
¿Cómo construimos el recuerdo de nuestros padres: desde sus aciertos o desde sus errores? ¿Hasta qué punto podemos descargar nuestro fracaso en su influencia y en qué momento hemos de empezar a responsabilizarnos de nuestra realidad? ¿Es posible amar a quien tenemos mucho que perdonar?
Estas preguntas atraviesan Cuando seas feliz, dispara tú primero, la nueva novela de Tatiana Ţîbuleac. La autora moldava, nacida en Chisináu en 1978, vuelve tras el rotundo éxito de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (2016), aquella historia de un hijo que acompañaba el último verano de su madre. Ahora el foco se invierte: una hija y su padre. Las expectativas son altas, y eso siempre es un arma de doble filo.
Antes de seguir, una declaración clara: es una novela magnífica. Muy literaria y, al mismo tiempo, se bebe como el agua. Las páginas pasan con un efecto amnésico; te olvidas del reloj, del móvil y de todo lo que no sea el relato. Tîbuleac ha aprendido algo de Kaspirovski para embrujar el texto.
Decía Zweig que la gran literatura, para él no era tal, si el ritmo de lectura no era dinámico. Aspiraba a un todo: tener profundidad y fluir sin dificultad. Bueno, esta novela, en muchas fases de su lectura, lo logra.
Mila calza cincuenta años y nos habla en primera persona. La conocemos mientras se desintoxica del alcohol. «El problema es que yo no tengo nada que volver a ser», dice. De inmediato aflora el origen: se crió al lado de un padre borracho. Acude a un psicólogo que parece poco capaz, pero es él quien formula la frase central de la novela: «En la raíz de toda adicción, hay un trauma». Descubrir cuál es el de Mila constituye el verdadero viaje al que nos invita la autora.
Ese trauma, como casi todos, empieza en el pasado. Mila es hija de un matrimonio sin amor y se cría en una de aquellas viviendas soviéticas sin cocina, baño ni intimidad propias. Su madre muere cuando ella es todavía muy niña. El padre es afectuoso a su manera, pero también un borracho pertinaz y un periodista mucho más interesado en su profesión que en su familia. La Mila del presente —casi cien kilos, cuidando a una pareja de ancianos en París, añorando un hombre y arrastrando la sensación permanente del emigrante— tiene mucho pasado y muy poco futuro. Fue niña en Chisináu; trabajó un año en la Asociación de Prensa Francesa y ya no. En ese presente reaparece también Malik, otro niño medio abandonado con el que creció. No entremos en más detalles: caeríamos en el pecado del spoiler.
Una vida se construye por acumulación, como una bufanda a la que se van añadiendo puntadas. Y en todas las hebras que teje Tîbuleac se reconoce el color propio de la vida disfuncional. Aunque no se trata de una novela social ni política, bajo el relato late la experiencia del desmantelamiento soviético: aquellos países que debían reinventar su destino y su identidad mientras el gigante demostraba tener los pies de barro. Ese contexto no es decorado; a veces pasa a primer plano con una fuerza que no se puede ignorar, y de vez en cuando asoma incluso la sombra de la guerra de Ucrania.
La propia autora ha declarado que este es, en muchos sentidos, su libro más personal, aunque «no es mi historia». Bueno, decía Nietzsche que «el arte es siempre una confesión» y Onetti explicaba esta cita del filósofo alemán diciendo que «cualquier obra artística (…) está revelando al autor aunque no lo quiera el autor». Y con esto me quedo como mejor explicación de esta novela, con la autoridad de Nietzsche y Onetti, que no es poca cosa.
Mila es de Chisináu, ronda los cincuenta y trabajó como periodista: coincidencias evidentes. El padre de Ţîbuleac también era periodista y es quien inspira esta novela, mitad reproche, mitad perdón, como una carta de amor escrita con tinta triste. No importa hasta dónde llega la fidelidad autobiográfica. Lo que importa es el conflicto que la narradora —y tal vez la autora— sostiene con el recuerdo del padre.
Ese padre ausente y negligente, del que conocemos tantos desatinos, aparece siempre filtrado por la mirada de Mila: una capa misericordiosa de admiración, cariño y añoranza inmerecida. Era un hombre obsesionado con la literatura. Hacía escribir a su hija cada día para corregirle el estilo al final de la jornada. Si esto ocurrió también en la vida real de Ţîbuleac, redujo la relación paternofilial a la de redactor y redactor jefe. Y, en ese caso, sería responsable directo de una de las grandes escritoras europeas contemporáneas. Pero ¿a qué precio?
«A casa venía sólo a lavar las camisas y a preguntarme qué había leído.»
No hay visión plana. Pese a los muchos motivos para el rechazo, la autora introduce detalles de ternura, recuerdos gratos, influencias positivas que ayudan a explicar a la escritora que es hoy. No existe esa lectura maniquea y rápida que parecen exigir los tiempos polarizados. El personaje resulta real precisamente porque es contradictorio: incapaz de cuidar de su hija, de mostrarle un lado genuinamente paternal, y sin embargo capaz de dedicar atenciones infinitas a más de cien plantas que cultivaba en su despacho a partir de hojitas, raíces, injertos y plantones.
Ahí está el núcleo. ¿Lo adora o lo culpa? ¿Las dos cosas a la vez?
«Casi siempre lo echo de menos como es debido, como he leído en los libros que hay que echar de menos a un padre muerto. Fue un hombre bueno, me digo, un verdadero intelectual, de esos que no nacen hoy en día, que vivió, murió y fue enterrado con un puñado de principios en el pecho, tan elevados que costó cerrar la tapa del féretro. Otras veces, sin embargo, echo de menos al hombre sencillo, sin los principios y todo eso, y entonces grito.»

Tatiana Țîbuleac
Periodista y escritora moldavo-rumana afincada en París, considerada una de las voces más potentes y singulares de la literatura europea contemporánea. Tras una consolidada carrera periodística en prensa y televisión, dio el salto a la narrativa de ficción, abordando las grietas de las relaciones familiares, el trauma, la maternidad y la memoria.
- Lirismo visceral: Prosa poética impregnada de belleza y brutalidad visual.
- Exploración del dolor: Profundización en los aspectos más oscuros del ser humano y los vínculos afectivos complejos.
- Identidad y frontera: Reflejo de la complejidad cultural de Europa del Este y los márgenes sociales.
El resultado de esa paternidad es Mila: una mujer que se arrastra, que se deja pisar por empleadores y por Malik. Porque si de niña te postergaron, si te pusieron siempre detrás del trabajo, de los amigos y del ocio, terminas entendiendo que no vales nada. Y lo demás es consecuencia lógica.
Estructuralmente la novela no propone una lectura lineal ni fácil. Los personajes aparecen sin presentarse, como los recuerdos. Es un flujo continuo entre pasado y presente: ahora Mila es una niña apocada en Moldavia, ahora una borracha de cincuenta años en París. Exige cierta alerta, pero Tîbuleac lo maneja con una sobriedad admirable. Quienes busquen un planteamiento más aristotélico y clásico encontrarán aquí un ritmo distinto.
La edición llega en cartoné con guardas amarillas y barniz UV en la portada. La traducción de Marian Ochoa de Eribe es excelente y se acompaña de notas a pie de página que esclarecen elementos de la cultura e historia moldavas sin los cuales la lectura perdería densidad.
Si te gustó El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, déjame decirte una cosa: este es incluso mejor. Porque no se limita a contar una historia de daño. Obliga a sostener, al mismo tiempo, el amor y el reproche, la admiración y la herida. Y deja abiertas, sin respuesta definitiva, las tres preguntas con las que te asalté al comienzo de esta reseña.
Tatiana Țîbuleac
Línea de tiempo de sus obras publicadas
- 2014
Fabule moderne
Título original: Fabule moderne
Su primer libro, una colección de 60 relatos breves que abordan la emigración, la vulnerabilidad humana y las historias cotidianas con un estilo directo y conmovedor.
- 2016
El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Título original: Vara în care mama a avut ochii verzi
Novela aclamada que narra la compleja relación entre Aleksy, un joven con problemas emocionales, y su madre moribunda durante unas vacaciones en Francia. Una exploración lírica y visceral del resentimiento, el perdón y el dolor.
Reconocimientos: Premio Cálamo Libro del Año 2019 (España) y gran éxito de crítica internacional.
- 2018
El jardín de vidrio
Título original: Grădina de sticlă
Sigue la vida de Lastochka, una niña huérfana rescatada en Chisináu durante la época soviética para recolectar botellas de vidrio. Aborda temas de identidad, pertenencia y lenguaje en un entorno fronterizo y convulso.
Reconocimientos: Premio de Literatura de la Unión Europea (EUPL) 2019.
- 2024
Cuando seas feliz, golpea tú primero
Título original: Când vei fi fericit, lovește tu primul
Tercera novela que profundiza en la narrativa de las grietas familiares, centrándose esta vez en la figura paterna, las ausencias, la violencia cotidiana y el instinto de autoprotección frente al dolor.

