Qué bien empieza lo que empieza bien. Segunda novela de Lucía Boronat, nada que ver temáticamente con la primera, ni en el género, pero tan satisfactoria de leer como aquella.
«Miquela despertó en la quietud de su hogar ajena a los terribles acontecimientos que estaban por llegar».
Estamos en 1943. Miquela es una espigada panadera de 33 años, incel, con ganas de encontrar alguien a quien apetezca dar los buenos días cada mañana. Vive en Pedralba, un pequeño pueblo del levante español, uno de esos de los de sacar la silla al fresco a la calle y llevarle la vida a “Mariquilla y to la villa” como decimos en Andalucía, que también gustamos de esas aficiones.

El turno de Miquela

Autora: Lucía Boronat Brisa
Año: 2025
Editorial: Arola Editors
Autora: Lucía Boronat Brisa
Año: 2025
Editorial: Arola Editors
Muy bien recreada aquella España en que se vivía en la calle; donde los niños quedaban con secuelas de la poliomelitis, donde una boda era un acontecimiento del que se hablaba todo un año; donde si llegaba alguien nuevo a vivir al pueblo era una cuestión de estado.
Y eso es justo lo que sucede en el pueblo de Miquela: de Barcelona, con vitola de enigma, ha llegado Eduardo. La buena de Miquela tiene tal vez una vida anodina, pero sencilla y tranquila. La llegada de Eduardo lo va a poner todo patas arriba en la vida de la panadera.
¿Por qué? ¿Quién es este hombre del que nadie sabe nada y que a algunos da mala espina? Te toca leer la novela para descubrirlo.
El tropo
La novela se enmarca en un tropo ya conocido, cuyos más ilustres conocidos pueden ser Barbazul (Charles Perrault), Sospecha (Francis Illes) o Retrato de una dama (Henry James), y más reciente y menos conocida El angelical rostro del mal (Eva Zamora).
De las mencionadas, con la que más ADN comparte es con la novela de Francis Iles (Anthony Berkeley) ya reseñada en este blog.
Con estas citas quiero mostrar, no contar, a quienes tengan referencias de esas novelas. Esta obra persigue ese esquema aunque es capaz de —muy capaz— encontrar sus bifurcaciones, amén de meterla en un contexto español de la primera mitad del siglo XX.
Decir que una novela es un patrón, no le quita mérito. Sigue los encajes de un subgénero, nada más. Eso en principio no es malo ni bueno, porque se puede hacer bien o mal. Boronat me ha vuelto a convencer. Escribe bien, contenido, eficaz, depurado… pero con fuerza y vocación literaria:
«Aquí estoy, simulando una vida perfecta junto a mi verdugo».
Pero Boronat mete una marcha más, saca la novela de la ñoña candidez con que conoces a Miquela y la desarrolla en un arco dramático muy acusado que potencia mucho el desenlace de la trama. Cuando los personajes no son planos —la protagonista al menos— las novelas tienen mucho más trasfondo, más trabajo detrás y más sentido.

¿Es una novela literaria?
Sí. A la anterior novela de la autora la definí como una buena novela de entretenimiento, pero en esta veo un aumento del carácter literario. Lo explico así:
Es una novela que nos tantea acerca de muchas cuestiones: amistad, amor, pareja, lealtad, existencialismo, autorrealización, moral, dilema ético… pero en ninguna pontifica. En ninguna es maniquea ni nos dice qué pensar. No nos inclina a una opinión. Nos deja leer, observar y sacar nuestras propias conclusiones. La autora no tiene miedo a que sus lectores enjuicien a sus personajes. Al contrario, da libertad para que lean y piensen, para que interpreten.
Para mí, esto es literatura y merece ser vindicada.
El tiempo
Ya en el titular la obra emplea la palabra “turno”, que tiene mucho que ver con el tiempo.
Miquela es una mujer partida entre el tiempo Cronos —el tic tac del reloj biológico, la edad— y el tiempo Kairós, el momento vital que no llega: encontrar la persona con quien compartir su vida.
Cuando aparece Eduardo, la autora rompe ese equilibrio entre Cronos y Kairós para generar una tensión narrativa. Veremos a Miquela tomar decisiones precipitadas (respecto del Cronos), motivada por la urgencia de no dejar pasar la oportunidad (Kairós). Esas decisiones carentes de serenidad, empujadas por la necesidad, urgidas por la presión social y la comparación con otros, suelen salir mal. Con Machado diremos:
“Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que el partir te inquiete.”
En esta encrucijada de la mujer insatisfecha, Boronat ha sabido encontrar conflicto, tensión y acción.
El superyó
La presión social. El qué dirán. Miquela tiene una hermana dos años menor. Se compara con ella, se mira en ella, depende de ella… y de cierta manera la envidia y la repudia. Su éxito contrasta con su fracaso.
Sobre Miquela, la autora carga el peso de la comunidad, los cuchicheos de las vecinas, las etiquetas, remoquetes (solterona, quedada…) y las comparaciones.
Es fácil retratar y reconocer ese matiz en un pueblo español de la posguerra. Pero, ¿no sigue habiendo mucho de eso en nuestras ciudades y nuestra vida urbanita?
Todos estos elementos le dan a la novela unas capas de profundidad que la hacen más interesante. Pasa de ser una novela entretenida a una novela con intención literaria.
Miquela y Lola
La Miqueleta es un personaje muy bien dibujado. Tiene algo de Elisabeth Bennet, que rechaza pretendientes hasta que llega el que la desarma; algo de Yerma, se explica solo; algo de Jane Eyre, en su orfandad y autonomía; algo incluso de Anna Karenina, que sacrifica todo por un calentón… Tiene algo de aquella pacata narradora de Rebeca, que temía el consumar su matrimonio con el experimentado Maxim de Winter…
Lola, su hermana, es una especie de Némesis, no por la diferencia de carácter respecto a Miquela, sino por aquella condición de la diosa mitológica de aplicar la justicia retributiva.
Una novela muy literaria, con fondo
A su manera, “El turno de Miquela” es un estudio psicológico profundo sobre la libertad individual y las consecuencias de las decisiones propias.
También es un elogio de la vida sencilla. Una reflexión que nos invita a aceptar la vida que se nos da, a descubrir lo bueno que hay en ella y no andar cegados por aquello que echamos en falta. Una pugna entre racionalismo y pasión, donde sucumbir a esta supone un precio altísimo.
Saber escoger los momentos y aprovechar los trenes que pasan en la vida. El Kairós de la vida, que tantas veces tiene más importancia que Cronos.
Y por encima de todos estos pensamientos y mensajes nos deja una interrogante: ¿vale todo cuando la moral está de nuestra parte? ¿Podemos sacrificar la moral personal en nombre de la moral?
Todo esto se desliza en una novela tan aparentemente sencilla y que merece mucho la pena ser leída. Ideal para un club de lectura.

