Dostoievski, mi marido. Las memorias de Ana Dostoievskaia.

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«Dostoievski, mi marido» es el título que Ana G. Dostoievskaia da a sus memorias. La tentación es decir que es una biografía de Dostoievski, pero en realidad es la de su mujer, a su lado.
Pero claro, el título es de una elocuencia notable. Ana quiere contarse desde su proximidad al genio y la vida de Dostoievski ocupa mucho de este libro. Pero hay más, mucho más.

Resulta que Ana también era escritora. Sus aspiraciones, sin embargo, se vieron impedidas por su condición de mujer. Lo que nos llega lo hace bajo la forma de memorias.

El libro produce una mutación en el lector. Quien se aproxima a él, lo hace atraído por Dostoievski: quiere descubrir más ángulos del genio. Sin embargo, a medida que avanzan los capítulos, a quien quieres descubrir y conocer mejor es a Ana G. Dostoievskaia. Tiene su propia fuerza y una forma de escribir que aumenta su magnetismo.

El centro de la narración —porque esto tiene maneras muy narrativas— se sitúa en los catorce años de vida conyugal entre Ana y Fiódor.

Los comienzos

Ana cuenta con devota felicidad los primeros meses de su relación con Dostoievski. Ella era una joven de veinte años, mientras que él ya había recorrido mucha vida. Siendo Ana estudiante de taquigrafía, Fiódor ya había escrito y publicado, había estado condenado a muerte, pena reducida a varios años de trabajos forzados en Siberia. No era una pareja compensada en su inicio.

En determinados aspectos es una mujer presa de su tiempo. Dice, al respecto de de Ana Korvin, una mujer con la que Dostoievski estuvo prometido y cuyo compromiso se canceló:

«Ana Vasilievna no tenía un carácter dócil y toda mujer debe tenerlo; más aun si el hombre es enfermo e irascible como a menudo lo era F.M. Además, como ella se interesaba mucho por la política, no podía dedicarse suficientemente a la vida en familia.»

Decimonónica hasta la médula.

Ana no tuvo una relación fácil. Feliz sí, a decir suyo, pero no fácil. Cuando conoce al genio, este vive asfixiado por las deudas y por familiares que le sacan los cuartos como aves carroñeras.
Además es un hombre enfermo: la epilepsia no tenía medicamentos en 1866. Los ataques eran constantes y severos.

Arruinado, enfermo, mayor… ese era el príncipe azul de Ana. Ella, mujer de aspiraciones profesionales e inquietudes intelectuales, se veía empujada a una vida casera, llena de quehaceres que atendía como si se hubiera preparado durante su vida para ser justo lo contrario:

«Advertí con disgusto que en todo el mes no había leído un libro ni había practicado taquigrafía, que todavía quería aprender a fondo»

Y a ello hay que añadir un hijastro de la primera mujer. Un parásito que atormentó a una jovencísima Ana.

Los primeros compases son de una fascinación y un servilismo que chocan como testimonio a un lector del siglo XXI.

Pandemónium

Interesa al lector descubrir el tipo de familia que tenía el escritor. Una cuñada viuda con un par de críos, un hijastro tiránico y vividor. Todos vivían colgados a los ingresos de Dostoievski. Ninguno ganaba un rublo por su cuenta. Parásitos que en cuanto vieron llegar a Ana Grigorievna a la vida del escritor, temieron por sus privilegios y le hacían la vida imposible.

Los capítulos que la autora dedica a estos compases son muy elocuentes.

Para friquis de la literatura

Es un muy buen libro para friquis (en la tercera acepción del término) de la Literatura. Hay salseo literario, como por ejemplo lo mal que se llevaban Dostoyevski con Turguénev. También nos informa Ana de su admiración por George Sand y por Balzac, de quien en especial disfrutó «Papá Goriot».

Sabremos que en ciertas etapas escribía hasta muy tarde y por la mañana dormía hasta las once. Detalles menores que cobran importancia por ser Dostoievski probablemente el mayor exponente del Realismo Ruso junto con Tolstói.

Y justo con Tolstói hay una anécdota graciosa. Tiene que ver con «Guerra y paz» y una censura piadosa llevada a cabo por Dostoievski. No te la cuento para que la leas tú.

Vida dura

La vida de Dostoievski no fue fácil. La enfermedad, los vicios, las deudas, la condena a muerte, los trabajos forzados en Siberia, un carácter poco formado, la muerte de una hija a los pocos días de nacer… No, a este libro no se viene a disfrutar de una vida literaria entre cafés y ateneos.

Nada que ver. Quien vaya a entrar en este libro que se prepare para una dosis de realidad.

Yo especialmente tenía interés en saber de voz de Ana el capítulo de la muerte de la pequeña Sonia, con apenas tres meses de vida:

«¿Dónde está Sonia? ¿Dónde está la pequeña criatura por la que yo —no lo digo por decir— aceptaría los sufrimientos de la cruz con tal de que estuviera viva?»
Carta a su amigo Maiko, no referida en el libro

Sin duda el suceso fluyó a su literatura posterior. Este dolor marcó profundamente su visión sobre el sufrimiento de los inocentes, y es visible, con una crudeza magistral, en obras como «Los hermanos Karamázov«.

Es más, Ana está contenida en «Los hermanos Karamazov». Al contar la muerte por epilepsia de Aliosha, hijo menor de Ana y Fiódor, la autora dirá:

«Desapareció mi vivacidad habitual y mi energía dio paso a la apatía. Era indiferente a todo y a todos, habían dejado de interesarme la casa y los negocios, y descuidaba a los niños. Vivía de los recuerdos de los últimos tres años. Muchas de las dudas, pensamientos, e incluso palabras mías en esa época, se encuentran en Los hermanos Karamazov en el capítulo Las mujeres creyentes, en el que una madre que ha perdido a su hijo desahoga su dolor con el padre Zósima».


Ana, mucho más que una taquígrafa

Ana fue mucho más que una taquígrafa. Aguantó el temperamento y la falta de carácter de Dostoievski. Procuró toda suerte de cuidados y le ahorró tantos disgustos como pudo. Ella era un escudo que paraba malas noticias, acreedores que fueron una constante, agobios de toda índole. Sin ella, simplemente no habríamos conocido buena parte de su obra. Dostoyevski no habría podido escribirla.

Una mujer excepcional. Su juventud no fue obstáculo para su templanza, su perseverancia permitió ser al genio y su entrega es motor auxiliar de otro que por sus medios habría gripado impidiendo un magnífico viaje.

De modo que Ana no es otra esposa sumisa más. Encaja mejor si la entendemos como un bastión, una fortaleza.

La situación personal de Fiódor Dostoievski era desesperada. Su carácter era el menos indicado para hacerle frente. Su salud tampoco jugaba a favor de obra.

Sin Ana, no podrías leer «Los hermanos Karamazov».

Pero eso no es todo: Ana fue editora de Dostoievski. Contra viento y marea, contra el consejo de todos. En un ramo editorial lleno de timadores; en una época en que la autoedición encontraba miles de obstáculos; en un tiempo en que nadie se hacía cargo de su propia obra…

Una mujer en pleno siglo XIX. Aprendió, imprimió y vendió su propia edición de «Los demonios» y tuvo éxito. Leyendo este libro asumes que casi cualquier cosa que se hubiera propuesto la habría logrado.

Es una de las partes más interesantes del libro. Muy bien descrita.

Hasta fue librera. En el ocaso de los días de Dostoievski, intimidados por el porvenir de una viuda en la Rusia decimonónica e impulsada por su experiencia editora, Ana abrió una librería.

Era una mujer singular. Con ella rompieron el molde.

Celotipias

Abundan los episodios de celos por parte de Dostoievski. Ciertamente era tan genial en su escritura como insufrible en su convivir.

Perdía los estribos. Tal vez una mujer tan joven y atractiva no era el mejor bálsamo para un hombre que sentía tales celos posesivos y tanta inseguridad respecto a los sentimientos de una mujer. Ana jamás alimentaba esos celos, al contrario, pero los celos, ya se sabe, no tienen —ni necesitan para ser— una explicación fundada.

Una lectura inesperada

Puedes albergar dudas sobre la calidad de esta obra. Puedes pensar que el único interés es la proximidad con el genio.

Seamos sinceros: es el núcleo. Así lo ha querido la propia Ana. Desde el título. Y también desde los pocos datos que da sobre su vida antes de conocer a Fiódor. Es ella quien decide narrar los acontecimientos de su vida siempre en conexión con Dostoievski.

Pero el libro está muy bien escrito. Mejor que muchos. Es ameno y el entrelazado de los hechos que narra tiene coherencia y permite formarse una idea cabal de cómo era la vida y el carácter del autor detrás de obras impagables.

Nos interesa la información que podamos obtener sobré Dostoievski. Sin embargo, esos datos se nos pueden proporcionar de manera áspera y poco atractiva o de una manera narrada y llena de referencias que permitan tomar el tono emocional a lo que de otro modo sería una lista cronológica.

Sorprende para bien. Y en ningún momento se adorna Ana, jamás se vende a sí misma como motor del autor. Nunca se da la importancia que tiene en el éxito de Fiódor. Puro pundonor, la pedagogía del deber cumplido.

Una aproximación a la persona tras el autor. Es cierto que no es un libro de grandes revelaciones sobre la técnica o el método de escritura de Fiódor Dostoievski. El foco está en el sujeto que vivía detrás de esas novelas apresuradas, faltas de revisión a su pesar, pero geniales y de una profundidad a la hora de escarbar el alma como pocos han conseguido.


Mención especial y necesaria

Jana Domínguez es la mujer responsable del diseño de la portada. Yo creo que es sobresaliente la manera en que ha captado la esencia de estas memorias.

Se ve una matrioska, esto es, una típica muñeca rusa de esas en que al abrirlas tiene dentro otra más pequeña. La muñeca grande —y deslucida— que yace caída en el suelo es Dostoievski. De dentro brota Ana, una muñeca llena de color y vida. El alma dentro del gran hombre. Una presencia luminosa quizás opacada por un temperamento genial, pero lleno de claroscuros.

Brillante.



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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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  • Última modificación de la entrada:febrero 9, 2026
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