Me resulta muy fácil hacer una reseña de El círculo de los días. Sucede que me he encontrado justo lo que esperaba encontrarme antes de leerla. Casi la podría haber escrito antes de recorrerla.
Cójase la reseña de Los pilares de la tierra, o de su secuela inmediata. Cámbiese la catedral o el puente por Stonehenge y voilá.
¿Eso es bueno o malo? Unos dirán que es más de lo mismo, que no innova, que trata de tonto al lector fiel. Otros, que vuelve a darnos casi ochocientas páginas de entretenimiento con cierto trasfondo de aprendizaje histórico. Otra obra cosida con épica, tensiones, conflictos, resiliencia…
Cada cual opine lo que estime oportuno. Lo que sigue es lo mío:
«Seft avanzaba con dificultad por la Gran Llanura cargando a la espalda un cesto de mimbre lleno de sílex para intercambiar. Iba con su padre y sus dos hermanos mayores. Los detestaba a los tres.»
Un joven extractor de sílex, Seft, cruza una vasta llanura prehistórica para comerciar en los rituales del solsticio y acercarse a Neen, la chica que ama.
La familia de Neen le ofrece refugio frente a la violencia de su propio clan y una nueva forma de vida entre ganaderos.
Joia, hermana de Neen sueña con levantar un gran círculo de piedra que unifique a las distintas comunidades.
Ese proyecto monumental (Stonehenge) exige cooperación entre clanes rivales en un contexto de clima cada vez más duro y recursos limitados. Y la historia sigue cómo ese sueño común pone a prueba la fe, las lealtades y el poder dentro de una sociedad que empieza a organizarse.
Una historia pastoril, en la bretaña neolítica. El Follett más aplaudido: amoríos, desarrollos tecnológicos de la época, transformaciones sociales, y villanos muy malvados.
Vidas cotidianas de otro tiempo. Vicisitudes de lo más pedestre que Follett, otra vez, sabe convertir en algo cautivador. Sabe mostrar la sociedad y poner el foco en cada personaje, miembro de este coro de voces diversas.
Follett. Estirando el chicle.
Del autor de un exitosísimo libro alrededor de la edificación de una catedral (Los pilares de la tierra), y otra donde la clave es la construcción de un puente (Un mundo sin fin); ahora tenemos una historia alrededor de la construcción de Stonehenge.
Es la misma estructura narrativa. Esto ya es un género en sí mismo. El “follettin”, podríamos decir.
Y funciona, no digo que no. Y es una novela amena, entretenida y con bastante interés. Y plantea una hipótesis sobre Stonehenge que, si no es verdad, suena muy bien.
Pero no sabe a nueva.
Es como si Tolstói escribiera otra novela sobre una mujer casada de alta sociedad que se enamora de un oficial, se aburre del marido, se ve arrinconada por el escándalo y sufre un derrumbe emocional calcado al de Anna Karénina, solo que ahora el escenario fuera San Petersburgo en vez de Moscú. O como si Kafka, después de La metamorfosis, sacara una novela donde otro oficinista mediocre se despierta convertido, ahora no en insecto, sino en roca o sombra, y todo gira de nuevo en torno a la vergüenza familiar, la deshumanización laboral y la imposibilidad de comunicar su experiencia.
Los que hemos leído casi todo lo de Follett, nos encontramos justo lo que esperábamos encontrar. Eso es bueno, pero también es malo. Depende de cómo lo mires.
La épica de la construcción. Es una libro-fórmula. Lo que pasa es que Ken Follett la domina como nadie. Es suya.
Un patrón
En Los pilares de la Tierra, la catedral es excusa para contar la vida de una comunidad medieval, sus luchas de poder, la violencia y las pasiones.
En Un mundo sin fin, el puente y de nuevo la catedral de Kingsbridge funcionan del mismo modo: gran proyecto técnico que atraviesa décadas, con guerras, epidemias y disputas de fondo.
En El círculo de los días, Stonehenge es un “monumento que definirá a una civilización” y obliga a cooperar a tres clanes con estructuras sociales distintas, en un contexto de sequía, violencia y rivalidad.
Podemos decir: cambia la época y el material de construcción, pero se repite el patrón “obra monumental + comunidad dividida + tensión entre tradición y cambio.
También podemos decir: coge tú el esquema y escribe una historia, a ver cómo te sale.
Una época más
Es la novela más arqueológica de Follett. El autor se remonta 4500 años para traernos esta historia. No es una novela histórica, excepto la trilogía Century, lo demás son, o thrillers, o novelas de ambientación histórica.
Yo quería dármelas de original y decir que es novela prehistórica o de ambientación prehistórica. Pero tampoco lo es. En la novela hay gremios establecidos: agricultores, ganaderos o artesanos; y asentamientos poblacionales estables con una vida comercial consolidada. No es prehistoria. Me hallo más diciendo que es novela arqueológica.
Es una historia sobre el coste humano de levantar algo que te sobrevive.
Es interesante descubrir qué dice la novela sobre nuestra incapacidad para cooperar a largo plazo.
El monumento más antiguo e inquietante de nuestro planeta está hecho tanto de piedra como de historias humanas. Esta puede ser una de tantas. La que ha imaginado Follett.
La jugada que persigue es que el propio lector se convierta en heredero del mito al terminar el libro.
Stonehenge: nieve virgen
Al promocionar esta novela dijeron: “dar una historia a la construcción de Stonehenge”
Follett ha buscado una época que es terreno inexplorado. Claro, una novela sobre la constitución de una catedral medieval plantea muchos elementos documentales que considerar. No puedes decir lo que te dé la gana cuando hay testimonios escritos, patrimoniales y culturales ese periodo.
Stonehenge no plantea tantos problemas. Hay muchísimo escrito y estudiado sobre ese lugar, quizás de los más interesantes del planeta, pero hay pocas certezas.
De Stonehenge se ha dicho hasta que lo hicieron los marcianos. Como no se sabe nada cierto y probado sobre su origen, le cabe cualquier afirmación. Y Follett ha visto la oportunidad de esquiar sobre nieve virgen.
Arqueología ficción

Arqueología imaginativa. Se pone creativo Follett imaginando una cierta pansexualidad neolítica que empequeñecería al destape más contemporáneo. Le echa imaginación a falta de evidencias.
¿Por qué? ¿Es un posicionamiento político? ¿Teme no ser tan exitoso si no contenta al establishment?
Cuando la Literatura quiere contentar a su tiempo, a los poderosos… se vuelve un poco menos literaria.
Entonces ¿merece la pena leerla?
Sí. A pesar de todas las críticas anteriores, están las virtudes de siempre de Follett. Es un vástago digno de su linaje.
Está esa capacidad suya de recrear la dureza de la vida en épocas tan remotas. Comparado con nuestro presente, tiene un impacto literario enorme. Dificultades materiales, sociales o culturales, que hoy nos son del todo ajenas. Y está la habilidad de entender que aquellas personas eran idénticas a las de hoy. Un contexto diferente, mismos anhelos. Mismas pasiones, mismos vicios, mismos pecados. Eso es lo que permite que el lector entre en la historia.
Está esa textura tan bonita de Follett. Esas frases con ritmo, esos capítulos que avanzan. Esos personajes que evolucionan. Ese lenguaje sin artificio, al servicio de la narración. Nadie domina como Follett el arte de escribir libros gruesos que se leen sin asomo de pereza.

