oportunidad de acercarse a dos grandes de la literatura a la vez. A Molière, genio, rey del teatro francés y probablemente uno de los puntales de la Literatura Universal, de todo tiempo y lugar. También a Bulgákov, talentosísimo escritor kievita. Un maestro digno de sentarse a la mesa de los nombres más ilustres de la literatura del este.
Antes de avanzar: ¿qué es y qué no es este libro de Bulgákov? ¿Es una guía de lectura para leer a Molière? No, no es una guía de lectura. Sin embargo aporta notas contextuales muy claras e interesantes para entender con más éxito la obra de Molière. Al estar novelada, además, se pierde el tono académico que suele acompañar biografías más factuales y con menos alma, y se logra un perfil más narrativo sin caer en el exceso.
Hecho el exordio, podemos continuar.
Llama la atención el prólogo. Se titula «Mi charla con la comadrona». En ella, Bulgákov recrea una conversación ficticia entre él mismo y la partera que en su día ayudase a nacer a Molière. Enseña a la mujer que el niño que sostiene entre sus brazos es un hombre de talla invaluable, orgullo de Francia. Ante el pasmo hipotético de la mujer, le explica su inmortalidad a través de los siglos, los ecos de su hacer más allá de las fronteras, leídos en Gógol, Pushkin, Griboiédov… y le dice que ese vulgar niño Poquelín que tiene en sus manos como a uno más, es Molière: «¡el rey del teatro francés!»
Y de esa forma tan original, Bulgákov utiliza no más de tres páginas para contarte lo más importante de esta biografía novelada que propone: Molière. El protagonista lo es todo. Podía haber escrito un exordio de más mérito académico, de más erudición o de más realce literario, pero de haberlo hecho no distaría en nada de cualquier tesis doctoral, de cualquier estudio pomposo sobre el autor francés. El genio siempre elige un ángulo nuevo, uno desde el que nadie ha mirado antes.
Quizá esa es la mejor explicación que puedo dar de este libro: un genio contando la vida de otro.
Porque la vida de Molière tiene todo el interés, pero si quien te la cuenta es Bulgákov, cualquier historia es aun mejor. Y nada más que por eso ya deberías leer este libro.
Arco vital
La obra abarca la trayectoria de Molière desde su nacimiento y juventud hasta su muerte, pasando por: su rechazo del oficio familiar de tapicero real, su fascinación por el teatro popular y la commedia dell’arte, la fundación de su compañía, el Illustre Théâtre, los años de pobreza, viajes y fracasos, su progresivo descubrimiento de la comedia como verdadera vocación, el enfrentamiento con la Iglesia y los sectores conservadores la protección de Luis XIV y el triunfo de su compañía en la corte, la representación final de El enfermo imaginario, tras la cual moriría…
Bulgákov presenta a Molière como un auténtico hombre de teatro: actor, autor, director y empresario. El dramaturgo no aparece encerrado en la literatura, sino luchando diariamente por mantener viva una compañía y conquistar a un público.
Una biografía novelada
La obra pertenece al género de la novela biográfica. Bulgákov combina datos históricos con escenas imaginadas, diálogos y comentarios del narrador. El comienzo resulta especialmente significativo: el nacimiento de Molière se narra mediante una conversación ficticia con la comadrona, como si la propia vida del dramaturgo comenzara ya convertida en representación teatral.
Esta mezcla de documentación y libertad narrativa permite a Bulgákov acercarse a la verdad humana del personaje, aunque no siempre reproduzca los hechos con el rigor de una biografía académica. El narrador incluso advierte en ocasiones cuándo está especulando.
¿Incesto?
Sobre Molière pesó mucho una acusación que sus haters sacaban a relucir siempre que los vaivenes de la popularidad pintaban bastos para el dramaturgo: el incesto. Le acusaban de haberse casado con su propia hija, Armande, de la cual nunca trascendió el nombre del verdadero padre, pero eran muchas las conjeturas sobre la temporada que compartió en cierto año con la que luego sería su suegra.
A mayor alimento de su hoguera, Molière consumó aquel matrimonio siendo a un tiempo —según decir de sus críticos más airados— padre y abuelo de los mismos críos.
Esta insidia siempre emergía cuando los detractores querían atizarlo. Bulgákov, expone con suma claridad las pruebas de esa sospecha hasta convertirlas en duda razonable, pero acto seguido nos declara a todos incapaces de emitir un juicio por falta de pruebas.
Asoma la duda e invoca a la prudencia. Si Bulgákov se ve reflejado en Molière por sus padecimientos con los poderes de su tiempo, respecto de este asunto moral sí parece marcar muy bien las distancias.
Molière y Bulgákov: por qué elige a Molière
Me he preguntado ¿por qué eligió a Molière? y he estado investigando. Los motivos que he encontrado son:
1. Porque se reconocía en él
Molière era mucho más que un autor teatral: era actor, director, empresario y hombre de escena. Bulgákov también estaba profundamente unido al teatro y había padecido las dificultades de estrenar y publicar bajo un sistema de censura. La vida de Molière le permitía hablar, indirectamente, de su propia condición de escritor.
2. Por el conflicto entre arte y poder
Molière dependió de la protección de Luis XIV, pero esa protección tenía un precio. El rey podía favorecerlo y, al mismo tiempo, tolerar o impedir sus obras. Bulgákov encontró ahí un paralelismo evidente con su propia relación con Stalin: un autor reconocido por su talento, pero sometido a la vigilancia del poder político. La obra forma parte de la reflexión de Bulgákov sobre la relación entre el artista y la autoridad.
3. Por la censura y la hipocresía
Molière tuvo problemas con obras como Tartufo, considerada ofensiva por los sectores religiosos y conservadores. Bulgákov había experimentado una situación semejante: sus obras eran acusadas de ser inconvenientes, pesimistas o ideológicamente sospechosas. La hipocresía de los censores y de los defensores oficiales de la moral podía trasladarse fácilmente de la Francia del siglo XVII a la Unión Soviética de los años treinta.
4. Para defender al individuo creador
La biografía fue encargada para la colección soviética Vidas de hombres ilustres, pero Bulgákov no presentó a Molière como un simple producto de su clase social o de las circunstancias históricas. Lo presentó como un individuo excepcional, con una vocación y una personalidad propias. Esa visión —centrada en el genio creador y no en la doctrina marxista— resultó problemática para los responsables editoriales.
El paralelismo entre ambos autores constituye el núcleo más interesante del libro. Molière tuvo que enfrentarse a la censura religiosa y a las conveniencias de la corte de Luis XIV; Bulgákov sufrió, siglos después, la censura y el control artístico del régimen soviético.
Por eso, al contar la vida de Molière, Bulgákov se está interpretando también a sí mismo en muchas notas de la partitura.
La corte protege al artista, pero esa protección nunca es completamente desinteresada. Molière necesita el favor del rey para sobrevivir, aunque su teatro puede incomodar a la Iglesia, a los devotos hipócritas y a los grupos sociales que se reconocen en sus sátiras. La libertad del creador aparece así siempre amenazada por quienes financian, juzgan o censuran el arte.
Un Molière que yo no conocía
No sabía que Molière ideó a su avaro Harpagon inspirándose en las artes prestamistas de su propio padre. No sabía yo que se crió en una casa no lejos del Pont Neuf, cuya fachada de guiños ornamentales le había dado argumentos a la pira incendiaria de sus haters.
Ignoraba que el buen autor pasó las de Caín embarcado en empresas teatrales de poco éxito. Las deudas de tan aciagos intentos lo llevaron incluso a la cárcel. No se andaban con melindres ante los impagos en aquel entonces.
No sabía que su padre casi lo echó de casa al asentarse que su primogénito no se dedicaría a una profesión tradicional o de arraigo familiar. Menos aún sabía que su padre, a pesar de sus desavenencias, le sacó las castañas del fuego más de una y de dos veces.
Por supuesto no conocía la losa de incesto que pesaba sobre él, ni el infeliz matrimonio que siguió a ese derrotero.
Temas principales
El teatro como vocación
Molière abandona una vida segura para dedicarse a un oficio incierto. El teatro no es presentado como un simple entretenimiento, sino como una forma de existencia que exige sacrificio, disciplina y entrega absoluta.
La libertad artística
El dramaturgo desea escribir y representar lo que observa en la sociedad, pero cada obra puede provocar escándalo. Tartufo, por ejemplo, simboliza el conflicto entre la crítica a la hipocresía religiosa y la defensa de las instituciones que se sienten atacadas.
El artista frente al poder
Luis XIV ofrece protección y prestigio, pero también establece los límites de lo tolerable. Molière triunfa gracias a la corte y, al mismo tiempo, debe desenvolverse con cautela dentro de ella.
La comedia como forma de verdad
Molière descubre que el público se interesa más por los momentos cómicos que por sus ambiciones iniciales de escribir tragedias. La risa se convierte en una herramienta crítica: permite mostrar la vanidad, la avaricia, la impostura y el autoengaño.
Valoración
La novela destaca por su tono vivo, irónico y teatral. Bulgákov evita convertir a Molière en una estatua literaria y lo muestra como un hombre vulnerable, ambicioso, enfermo, enamorado del escenario y sometido a las dificultades materiales de su profesión.
Puede leerse, en definitiva, como una biografía de Molière, pero también como una novela sobre la libertad del escritor. El destino del dramaturgo francés sirve a Bulgákov para expresar una convicción profundamente personal: el poder puede conceder honores al artista, pero nunca deja de intentar controlar su voz.
Y por lo que respecta a la edición —gran catálogo por cierto el de Montesinos—, se deberían poner más serios con la corrección ortotipográfica porque presenta un número elevado de erratas, no pocas de ellas bastante gruesas para un libro que debería ameritar el precio que pedirá a sus lectores. 18 €.
Esto es lo que separa a una editorial como esta, de pretensiones que van más allá del bestseller, de otras como Alba, Alma, Impedimenta, Nórdica o Acantilado.
Mi impresión tras leer esta obra de Bulgákov es que hay dos razones poderosas para leerla: una es descubrir la vida de un genio literario como Molière y entender mucho mejor piezas que son historia de la literatura por derecho propio. La otra es disfrutar de un Bulgákov en un registro diferente. Hay pasajes como el diálogo con la partera o el de la muerte de Molière que verdaderamente merece la pena leer por cómo están escritas.
No es la mejor biografía novelada que he leído —porque se hacen repetitivos algunos pasajes— pero desde luego sí es medianamente interesante y además está muy bien escrita.
Sobre cinco, le doy un cuatro. En realidad es un tres, que es el baremo que hago corresponder a aquellos libros que me han parecido una buena lectura y poco más, pero le elevo al siguiente escalón por la impecable factura de sus maneras.

