La novela Doña Urraca. Emperatriz de Hispania, escrita por Alfonso Solís y publicada por la editorial Istoría, es una de las novedades del género de la novela histórica más ambiciosas de las aparecidas en 2026.
Urraca fue “una mujer forjada en el hierro de la guerra y en el desprecio de los hombres”. Urraca I de León, «La temeraria», para algunos. Para mí, tras la lectura de la novela de su vida política, la reina de un reinado huero, esposa de un rey que no la respetó y madre de un malcriado que no la reconoció. O como dice el autor «la mujer más poderosa de Europa, pero también la más traicionada».
Esa es Urraca. Una mujer que reinó casi veinte años en medio de un clima excepcionalmente difícil: traiciones, voluntades y lealtades cambiantes, ambiciones desmedidas; un mundo de hombres donde no se aceptaba que el mando lo tuviera una mujer. Y Urraca sobrevivió a todo. Si de algo es paradigma esta mujer —la primera reina y emperatriz en Europa—, es de resistencia y de lucha.
«Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros» dijo una vez Pío Cabanillas. Muchos siglos antes lo pudo haber dicho la reina Urraca. Vivió un continuo estado de guerras, traiciones, asedios, intrigas… a manos de su esposo, su hermana y su hijo. Tres frentes abiertos que no paraban de proponerle disputas.

Doña Urraca. Emperatriz de Hispania

Autor: Alfonso Solís
Año: 2026
Editorial: Istoría
Publicación: 15 abril 2026
Formato: Tapa blanda
Páginas: 584
Siempre que comento una novela histórica digo esto, pero lo necesito para ubicar a quien amablemente me quiera leer: una buena novela histórica tiene que contar un hecho histórico de manera fiel (que resulte incluso formativa); pero a la vez tiene que usar la ficción lo suficientemente bien como para hacer vivencial y ameno lo que de otro modo sería un manual de historia. No es tarea fácil la que tiene por delante el novelista.
Tras haber leído Doña Urraca quedan conmigo algunas impresiones de lectura:
- Es un personaje poco conocido por el gran público en comparación con la relevancia que tuvo y al que una novela así pone en el mapa.
- La novela nos acerca muy bien al personaje histórico, esto es, después de leída, un lector que ignoraba la historia de Doña Urraca al principio, puede decir que la conoce cuando termina.
El primer requisito se cumple.
Pero, ¿y la parte literaria?
En la parte literaria seguimos la vida de Urraca desde 1107 hasta 1126, año de su fallecimiento. Aborda por tanto su vida como monarca leonesa. No es un recorrido biográfico completo sino centrado en su momento de mayor impacto histórico.
El caso es que se “apaña” un matrimonio de conveniencia con Alfonso I de Aragón, mejor conocido como Alfonso el Batallador. Era un rey que estaba prestigiado por las muchas batallas que había ganado contra Al-Ándalus, el gran enemigo de la Hispania cristiana.
Casar a ambos suponía convertir a Urraca en la emperatriz de Hispania. La primera mujer con mando en plaza en Europa.
Pero lo que había de ser un matrimonio de conveniencia, pronto rompió en una interminable escalada de guerras civiles entre aragoneses y leoneses. No en bloques puros, sino que los propios leoneses estaban divididos entre partidarios de la legitimidad de Urraca, mientras otros, más prácticos, apoyaban a Alfonso viendo que era la mejor solución frente al avance ineluctable de los musulmanes. En Aragón pasaba igual. Había fieles a su rey y otros que simpatizaban más con Urraca.
Pero la novela cuenta mucho más que esos lances bélicos. Urraca es una mujer pasional, carnal, voluptuosa. Alfonso es homosexual. No se siente atraído por las mujeres, pero su cargo lo obliga a tratar de embarazar —sin éxito— a Urraca. Esto lo llena de desagrado. Ella, que nota sus maneras, le reprocha y él, muy orgulloso, la maltrata sistemáticamente. Urraca pronto cede a la tentación de los amantes. Es una mujer muy joven todavía. Alfonso no siente celos de esos amantes, pero su orgullo sí se ve herido. La lucha es a muerte entre los dos. Y en medio de esa guerra, Hispania es la más perjudicada, como los hijos en un divorcio conflictivo. Sus soldados mueren en disputas fratricidas, haciendo de paso el caldo gordo a los musulmanes.
Urraca y Alfonso
Podría confundirse el temperamento de Urraca y el de Alfonso. Tal para cual, dirán algunos. Pero eso implica un error: confundir ambición con codicia. La ambición es el impulso sano y constructivo por alcanzar metas y crecer mediante el esfuerzo, mientras que la codicia es un deseo desmedido, egoísta e insaciable de acumular más riqueza o poder, sin importar el costo ético o humano.
Urraca es ambiciosa: quiere heredar el reino que por sangre le corresponde y quiere que tras ella, su hijo lo herede. Ella no quiere más. Son los nobles y obispos quienes la aconsejan aliarse con Alfonso, casarse. A ella le hubiera valido con reinar en su reino.
Sin embargo Alfonso quiere anexionar más y más territorios ajenos a su reino. Por eso accede a la boda. Nada más. Le da igual tener que yacer con una mujer que no le causa el menor estímulo; le da igual tener que combatir en más frentes. Quiere más. Nunca está saciado de territorio ni de poder.
Urraca tiene ambición pero se atisba una ética. Quiere lo que considera legítimo, heredar a su padre, y ambiciona lo que también cree igualmente legítimo, ser heredada por su hijo. Alfonso no se mueve por coordenadas éticas. Quiere poder y punto.
Urraca ama. A sus amantes, a su hijo, a su preceptor, a su tierra. Alfonso no ama nada que no sea su propio orgullo. No se conmueve jamás. Nada lo turba. Parece carecer de emociones, lo cual lo convierte en un psicópata, como prueban varios pasajes sanguinarios de este libro.
Dos personajes así, obligados a coexistir, tienen un potencial literario fuera de toda duda. Son un puro conflicto a cualquier nivel imaginable.
Lectura de fondo
¿Qué lectura de fondo podemos hacer de esta novela y de esta vida de Doña Urraca?
Estamos en la Hispania cristiana de la Edad Media, unos cuatro siglos antes de Isabel la Católica. Lo que hoy llamamos España peninsular era una amalgama de reinos cristianos al norte y, al sur, una provincia de un imperio norteafricano: los almorávides, de etnia musulmana.
La vida política de Urraca fue una constante batalla. En un momento de la novela (pág. 371) pregunta:
«¿Cuándo llegará la paz a mi reino?»
El conde, Pedro González de Lara, le contesta así:
«El reino de León está condenado a la guerra. Hoy por el trono, mañana por una villa o por un título, pero siempre por ambición».
¿Cómo se pudo construir una entidad mayor, España, a partir de ese revoltillo de reinos enfrentados y no pocas veces caprichosos? ¿Qué hizo posible deponer las ambiciones —y codicias— de cada uno en aras de una ambición mayor y compartida?
El enemigo común
Un enemigo común. Nada une tanto como eso.
La abnegación como fundamento político
Una empresa común exige renuncias particulares. No debe sorprenderse ni airarse cada porción al anotar las suyas. La indignación o el asombro vendrán de no entender que la causa común exige sacrificios particulares. Sin abnegación no se puede construir una familia, ni una amistad, ni una pareja, ni una comunidad. Ni tampoco una nación.
Reino dividido contra sí mismo
Cuanto más guerreaban entre sí Urraca y Alfonso, más terreno ganaban los almorávides. Un reino dividido es vulnerable.
Mateo 12:25: «Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá»
En las Fábulas de Esopo, concretamente en la historia de «El viejo y sus hijos», un padre pide a sus hijos que rompan un haz de varas; no pueden hacerlo mientras están juntas, pero las rompen fácilmente una a una. La moraleja de la fábula es: «La unión hace la fuerza, la discordia nos hace débiles».
Es el “Un pour tous, tous pour un” que recitaban Athos, Porthos, Aramis y d’Artagnan, los mosqueteros de Dumas.

La unidad frente a la división. Y podemos recordar a Menéndez Pelayo en su famosa cita:
«España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas. A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea»
Marcelino Menéndez Pelayo
Historia de los heterodoxos españoles, 1880
Es muy fácil entender qué es España. Es muy fácil entender qué es una nación a partir de esto: objetivos en común, enemigo común. Si no encuentras unión porque amamos lo mismo, tal vez la encuentres porque rechazamos lo mismo.
La lectura política contemporánea
Vivimos en tiempos en que la renuncia del yo en favor del nosotros está en declive. Enfermos de individualismo, la sociedad se llena de solipsistas; mónadas que se consideran un universo completo y encerrado en sí mismo. En una sociedad así, no cabe ningún proyecto común. Todas las tentativas que exijan salir de sí están abocadas al fracaso. No nos tiene que extrañar el auge de los nacionalismos, micronacionalismos y taifismos varios. En una sociedad donde fracasan las parejas, las familias se rompen y las amistades se sustituyen por redes sociales, también fracasan las naciones. Esa es la causa y no una degradación del concepto de nación.
Esta perspectiva encaja en España, pero permite una lectura universal de esta novela. En todo espacio y tiempo, una obra común va a requerir abnegación de las partes, generosidad, altruismo y desprendimiento. Mientras reinen la división y la codicia, no construiremos nada grande.
Una novela histórica que sí cumple su función
Doña Urraca. Emperatriz de Hispania funciona como una novela histórica que pone en primer plano a un personaje poco conocido por el gran público, pese a la relevancia política que tuvo. La ficción sirve aquí para hacer vivencial una época compleja, atravesada por la guerra, las alianzas cambiantes, la ambición y la dificultad de construir un proyecto común.
La novela no solo acerca al lector a la figura de Urraca I de León, sino que permite pensar, desde su conflicto con Alfonso, una cuestión mucho más amplia: qué ocurre cuando la codicia de las partes impide levantar una empresa mayor. Esa reflexión bien puede extrapolarse a la España de hoy.
Guía rápida de lectura
Doña Urraca. Emperatriz de Hispania
Una novela histórica sobre una reina poco conocida por el gran público, pero decisiva para entender un tiempo de guerras civiles, alianzas rotas, ambición política y construcción difícil de una idea común de Hispania.
¿Qué cuenta la novela?
La novela se centra en la vida política de Urraca I de León entre 1107 y 1126. No plantea una biografía completa, sino el tramo más intenso de su reinado: su matrimonio con Alfonso I de Aragón, las disputas entre leoneses y aragoneses, las traiciones internas y la dificultad de gobernar siendo mujer en un mundo de hombres.
¿Por qué interesa Urraca?
Porque fue una mujer con poder real en una época que no estaba dispuesta a aceptar fácilmente el mando femenino. Su figura permite leer la Edad Media desde el conflicto político, pero también desde la resistencia personal, la legitimidad dinástica y la soledad del poder.
¿Cuál es el gran conflicto?
El choque entre Urraca y Alfonso no es solo matrimonial. Es también político, territorial y moral. La novela contrapone ambición y codicia: Urraca quiere sostener lo que considera legítimo; Alfonso aparece movido por una voluntad insaciable de poder.
¿Qué lectura de fondo propone?
La reseña lee la novela como una reflexión sobre la fragilidad de cualquier proyecto común cuando las partes se entregan a la división. La familia, la pareja, la comunidad y la nación necesitan renuncias particulares para construir algo mayor.
¿Por qué puede leerse en clave actual?
Porque habla de un problema permanente: cuando el yo se impone sobre el nosotros, ningún proyecto común resiste. La novela medieval permite pensar también el individualismo contemporáneo, los nacionalismos fragmentarios y la dificultad de sostener una empresa compartida.

