Narrativa satírica contemporánea. Tenemos a Frank. Es un treintañero que vive en una residencia de ancianos. En un asilo. Y para colmo está peleado con la dirección del mismo.
¿Cómo se llega a una situación así de absurda?
El abuelo de Frank, que había pagado el anticipo de un año completo, muere antes de mudarse. La residencia no reembolsa el dinero y Frank decide amortizarlo.
Ya tenemos ahí vectores de crítica social notables:
• Situación desesperada de los jóvenes en una sociedad que imposibilita el acceso a vivienda
• Sociedad de capitalismo feroz donde se mercadea con la tercera edad y no se tienen en cuenta las realidades personales.

Una cuestión de principios

Autor: Joe Barrett
Año: 2024
Editorial: Almuzara/Berenice
La novela empieza con Frank viniendo en la residencia. Es una situación surrealista, pues obliga a la institución a prestarle los servicios de asistencia y atención que debería haber disfrutado su abuelo. El tío está en pañales, sestea y trata fatal a los demás ancianos. Está en una actitud beligerante para forzar al asilo a torcer la voluntad y darle una compensación económica. Todo esto lleno de humor cruel, incómodo, y a veces situacional.
Está ingeniero informático. Trabaja desde la habitación del asilo como programador freelance y gana buen dinero. No está en esta situación por menesteroso.

El tipo está allí por una cuestión de principios. Pura y simple. Se llama Franklin Jonhson, exactamente igual que el abuelo. Se acoge a eso, a que hay un contrato firmado a nombre de Franklin Johnson y allí lleva seis meses ya presionando al director, Hardy, para que le reembolse lo que queda por amortizar. El director no da su brazo a torcer y nuestro quijotesco protagonista se mantiene allí fiel a sus principios.
Se hace simpático y antipático a la vez. Pagó la residencia al abuelo —todo un año— y se preocupaba por él. Es un tío con ideales —los suyos— y a la vez causa rechazo la manera despectiva en que trata a los ancianos.
Después conocerás a Elroy. Es un chico huérfano que acaba de llegar a un instituto nuevo y es objeto de bullying. Es un segundo arco narrativo a priori lejos del de Frank en la residencia.
Otro personaje es Johnny, el hermano menor de Frank. Desaprueba lo que está pasando en la residencia. Además, Frank tuvo una relación informal de tres meses con Jane, que ahora es la mujer de Johnny y madre de sus hijos. Esto genera una tensión familiar. Una más.
Elroy protagoniza una peripecia en el colegio. Puede elegir entre quedarse castigado en clase o trabajos en beneficio de la comunidad. Opta por lo segundo y una de esas labores será leer a los ancianos de la residencia del CCJ (Centro de la Comunidad Judía). Ya está, ya tenemos a Frank y Elroy conectados. Y te vas a reír mucho.
Un arco narrativo más: Sally. Una chica un poco peculiar que asiste al funeral de su tía Sadie que se acaba de quitar la vida. La chica vive amargada con una madre fundamentalista.
Frank y Elroy. Una pareja tan singular como esta novela y tan disparatada como todas las ideas de Frank. Es un activista de causas imposibles y tiene mucho de idealista en las locuras que emprende a cada instante.
El personaje de Frank ya lo has visto antes
Frank Johnson no es una novedad radical. Es irreverente, irrespetuoso y tiene toda clase de comportamientos que resultan “cancelables” a nuestro tiempo. Está diseñado a la medida para provocar la reacción de rechazo en el lector: insensible, racista, machista, edadista, se ríe de las discapacidades de los demás, misántropo, se mofa de los escoceses, los irlandeses o los australianos por lo que opina de su acento; se mofa de los católicos; de los ancianos…
Y lo hace con cierta gracia. A pesar de todo lo anterior, se le ve algo de fondo con lo que se puede simpatizar. Y esto ya lo tienes en Elliot Weiner, protagonista de “Los papeles de Harding” o incluso en el Ignatius Reilly de “La conjura de los necios”. No estoy diciendo que Frank Johnson no sea un buen personaje, sino que no es una novedad absoluta, sino un cliché de su género. Esto no lo afirmo como un reproche moral ni creativo, sino de originalidad relativa.
Una estructura que también conoces
Buena parte de esta novela se cuenta así. Frank relata en primera persona un suceso que vive junto a Elroy. Una escena concreta. En el siguiente capítulo (siempre breves), Elroy narra exactamente la misma escena en primera persona desde su subjetividad.
Como recurso está genial porque siempre es dinámico y original. Puedes ver la experiencia subjetiva de cada personaje y conocer mucho mejor cada uno ya que al saber lo que va a pasar te puedes centrar en observar su psicología respecto a lo que sucede y no tanto al seguimiento factual.
Pero es un rasgo del que no se debe abusar, porque a veces cansa y fácilmente desemboca en capítulos que resultan reiterativos o que se podrían haber eliminado.
Una novela de más de 300 páginas sobreabundando en esta técnica puede constituir un empleo excesivo del matiz, pero eso ya queda a criterio de cada lector.
El personaje de Elroy
Creo que el personaje de Elroy se va de mano más de una vez. La novela se narra en primera persona, pero alterna los narradores. Unas veces habla por voz de Frank, otras por voz de Elroy. De cuando en cuando por voz de Sally.
Elroy tiene doce años. Por eso me choca que utilice frases así:
“emplea al doctor Severs como canal para continuar con su hipócrita diatriba con el señor Hardy”
¿Hipócrita diatriba? Ninguna persona habla así con esa edad. Cuando el Joe Barrett da voz a un personaje tiene que meterlo todo en esa voz para que resulte creíble, aunque le quite fuste a su capacidad literaria.
Yo creo que existe una regla no escrita, pero regla general: cuando el autor cede la voz, debe renunciar a su propia brillantez. Si no lo haces, pierdes la fuerza que otorga el testimonio en primera persona. El problema no es la ambición literaria, sino su falta de adecuación a la voz elegida.
Más allá del humor, Barrett plantea una crítica clara que merece la pena contar.
Elemento de crítica social
La novela es cáustica. Bajo su influjo arde todo el sistema social en el que encuadra la acción. Hay aspectos de la realidad que salen aquí muy mal parados:
• Las residencias de ancianos: leoninas, enfebrecidas por una obsesión dineraria. Le interesa coger dinero sin importar demasiado la realidad de la persona o la familia detrás de cada cuenta de resultados.
• Los servicios de tutela de menores: a Elroy lo hacen pasar por un circuito lleno de situaciones inapropiadas para un menor. Lo llevan a vivir a un hogar de acogida donde sus “padres adoptivos” son una pareja de ancianos que no reúnen las condiciones para vivir solos, cuando menos para responsabilizarse de un chaval.
Los servicios asistenciales quedan muy en entredicho en esta novela. Desde luego no inspira adeptos ni confianza el retrato robot que de ellos se hace.
Mi conclusión
Es una novela que va de más a menos. Empieza con fuerza, aupada a esa situación tan disparatada en la que está el protagonista. Sin embargo, se desinfla según avanzan los capítulos, para quedar en un ejercicio literario que no acaba de cerrarse.
Es una novela legible, con algunas virtudes que ya se han señalado, pero con más potencial que acierto final. No considero una pérdida el leerla, pero me parece flojita para recomendarla, pues tiene humor potente y crítica afilada, pero ejecución irregular. Es una excelente paella con mal punto de sal.

