He aquí una novela con personalidad. Una que se lee del revés, como una comida que empieza por el postre y termina con el vermú y el cuenco de aceitunas.
Una novela que te impone su propio ritmo. El lector —es humano— quiere saber cuánto antes qué es esto que está leyendo; cómo han llegado estos personajes a la situación que me presentan. Nuestro cerebro funciona así. Quiere controlar la situación y vive mal si se nota perdido. Pero si apresura el paso esta novela le hará trastabillar y caer. Tendrá que volver atrás, calmar su cerebro e invitarlo a pasar una vez más por todas las líneas que leyó con prisa. Entonces, en ese esfuerzo, empieza a ver matices, significados que no estaban en la superficie… comienza a entender lo que tiene delante. Y su cerebro se serena. Acepta que la pausa es el ritmo, que algunas carnes deliciosas tienen que masticarse durante más tiempo para poder tragarse. Y ahí es donde esta novela fluye y te cuenta lo que quiere contar, y te insinúa lo que te quiere insinuar, y te deja a tu intuición lo que quieras contarte tú.
Es uno de esos cuadros cuyos trazos se pierden en el punto de fuga para que el espectador los una según le dicte su mirada, de manera que ya no hay un cuadro sino tantos como personas lo quieran completar.
- Claros de luz
- Iris Wolff.
- (2024)
- Edición de AdN 2025.
- Traducción directa del alemán Belén Santana 2025.
Supe que su vida se contaría al revés, porque así es como las personas nos conocemos en la vida “real”.
Premisa
Lev y Kato a bordo de un ferri. Así comienza la novela. Kato comunica a Lev que se va con él. Ignoramos donde. El capítulo se llama Nueve.
El siguiente se llama Ocho, el siguiente Siete y así avanza en secuencia. La historia avanza como el cangrejo, desde el presente hasta el pasado. Conoces el estado actual, el presente narrativo de los protagonistas, y la novela viaja hacia atrás para explicarte cómo han llegado hasta ahí.
Lev ha llegado a Zúrich. Se nos alcanza por la descripción de los tranvías blanquiazules. Pronto notamos —Iris Wolff muestra no cuenta— que Lev es un chico poco desenvuelto en la ciudad, que lo supera en la algarabía de las calles, el caos de una estación de trenes o la insondable complicación de una puñetera máquina de billetes de tranvía.
Ha ido a encontrarse con Kato. Llevan cinco años sin verse. Son aceite y agua. Kato es resolutiva, urbanita, fuerte y determinada. Lev no. Lev es bastante distinto: es timorato, apocado… opuesto y complementario.
Tal vez estés pensando: vale y quiénes son estos dos.
La novela «Claros de luz» narra la historia de Lev y Kato, que comienza en su infancia en la Rumanía comunista.
Cuando Lev tenía once años y estaba enfermo en cama, Kato, una compañera de clase brillante pero marginada, comienza a llevarle las tareas escolares. A partir de estos encuentros, forjan una amistad profunda e inquebrantable que se convierte en un refugio vital para ambos en un país multiétnico y complejo.
La historia salta entonces «media vida después». Lev sigue viviendo en los mismos lugares de su infancia, mientras que Kato emigró hace años hacia Europa Occidental. Su único contacto son las postales ilustradas que ella le envía desde diferentes ciudades. Todo cambia cuando Lev recibe una postal desde Zúrich que contiene un breve y crucial mensaje: «¿Cuándo vienes?». Esta simple pregunta forza a Lev a confrontar su pasado y reabre la posibilidad de un reencuentro.

La autora, Iris Wolff, construye la narración de manera inversa, yendo del presente hacia los años sesenta, capturando con gran lirismo el instante preciso en el que dos destinos se entrelazan. Se presenta como una novela que explora Europa desde sus márgenes, centrándose en la huella perdurable de un primer amor y en las conexiones que trascienden el tiempo y la distancia.
No es una historia para que el lector se pregunte qué pasará, sino cómo hemos llegado hasta aquí.
¿Y por qué se cuenta así esta novela? ¿No es un poco más difícil hacer ese camino al revés?
Para entender esto hay que conocer a la autora.
La autora
Iris Wolff es una escritora alemana. Wolff nació en Sibiu (Hermannstadt), una ciudad en la región de Transilvania de lo que entonces era la República Socialista de Rumania. Como parte de la comunidad sajona de Transilvania, —el asentamiento alemán— y es hija de un pastor luterano. Creció en Sibiu y en Semlac, en el condado de Arad.
Es decir, nació en Rumania (o no), en el seno de una familia de origen alemán. Su familia se mudó a Alemania cuando ella tenía ocho años. Wolff estudió literatura y filosofía, y comenzó a escribir novelas que exploran temas como la migración, la identidad y la conexión humana.
Entre sus obras destacan «Claros de luz» (título original en alemán: «Lichtungen»), que recibió el premio Uwe-Johnson-Preis y fue seleccionada para el Deutscher Buchpreis, y “La sfocatura del mondo», publicada en Italia en 2021. También ha escrito «Blurred», su cuarta novela, que será publicada en inglés en 2025.
Wolff ha recibido varios premios literarios, incluyendo el Eichendorff-Literaturpreis, el Marieluise-Fleißer-Preis y el Solothurner Literaturpreis. Su escritura se caracteriza por su lirismo y su capacidad para capturar la complejidad de las relaciones humanas.
Sus personajes en esta novela tienen algo de ella misma. Rumanos de familia alemana que se han quedado en el país tras la caída del régimen soviético y que son una minoría étnica.
¿Por qué ha contado así la historia?
Iris Wolff ha querido que conozcas a Lev. Pero ha querido que lo hagas como si él mismo te hubiera contado su trayectoria vital. Para conseguir ese efecto, ha imitado la manera en que conocemos a las personas y su historia: a base de memoria y a base de identidad. Cuál es mi historia y quién soy.
Lo mejor de esta edición es una carta de Iris Wolff al lector español.
Aquí nos explica dos factores que son esenciales para entender de qué quiere hablar la autora: memoria e identidad. Si lo pongo es sus palabras me aseguro de utilizar las mejores y de que el lector entiende por qué esta novela se escribe a contrapié:
En esta novela, la vida de Lev se cuenta en forma de pequeñas islas habitadas por el recuerdo. Los recuerdos me fascinan. No tienen continuidad, nuestra memoria es episódica; muchas de nuestras vivencias, en realidad la mayoría, desaparecen. Lo que queda son los acontecimientos y las experiencias que nos conforman y nos marcan. Lo mismo ocurre cuando uno lee: es como recorrer un bosque e ir encontrando distintos claros que nos sorprenden, en cuya linde habita otro sonido, otra luz, y queda, por tanto, espacio para lo desconocido, para lo secreto.
Se cuenta como si tú mismo/a, lector, estuvieras conociendo en persona a Lev. No lo conocerías en orden cronológico sino que lo abordarías en el presente y él te contaría su historia por secuencias, con saltos temporales y probablemente hacia atrás.
Ya hemos resuelto el tema memoria. Por ser como es y funcionar como funciona, así es y funciona esta novela. A imitación de la memoria.
Ahora vamos al tema identitario.
¿Qué determina nuestra identidad? La familia, la sociedad, la política, las ideas, la música, los libros. Pero también el paisaje y su luz, sus sonidos y sus olores. Mi familia emigró de Rumanía a Alemania en 1985, pero esa pista de sonido se me quedó grabada para siempre. Mis antepasados vivieron durante siglos en esa fascinante región colindante con los Cárpatos que hoy conocemos como Transilvania y que, después de la Primera Guerra Mundial, fue adjudicada a Rumanía. La emigración que tuvo lugar durante el régimen comunista y la posterior caída del telón de acero pusieron el punto final a una historia de más de ochocientos años.
La identidad de una persona está ligada a factores externos. El lugar en el que vives condiciona cómo es tu vida en determinados aspectos.
Lev y la autora comparten su origen en ese difícil córner entre Rumania, Alemania, Hungría… Hay mucho de la autora en esta novela. Es más, la autora conocía a Lev…
«Conocí a Lev de niño, cuando estaba postrado en una cama debido a un accidente que lo dejó parapléjico, sin poder mover las piernas.»
Es una novela que suena muy real, porque lo es. Una autora que le imprime una voz muy auténtica, porque ha vivido lo que cuenta.
Reflexiones. Significados en el subtexto de la novela.
La novela indaga en la identidad. ¿Cómo se construye la identidad de una persona? ¿Hacia delante, en salida, o hacia atrás, regresando a lo que hemos sido? ¿Será una combinación de ambas?
Kato deja la Rumanía en que creció. Lev no. Kato ha salido en busca de una forma distinta, diferentes posibilidades, una vida consuetudinaria y de albedrío. Lev se mantiene en el mismo sitio, con la misma gente y la misma situación.
Podrá pensarse que Kato es el éxito y Lev el fracaso del inmovilismo. Pero, ¿es esto así? ¿Es Kato más feliz que Lev?
Las personas viven tratando de resolver una cuestión básica: ¿quién soy yo? Esta novela plante una pregunta: ¿soy lo que yo decida ser y el camino que yo recorra o en qué medida soy aquello que heredé y condicionó mi vida, es decir, mi país, mi infancia, mi época? ¿Mi identidad la defino yo o viene condicionada por lo externo?
«entonces comprendió que el mundo que en su día ella abandonó no había cambiado y tampoco podía hacerlo, puesto que también Kato buscaba seguridad en lo que una vez fue»
Kato es un personaje que nos permite pensar mucho en este erotema.
Si te gustan los libros que respetan al lector, que lo tratan como alguien inteligente y no se lo dan todo masticado… este es tu libro.
Es un libro que no teme hablar de política. Sus personajes viven bajo el yugo de Ceaucescu, que no era precisamente un ser angelical.
En boca de sus personajes se leen cansados análisis políticos. Ciudadanos desencantados ya de tanta ideología y regímenes fallidos. De tanto empobrecimiento, de tanto fracaso y tanta corrupción:
Es como ha sido siempre —dijo—. Como un teatro donde se representa una sola obra, pero la gente no se cansa de verla. Acuden a la función, sufren, atienden esperanzados y aplauden en el mismo instante en el que, por muy poco, se logra evitar la gran catástrofe.
Se recrean momentos históricos relevantes en Rumanía. Por ejemplo la catástrofe de Chernóbil. El régimen soviético la silenció durante días. La ocultó de forma deliberada a un pueblo que supo de ella por las emisoras de la Europa libre que clandestinamente escuchaban.
Cantantes como Maria Tãnase, prohibida por el régimen y venerada por el pueblo. Se muestra un país en el que no querríamos vivir.
Hay que entender que la novela abarca bastante tiempo. Los personajes empiezan en la Europa post soviética y al avanzar la novela —hacia atrás en el tiempo— te sumerge poco a poco en la Rumanía de Ceaucescu.
Dos mundos
Lev llega a Zúrich. En ese momento no sólo se encuentran los dos protagonistas sino dos mundos. La empobrecida Rumanía acaba de llegar a la suave y disimulada opulencia suiza.
Vemos a Lev desbordado:
«Lev prefirió no calcular el importe en leus, era demasiado deprimente»
El leu es la divisa rumana.
Queda impresionado por la madera de un simple mostrador.
En general, Wolff repite este patrón en la novela. Contraste y contrapeso.
Frases
«Soy un signo del viaje. Inmóvil.» A cada capítulo lo antecede una frase en un idioma diverso como la que pongo (escrita en polaco en el libro), que abre el segundo capítulo. Es interesante tomarlas en consideración para abordar los capítulos con una idea de lo que tal vez Iris Wolff quiere contar en el subtexto.
Otra dice: «Que te dé salud, no dolor» escrita en romaní.
Inmersión cultural
El lector se vincula con la cultura del terreno narrativo. Expresiones como haciendo sopa de campanas (que quiere decir que todos algún día moriremos y las campanas doblarán por cada uno de nosotros). También tienen otra expresión idéntica a una española: “más se perdió en Mohács” que equivale palabra por palabra a nuestro “más se perdió en Cuba”.
Acompañamos a los personajes a una misa ortodoxa. Es más, Lev en su condición étnica de madre alemana y padre rumano, está bautizado por el rito evangélico, pero su abuela lo lleva al culto ortodoxo. Así que Lev es un protestante que comulga, o un ortodoxo poco ortodoxo. Es decir, está en tierra de nadie.
El contexto cultural se utiliza aquí muy hábilmente por parte de la autora. Es un paralelo que le permite contar esa extraña posición de los sajones transilvanos tras la caída soviética. En un limbo terrenal.
Esta comunidad, descendiente de colonos germanos que llegaron a la región en el siglo XII bajo el Reino de Hungría, había sufrido décadas de represión bajo el comunismo, pero el colapso del régimen abrió las fronteras y desencadenó una emigración masiva. Este contexto transcurre o se alude de forma constante en la novela. Es conveniente conocerlo un poco antes de leer la novela. No es necesario convertirnos en tratadistas de la materia, pero sí al menos conocer de qué va.
Se menciona el hecho de la catástrofe de Chernóbil. No es que sea un tema principal de la novela, pero tampoco es baladí su presencia. Aparece en bastantes compases del relato.
Con los personajes comemos paprikash, rollitos de amapola y café con nata. Das vueltas alrededor de la caja del muerto en un funeral… estás inmerso en la cultura profunda de aquel lugar. Y es muy interesante.
Traducción
La traducción transmite una prosa agradable. A mí me ha resultado muy legible y muy natural en el volcado al español.
A salvo de lo dicho y sin menoscabo de ello, he anotado alguna observación menor que yo me he hecho a raíz de mi lectura.
Encuentro una frase en la página 21 que dice así:
“El día que hablaron por teléfono para acordar el lugar y la hora no era el momento oportuno para preguntárselo.”
Está muy extendido este uso para la oración relativa de tiempo. Sin embargo, aconseja la RAE utilizar la preposición “en”. De modo que tendríamos:
“El día en que hablaron por teléfono…”
Estilo
El estilo está muy cuidado. Es muy coherente. Hace uso de unas metáforas por momentos brillantes, y domina el lenguaje figurado con mucha solvencia. El resultado es una novela muy aseada y con una calidad percibida notable.
Sabe llevarnos a través de una buena ambientación. La descripción sensorial parece muy valiosa para Iris Wolff, si atendemos a lo mucho que la cuida:
«El aroma a lavanda, el ruido del agua mientras se llenaba la bañera; el rostro de Matthis, su cuerpo sin vida que pasaba a ser otro cuerpo, otro rostro.»


