Vidas curvas ¿Y si Penélope se cansa de esperar a Ulises? 

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Vidas curvas me ha parecido una Odisea moderna con el foco puesto en Penélope.

Marta y Javier son pareja. Jose es el hermano de Javier. Marta adora a Javier y aborrece a su cuñado, el díscolo Jose. Javier, en el primer capítulo, tiene un accidente que lo deja en coma. Esto pone en pausa indefinida la vida de Marta. Jose está ahí, la desgracia los acerca… y surge algo nuevo entre ellos. Algo que desafía la moral y es a la vez expuesto magistralmente como inevitable por la pluma del autor, García Palmero. Y una pregunta te va a rondar todo el tiempo: lo normal es que Javier acabe muriendo de una forma solitaria, cruel y triste, pero ¿qué pasaría si vuelve a despertar?

No vas a juzgar a los personajes, los vas a acompañar en un recorrido psicológico en el que se cruzarán no pocas preguntas. No todas deben responderse binariamente; esta novela carece del maniqueísmo tan recalcitrante como presente en buena parte de la producción editorial actual.

He encontrado una novela que me ha gustado mucho. He acompañado a sus personajes a través de una de esas encrucijadas en que la vida nos sitúa cuando se pone cabrona. Es un paseo por Salamanca mientras reflexionas sobre la vida y muchas de sus grandes cuestiones. Te acompaña una banda sonora variada y siempre elegante, como la prosa y como la historia que nos cuenta. Pero, sobre todo, es una revisión de La Odisea de Homero, leída ahora con foco en Penélope, no en Ulises. Déjame explicártelo:

Javier es un Ulises que no encuentra el camino de vuelta a casa. Marta es una Penélope que se ha cansado de esperar. Una reivindicación de una vida fugaz que no espera a nadie.

Cuando la lealtad y el deseo toman caminos distintos

La situación de partida es de una crueldad difícil de exagerar. Marta tiene una vida de pareja estable y feliz que queda suspendida de un día para otro. Javier está vivo, pero no puede compartir con ella esa vida. Y Jose, a quien hasta entonces había mirado desde la distancia y el prejuicio, empieza a ocupar un lugar que ninguno de los dos había previsto.

García Palmero no precipita ese acercamiento. La desgracia los lleva a compartir tiempo, conversaciones y recuerdos. Se cuentan cosas de su pasado, se conocen más allá del retrato superficial que mutuamente se habían trazado y encuentran en el otro cierto consuelo. Lo que aparece entre ellos no se presenta como un simple arrebato, sino como algo que va adquiriendo una dimensión afectiva y que, precisamente por eso, resulta mucho más difícil de resolver.

Ahí la novela plantea sus preguntas más interesantes. ¿Qué significa ser leal? ¿Puede exigirse a alguien que suspenda indefinidamente su propia vida? ¿Dónde termina el compromiso, la lealtad y dónde empieza el derecho individual a buscar la felicidad? ¿Y qué ocurre cuando una decisión que parece necesaria para uno puede causar un daño enorme a otro?

Lo valioso es que el autor no convierte estas preguntas en un examen con respuestas correctas. Los personajes dudan, se contradicen, desean, sienten culpa y tratan de encontrar una salida. A veces preferirían no tener que decidir, pero la vida no les concede esa posibilidad. Es, como anoté durante mi lectura, un recorrido entre el deseo de no discernir y la imposibilidad de no hacerlo. Muy buen trato de García Palmero de un tema tan delicado donde habría sido tan fácil posicionarse o hacer vertido de una visión propia. Un autor de los de antes, de los que respetan al lector.

Y tampoco se trata solamente de lo que ellos sienten. Está la familia, está la mirada de los demás, están las expectativas sobre lo que debe ser una pareja y sobre cómo debe comportarse una mujer en determinadas circunstancias. La novela deja ver hasta qué punto una relación puede ser vivida de una manera por quienes la integran y juzgada de otra muy distinta por quienes la observan desde fuera.

La vida no sigue el camino que habíamos trazado

El título me parece especialmente acertado por lo que va revelando a medida que avanzamos. Personajes que están perfectamente armonizados con la vida, laboral y personalmente, con una existencia encaminada y recta, empiezan a encontrar curvas por las que pueden descarrilar. De cerebrales a trágicos seres escapados de una pesadilla de Shakespeare.

En cambio, los rebeldes sin causa, con vidas curvas y desordenadas, pueden más tarde encauzar su camino, allanarlo, encontrar el carril. García Palmero trabaja muy bien ese contraste entre quienes parecían tenerlo todo organizado y quienes todavía estaban buscando su sitio.

La vida puede ir por mil derroteros, pero nunca por el que se espera. De cómo nos adaptemos a las curvas depende nuestra subsistencia, nuestra felicidad y nuestro trayecto.

Hay una frase del libro que recoge precisamente esa idea:

«Si bien cualquier plan a corto o medio plazo puede ser destronado por la imposición enmarañada de los hilos de la vida.»

Yo recordé aquel refranillo que dice: «¿Quieres hacer reír a Dios? Haz planes

Y es que planificar no equivale a controlar. Podemos tener una profesión, una pareja, una casa, proyectos y una idea más o menos definida de nuestro futuro. Pero basta un acontecimiento para que todo ese orden deje de servirnos. Entonces hay que decidir si seguimos aferrados al camino que habíamos previsto o si somos capaces de construir otro.

La novela no ofrece una respuesta sencilla a esa cuestión. Tampoco presenta la adaptación como una virtud que garantice la felicidad. Más bien nos recuerda que las decisiones tienen consecuencias, que el tiempo modifica a las personas y que aquello que hoy parece inamovible puede dejar de serlo mañana.

Una novela psicológica que no necesita correr

Si te gusta la novela fulgurante, el thriller donde sucede un hecho y a partir de ahí se detona una acción incesante, vete a otro estante de la librería.

Si aprecias una prosa elegante, sostenida, esta puede gustarte mucho. Incluso a veces puede parecer algo recargada, pero no es una sensación constante. Aquí pasa lo que se cuenta y se induce no poco por debajo. La secuencia del relato es más o menos sencilla, en una disposición lineal clásica. Primero pasa esto, entonces esto y al final esto.

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Pero el texto tiene alma. Bajo las líneas lees reflexiones sobre la sociedad de nuestro tiempo, los roles de género y sus cambios, el ideal de pareja, la sociedad y sus tenazas, la vida, el concepto de compromiso y lealtad frente al anhelo individual… Por poner un pero, —y que no nos acusen de complejo de Interflora—, los diálogos a veces son explicativos, sobre todo los de Jose, que hace un vertido de pensamientos filosóficos bajo la falsa excusa de un diálogo con otros personajes, que quizás no hayan encontrado una manera más orgánica de encajar que a través de fingidas conversaciones, más parecidas a una conferencia que a una charla.

Es una novela riquísima en matices que, si hubiera sido escrita de una forma menos alambicada, a mi gusto habría pecado de simplona. El autor ha encontrado el balance exacto entre lo que cuenta y su manera de contarlo.

Parece como si García Palmero se hubiera preguntado a sí mismo: «¿Cómo escribo yo?». Y desde ahí hubiera escogido la historia que mejor encajaba con esa manera suya. Aquí su estilo encuentra un terreno especialmente fértil: una historia que necesita pausa, descripciones, conversaciones y espacio para que los personajes piensen.

El mérito de construir personajes que podemos comprender

Uno de los capítulos que más me ha gustado es aquel en el que conocemos cómo Marta y Javier estrechan su relación. Prescinde de esa urgencia sexual que parece dominar tanto la narrativa actual y presenta un acercamiento mucho más realista: quedan a comer, se van gustando, se conocen, se interrogan, se acercan, se tantean, miden sus posibilidades de éxito, amagan, dialogan, se ríen, congenian… y luego lo que tenga que venir.

No es un «aquí te pillo, aquí te mato; disculpa, ¿tu nombre era?». Es una relación que se construye. Y esa manera de contarla importa, porque nos permite comprender lo que estaba en juego antes de que el accidente lo alterase todo.

También está muy bien logrado el contraste entre Marta y Jose. Ella viene de una vida de pareja estable; él, de una existencia más desordenada, de flirteos y escarceos de poca monta, más solo que acompañado. Sin embargo, conforme se conocen, ambos empiezan a descubrir que el retrato que habían hecho del otro era demasiado superficial.

En la descripción de algunos rasgos psicológicos de Marta, a mi parecer, hay momentos menos convincentes. El autor los vincula en ocasiones a comportamientos femeninos bastante generales —salir de compras, sentirse atraída durante un tiempo por chicos malotes…— y aparece por momentos una mirada que clasifica al personaje desde fuera. Me habría gustado que esos rasgos quedaran más sugeridos, dejando al lector la posibilidad de interpretarlos. Sí es cierto que a lo largo del libro, el personaje de Marta se va perfilando desde esa imagen desdibujada del principio a un nivel de psicología muy superior. El autor de los primeros capítulos es un prometedor novelista, el de los últimos, es un autor rodado con un control total de la trama, los personajes, el fondo y la forma.

Así, finalmente Marta está muy bien construida. El lector consigue conocerla y anticipar algunas de sus reacciones, lo cual es siempre señal de una buena arquitectura de personaje. Claro, que no anticipa todas, lo cual también es seña de una buena trama.

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Vidas curvas

Portada de Vidas curvas, de Roberto García Palmero

Autor: Roberto García Palmero

Año: 2026

Editorial: Posidonia

⭐⭐⭐⭐

Reseña de Álvaro Sánchez

Entre la reflexión filosófica y la voz de los personajes

El libro tiene muchas reflexiones que salen al paso de la propia historia. Algunas me han parecido especialmente interesantes; otras, algo más próximas a una posición ideológica que a una exploración filosófica abierta.

Bajo mi punto de vista, el perfil psicológico de los personajes está más logrado que el matiz filosófico. Me hago entender: los personajes disertan, en ocasiones, al más puro estilo del Lord Henry de Wilde, pero sus razonamientos están atravesados por sus propios sesgos. Esto puede quitarle algo de vuelo filosófico a la novela, pero también le da matiz al personaje y lo hace real, porque las personas de carne y hueso tenemos sesgos.

En cuanto a la prosa, su riqueza léxica es notable. Alguna elección de vocabulario me ha parecido menos precisa de lo que exigiría el contexto y hay descripciones en las que la correspondencia entre el clima y el estado de ánimo resulta algo insistente. Son reparos puntuales dentro de una escritura que, en conjunto, me ha parecido elegante y muy adecuada para la historia que cuenta.

Obviamente todo esto son impresiones de lectura, propias, perfectibles y perfectamente discutibles, claro que para discutirlas habrá que leer la novela que es algo que yo recomiendo encarecidamente.

Salamanca, música, vino y literatura

La novela está aderezada con delicados paseos por una ciudad tan bonita como es Salamanca. Sirve de recuerdo para quienes hemos tenido el gusto de conocerla y supongo que de deleite de quienes la vivan. La ciudad no es solamente un decorado: acompaña ese ritmo pausado de la narración y permite que los personajes caminen, conversen y reflexionen.

La música también está muy presente. Es una novela con banda sonora. Lanza muchas anotaciones musicales: Leonard Cohen, Miles Davis, Coltrane… siempre de nivel. Me llevan a suponer que García Palmero es un melómano que se derrama por sus páginas sin poder velar esa parte de su ser.

Que sí, que no afectan al hilo argumental ni tienen mayor mérito estético, pero a qué negar que le dan una capa más de detalle a la prosa y agrada tropezárselas en el viaje que es esta lectura. La gente de Radio 3 tiene que estar orgullosa de la novela. Casi le hace product placement.

Y también hay disertaciones sobre vinos y denominaciones de origen… y, por supuesto, literatura. Aparecen, sobre todo a través de Jose, sugerencias como El retorno de Filip Latinovicz o poemas de Bokusui Wakayama. Son detalles que contribuyen a dar espesor al mundo de los personajes y a hacer que las conversaciones tengan una vida que va más allá de su función argumental.

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Una historia que merece leerse sin respuestas preparadas

Me quedo con una novela psicológica, de prosa elegante y sostenida, que utiliza una situación extraordinaria para hablar de cuestiones profundamente corrientes: cómo se sostiene una pareja, qué hacemos cuando nuestros proyectos se rompen, cuánto pesa la mirada social y hasta dónde llegan nuestras obligaciones con los demás.

Y, sobre todo, me quedo con esa Penélope a la que García Palmero permite dejar de ser únicamente la mujer que espera. Porque Ulises puede estar intentando regresar a Ítaca, pero la vida de quienes quedaron allí también continúa.

Vidas curvas es una novela que me ha gustado mucho. No por ofrecer respuestas a todos sus dilemas, sino por la inteligencia con la que permite que las preguntas acompañen al lector. Y porque, como sucede en la vida, no siempre hay una opción correcta y otra equivocada. A veces solamente hay caminos, consecuencias y curvas que tendremos que aprender a tomar.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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