Muerte en Venecia: ¿puede el deseo reprimido convertirse en una enfermedad?

Muerte en Venecia: ¿puede el deseo reprimido convertirse en una enfermedad?
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Muerte en Venecia: ¿puede el deseo reprimido convertirse en una enfermedad?

Thomas Mann

Por primera vez leo a Thomas Mann. He querido empezar por una obra más contenida —que no menor— y lo que puedo decir, mejor lo pongo en labios de San Agustín:

«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!«

Mann es un autor superior que yo jamás había leído. Lástima, pero igualmente cierto es que me llega a una edad en que puedo apreciarlo, pues no siempre el buen seso acompañó mis años precedentes. 

En La muerte en Venecia Gustav von Aschenbach, un escritor alemán de fama y vida muy disciplinada, sufre un agotamiento creativo y decide viajar en busca de descanso.  Tras un intento fallido de vacaciones en una isla del Adriático, llega a Venecia y se instala en el Gran Hôtel des Bains del Lido.  Allí ve a Tadzio, un adolescente polaco de belleza casi perfecta, y queda profundamente fascinado por él.  Lo que empieza como admiración estética se convierte en una obsesión silenciosa: Aschenbach abandona progresivamente su rigor moral y artístico para entregarse a esa pasión contenida.  Mientras, Venecia está afectada por una epidemia de cólera que las autoridades ocultan; Aschenbach, sabiéndolo, decide quedarse para no perder de vista a Tadzio. 

Thomas Mann (1875–1955) es uno de los grandes novelistas alemanes del siglo XX, premio Nobel de Literatura en 1929.  Nacido en Lübeck en el seno de una familia burguesa acomodada (padre comerciante y senador, madre de origen brasileño-portugués y muy vinculada a las artes), crece entre el mundo del comercio y el de la cultura, algo que marcará su visión de la burguesía y del artista.

Muerte en Venecia nace directamente de una experiencia personal. En 1911, Mann viaja a Venecia con su esposa Katia y se aloja en el Gran Hôtel des Bains del Lido, el mismo hotel donde sitúa a su protagonista, Gustav von Aschenbach.  Allí observa a una familia polaca y, en particular, a un adolescente de belleza extraordinaria, el barón Władysław Moes, que se convierte en el modelo de Tadzio.

Autobiográfica

Es, en buena medida, una confesión literaria filtrada por la ficción. La anécdota central —el viaje de Mann a Venecia en 1911, su estancia en el mismo hotel del Lido y su fascinación por un adolescente polaco real, Władysław Moes— es casi documental.  Władysław Moes era mucho más joven que el Tadzio de la novela. En Venecia tenía unos diez años; Katia Mann lo recuerda como un niño de unos trece, mientras Tadzio parece tener catorce en la ficción. Analizar el paralelismo autobiográfico —que es legítimo—, requiere precisar que Mann toma del muchacho real la impresión estética, no una equivalencia exacta de edad.

Sin embargo, lo que Mann transforma en novela es su propia tensión íntima: sus diarios revelan una atracción erótica hacia hombres y jóvenes que él reprimía en su vida pública, casado y padre de seis hijos.  En la obra, esa homosexualidad latente se codifica en la obsesión de Aschenbach por Tadzio: no hay declaración explícita, pero sí una pasión homoerótica sublimada en lenguaje estético y filosófico.  Así, la novela funciona como una especie de autobiografía experimental del deseo: Mann proyecta en su protagonista una versión extrema y trágica de sus propias inclinaciones, miedos y mecanismos de represión.

Gustav von Aschenbach es un escritor alemán, de padre alemán y madre con ascendencia latina. Como el propio Mann. Tan delicado y peculiar rasgo genealógico —que también sería  años más tarde fuente de animadversión y acentuaría aún más las urgencias de su exilio— me hace suponer que Mann quería esconderse solo a medias en su protagonista y trasunto.

Un escritor lúcido 

Publica Mann en esta obra en 1912. La comenzó en 1911 y la publicó en 1912, primero de forma serializada en Die neue Rundschau y luego en libro; la edición comercial de Fischer es de 1913. En ese entonces contaba con 37 años. Su alter ego dice la novela que ronda los 45-50 años. 

En un momento dado de la obra leemos:

«(…) pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuantes hasta una edad avanzada (…)»

Es decir, sostiene que el talento precisa llegar a una madurez depuratoria. Pero más adelante nos añade:

«Y deseaba ardientemente llegar a viejo, pues siempre había creído que sólo es verdaderamente grande y realmente digno de estima el artista a quien el Destino ha concedido el privilegio de crear sus obras en todas las etapas de la vida humana.»

Coherente hasta el final, Mann escribió su Doktor Fausto con 72 años, una edad ya avanzada y próxima a los 80 en que falleció. Una de sus obras más reconocidas. 

En Mann se rompen varios clichés actuales:

Que la vejez va en caída del talento literario es uno. Que cuando te dan el Nobel te están colocando en un estante y tus mejores días ya han pasado es otro. Thomas Mann recibió el Premio Nobel de Literatura en 1929. Tenía 54 años. La Academia Sueca justificó el premio «principalmente por su gran novela Los Buddenbrook, que con el correr de los años ha adquirido un reconocimiento cada vez más firme como una de las obras clásicas de la literatura contemporánea». Cierto es que el Nobel suele premiar la trayectoria, en este caso la fundamentación se centró en Los Buddenbrook (1901), sin mencionar explícitamente otras obras maestras por entonces ya publicadas, como Muerte en Venecia (1912) o La montaña mágica (1924). Amén de algunas otras, después del Nobel escribió Doktor Faustus, por tanto se negó a ser una mera pieza decorativa en el pasillo del Nobel, toda vez que consumaba su idea de pulir su talento hasta el final de sus días.

Una novela que es ante todo un arco dramático 

Muerte en Venecia: ¿puede el deseo reprimido convertirse en una enfermedad?

Si te gustan las novelas de personajes, esta es una de tus preferidas. No te preocupes por su extensión. El nivel de detalle y conocimiento de Gustav von Aschenbach que vamos a experimentar, supera con mucho a obras de más paginación.

En efecto, Gustav von Aschenbach comienza el texto siendo un hombre de maneras impecables. Dechado de virtudes, se conduce siempre aconsejado por la sensatez, la disciplina y un acusado sentido del deber. Ha superado los procelosos años de la juventud y vive su madurez en plena estabilidad personal.

Sin embargo, la evolución de la obra nos mostrará un Gustav von Aschenbach muy distinto. Carnal, libertino, febril, pasional… 

Y en una obra tan bien escrita como esta, no sobra nada. No parece haber ni una letra  contingente. Por ejemplo, cuando el protagonista toma un barco para ir a Venecia, a bordo descubre una ruidosa compañía italiana. Se fija de inmediato en un italiano que siendo mayor, finge ser más joven a fin de encajar en un grupo de personas de menor edad. Aschenbach lo juzga antinatural, falso, repugnante, deformado. 

«Aschenbach sintió cierto estremecimiento al contemplarlo en comunidad con los amigos ¿No sabían, no notaban que era viejo, que no le correspondía llevar aquel traje claro; no veían que no era uno de los suyos? Se habría dicho que, por la fuerza de la costumbre, lo toleraban sin enterarse de su incompatibilidad, lo trataban como a un igual y respondían sin repugnancia a las palmadas afectuosas que les daba en el hombro.»

¿Y cuando él mismo se encapriche de un joven? ¿Juzgará tan severamente la diferencia de edad? ¿Lo verá repugnante, antinatural…? ¿Reproducirá estas ideas tan edadistas? 

¿Nos volvemos tolerantes ante lo que consideramos una falta cuando nosotros mismos somos quienes la cometen?

Hay un recurso literario muy conocido ya, muy explotado. Un protagonista afronta un viaje. Ese viaje —en este caso a Venecia— es un recuadro que enmarca un viaje espiritual interno del personaje. Esto pasa aquí y pasa en muchas obras literarias, pero funciona bien, y a Mann, mejor.

Un adulto atraído por un adolescente ¿Por qué no causó esta obra tanto revuelo como Lolita?

Muerte en Venecia no causó el revuelo de Lolita porque, aunque ambas tratan la obsesión de un hombre maduro por un joven, difieren radicalmente en época, explicitud y naturaleza de la relación: Mann escribe en 1912, en una Europa elitista y con un código moral distinto, y presenta un deseo puramente contemplativo, adoratriz, hacia un adolescente, sin contacto físico ni sexo explícito, todo filtrado por un lenguaje estético y filosófico; Nabokov, en cambio, publica en 1955–1958, en plena moral conservadora de posguerra, una novela en primera persona que describe de forma inconfundible una relación sexual y de abuso entre un adulto y una niña de 12 años, lo que llevó a prohibiciones, decomisos y un escándalo moral que Muerte en Venecia, leída como alta literatura sobre el artista y la decadencia, nunca provocó.

Sin embargo, no podemos reducir la cuestión comparativa a una mera sexualidad explícita. No es exacto decir que Muerte en Venecia no causó revuelo “porque” no había abuso sexual; la recepción histórica es más compleja. Quizás es más riguroso decir que Nabokov construye un narrador que explicita y justifica el abuso desde dentro, mientras que Mann lo filtra por la mirada contemplativa de Aschenbach y por un lenguaje estético-neoclásico. Además, Gustav von Aschenbach en ningún momento actúa, toca, interviene, ni tan siquiera apenas habla con Tadzio. Todo permanece en una contemplación.

Filosofía por doquier

No quiero decir mucho acerca de este libro después de leer esto: 

«Los hombres no saben por qué les satisfacen las obras de arte. No son verdaderamente entendidos, y creen descubrir innumerables excelencias en una obra, para justificar su admiración por ella, cuando el fundamento íntimo de su aplauso es un sentimiento imponderable que se llama simpatía.»

Pues si le he de hacer caso al señor Mann, diría que siento mucha simpatía por esta obra suya después de haber leído.

Dice también en otro momento:

(…)casi todas las cosas grandes que existen son grandes porque se han creado contra algo, a pesar de algo(…)

¿Contra qué o a pesar de qué escribió Mann esta obra? ¿Una homosexualidad no aceptada en la época y expresión de su yo reprimido? Otro tema que ocupa buena parte del primer tramo de la corta novela es es el Heroísmo de la debilidad. Es un elogio del heroísmo de las virtudes pasivas: la paciencia, el tesón, la resiliencia, el estoicismo en suma. El heroísmo de quien sabe resistir bajo el padecimiento sin mudar el rostro ni reclamar para sí ni mimos ni condolencias. Pone ese heroísmo a la misma altura que el activo y aventurero.

Una novella sobre la tensión entre razón y pasión, disciplina artística y deseo. Mann trabaja mucho esa oposición a lo largo de la novela.

¿Qué es esta novela?

Cierro esta obra con varias preguntas sobre la libreta de notas. ¿Qué es esta novela? ¿Por qué contempla el protagonista y no actúa?

La contemplación es el corazón de la novela porque Aschenbach necesita convertir el deseo en forma: mirar a Tadzio le permite desear sin reconocer plenamente que desea. Mann hace que esa distancia estética sea a la vez refugio, mentira y condena.

Aschenbach ha vivido como un artista de la disciplina: ha reprimido el cuerpo, el azar y la pasión en nombre del deber, la perfección y la obra. Gustav von Aschenbach es la pura ortodoxia. Cuando aparece Tadzio, no lo aborda como un deseo inmediato, sino como una encarnación de la belleza: un objeto digno de ser contemplado, como una estatua clásica o una obra de arte.

En von Aschenbach chocan dos ideas del arte: la ortodoxia que la reduce a una disciplina técnica y la pasión que la contempla como algo vivo. Aunque su actitud sea contemplativa, esa distancia se rompe. Cuanto más la intenta conservar, más se revela como deseo. La contemplación, que debería elevarlo hacia lo ideal, lo hunde en lo corporal: el escritor que había hecho de la disciplina una religión descubre que su mirada también es carne.

Respecto al niño, esa elección contemplativa no es solo pudor. Es un mecanismo de defensa. La contemplación le permite evitar enfrentarse a lo que esa belleza le está desvelando de sí mismo. La novela se apoya conscientemente en el Fedro de Platón: la belleza sensible sería el camino hacia lo espiritual. Pero Mann no la usa para absolver a Aschenbach, sino para mostrar cómo la filosofía puede convertirse en coartada. Aschenbach no contempla porque sea un puro amante de la belleza; contempla porque no sabe —o no quiere saber— qué hacer con el deseo que siente.

La contemplación como máscara

Tadzio no es para Aschenbach solo un adolescente hermoso: es la belleza hecha carne, la forma perfecta que su vida de artista ha buscado sin conseguir. Por eso lo observa con tanta minucia: cada gesto, cada mirada, cada postura. No quiere poseerlo en sentido físico; quiere apoderarse de él como el artista se apodera de un modelo.

Aquí está la gran ironía de Mann: Aschenbach cree que mira a Tadzio, pero en realidad Tadzio lo mira a él. La belleza no lo redime; lo desnuda.

Mann convierte la distancia estética en una trampa magnífica. Aschenbach cree elevarse hacia lo ideal, y en realidad se está hundiendo en lo que siempre había reprimido. La belleza no lo salva: lo delata. Y cuando la peste entra en Venecia, ya no es solo una epidemia lo que lo consume: es la verdad de sí mismo, que por fin ha dejado de mirar de reojo.

La peste en Venecia, la clave para entender esta novela

La contemplación de Tadzio es, en el fondo, la única forma que Aschenbach conoce de desear. Es un hombre que ha hecho de la disciplina, el deber y el control el centro de su vida; ante la belleza del adolescente no puede permitirse el deseo directo, así que lo convierte en admiración estética. Mira a Tadzio como quien mira una obra de arte: de lejos, en silencio, sin tocarlo.

Pero esa distancia es falsa. Aschenbach no contempla por puro amor a la belleza: contempla porque así puede desear sin reconocer que desea. La novela muestra cómo una vida entera construida sobre la represión acaba rompiéndose por dentro. Es aquí dónde aparece la epidemia de peste. Venecia, con su calor, su decadencia y su peste oculta, reproduce ese proceso: bajo una apariencia ordenada y espléndida se extiende algo que nadie quiere nombrar. Venecia es un alter ego del protagonista. Admirable en sus fachadas, esconde sin embargo una realidad mefítica bajo ellas. Y además intenta esconderla, no nombrarla, soslayarla para no dañar sus intereses turísticos y económicos.

Si Venecia es Aschenbach, la peste es el deseo reprimido del protagonista.

La epidemia es aquí un recurso dramático. Es la imagen exacta de lo que ocurre en Aschenbach: una enfermedad silenciosa, negada por las autoridades y por él mismo, que avanza mientras él finge que todo sigue bajo control. Muerte en Venecia no cuenta solo la historia de un hombre obsesionado con un joven; cuenta cómo el deseo reprimido termina siendo más destructivo que el deseo confeso.

Estaba escrita en la entrada del templo de Apolo en Delfos una frase que decía así: Nosce te ipsum, que significa «conócete a ti mismo» en latín. Es la traducción de la frase griega gnóthi seautón. Sócrates y Platón usaron esta frase como base de su filosofía. Es una invitación a la introspección y a mirar hacia nuestro interior. Nos ayuda a reconocer nuestros miedos, virtudes y defectos. Sirve para tomar mejores decisiones y vivir con integridad. Y de todo esto nos está hablando Mann, quizás fue su aprendizaje vital. Es importante saber quién soy, mirarme y reconocerme en lo que hago. Tener un yo exterior coherente con el yo interior. De lo contrario, se generan tensiones que pueden hacer sufrir.

Una obra maestra de un autor al que volver.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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  • Última modificación de la entrada:septiembre 22, 2026
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