Esta edición de La secuestrada de Poitiers seguido de El caso Redureau, publicada por Plataforma Editorial en 2025, presenta la obra original en francés de André Gide, editada por primera vez por Éditions Gallimard en 1930, en una nueva traducción al español realizada por Paula Espinosa.
Con el permiso de la Fondation Catherine Gide, esta versión data de junio de 2025, ofreciendo a los lectores una oportunidad renovada de explorar este texto emblemático del autor, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1947, diecisiete años después de publicar este trabajo.
Publicado en 1930 por André Gide, este libro reúne dos fascinantes relatos basados en hechos reales que marcaron un hito como uno de los primeros ejemplos de true crime literario. 36 años antes de A sangre fría, de Truman Capote.
El 22 de mayo de 1901, una misteriosa denuncia anónima alertó al fiscal de París sobre una joven confinada en condiciones deplorables en Poitiers, en el desván de una familia de alta sociedad, que llevaba recluida en condiciones infrahumanas unos veinticinco años. Al saberse, la memoria colectiva retrotrajo la historia de la hija mayor de la familia, que había desaparecido mucho tiempo atrás…
No te estoy diciendo nada que no venga recogido en la tapa posterior del libro. Es más, con lo que ahora sabes, igualas en condiciones a los lectores franceses que recibían la publicación del libro allá por 1930. El caso generó conmoción en la opinión pública. Todos sabían qué había ocurrido cuando Gide publica el libro.
Así que tanto los franceses de 1930 como ahora tú estáis en igualdad de condiciones. Todos iniciamos la lectura con la misma pregunta: ¿por qué?
El suceso impactó desencadenando el escandaloso caso de la secuestrada, mientras que el caso Redureau explora un crimen igualmente perturbador.
Gide, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1947, narra estos eventos con un estilo único, combinando su aguda observación psicológica y su maestría narrativa para ofrecer un retrato vívido de la época, lleno de intriga y análisis social.
Esta edición de Plataforma Editorial, lanzada en 2025, invita a los lectores a sumergirse en estas historias reales, escritas por un autor cuya pluma trasciende el periodismo para convertirse en arte literario.
La historia de este libro

André Gide escribe en la “Nueva Revista Francesa” (Nouvelle Revue Française) y allí da inicio a una colección cuyo título es “No juzguéis“.
La temática eran los crímenes más sórdidos. Los que conmocionan a la opinión pública porque se salen de la criminalística habitual y escapan a la psicología del crimen ordinario.
El formato elegido es la crónica de sucesos. El primero de la serie es precisamente La secuestrada de Poitiers. Es un crimen, ya lo sabes por lo que sabes, donde los que conviven con la chica son los culpables. Esto tiene poca duda en veinticinco años de cautividad. ¡Sin embargo salen absueltos! Esto deja in albis a Francia entera.
Como dije más arriba, la lectura empieza con por qué. Esa era la pregunta que había en el país galo.
Otra de las crónicas recogidos en “No juzguéis” es el del Caso Redureau.
La secuestrada de Poitiers
Un caso más de psicología clínica que de investigación forense. Y hasta aquí puedo contar porque no quiero desvelarte nada.
Pero, si esto es una crónica de un hecho conocido, ¿qué temes desvelar?
Pues sí, es un texto periodístico. Su redacción tiene un estilo tan preciso que parecería sacado de un periódico de hace no tantos años. Incluso actual, si hacemos la vista gorda al clic bait y otros pecados del periodismo moderno. No ha lugar a la lírica ni la menor licencia literaria.
Y esto es lo que más me llama la atención. Que dentro de ese estilo tan sobrio y riguroso, Gide consigue generar unas imágenes y unas sensaciones al lector de gran potencia evocativa. No me preguntes cómo, pero al leerlo experimentas unas reacciones propias de novela.
Ahora bien, no es una obra imprescindible. Digamos que es una curiosidad. Un texto que llama la atención, inesperado en un Premio Nobel. Si lo miramos así, pues es un texto que merece la pena tener en tu biblioteca por lo particular de su propósito y porque sienta las bases de un género periodístico y de un género literario posterior, de enorme popularidad por cierto: el true crime.
El caso Redoreau
Redoreau es un joven que en un arrebato asesina a su empleador y a toda su familia. En total siete homicidios cometidos en lo que al parecer es una dementia brevis que, como se verá, puede estar precipitada por unas condiciones laborales —el chico era vendimiador— basadas en jornadas interminables.
De nuevo, se persigue una aproximación psicológica al criminal. Esto, que hoy nos parece totalmente normal y habitual, en 1930 suponía mirar más allá de la mera ciencia criminalística de la época, cuyo único interés era esclarecer los hechos y no tanto mirar sus causas.
Cómo está escrito
Estilo 100% naturalista. Sí, André Gide fue muy crítico con el naturalismo, pero en una etapa más madura de su carrera. En 1930, el tipo escribía estas crónicas con un estilo que recuerda a autores como Zola.
Vale, y traducido a este libro y a cómo es, ¿qué significa?
En 1930 André Gide publicó “La secuestrada de Poitiers” y “El caso Redureau”, y estos textos manifiestan claras tendencias naturalistas en su enfoque y estilo. Ambas obras presentan crónicas criminales tratadas con una frialdad casi científica, donde Gide busca relatar los hechos con objetividad, sin interpretación moral explícita, lo que deja al lector en libertad de indignarse, sorprenderse o desconcertarse frente a la crudeza de la realidad expuesta. Lo que se busca es presentar la realidad, incluso la más sórdida, de manera precisa y desapasionada. Será el lector quien ponga las reacciones y valoraciones. El autor te asoma a la escena, de la mejor manera posible, y cuando se asegura de que estás mirando y viendo lo mismo que él, enmudece para que tú evalúes libremente lo que miras.
O sea, que si buscas la prosa bonita de Gide, búscala en otra parte. Esto es una crónica documental próxima al género true crime, uno de los primeros en la tradición literaria, lo que muestra la capacidad de Gide para adaptarse y experimentar con estilos y premisas distintas a lo largo de su carrera. En estos relatos, el detallismo en la descripción de los hechos, la renuncia a embellecerlos literariamente, la objetividad extrema y el foco en casos marginales y trágicos son rasgos propios del naturalismo.
Hay además un cientificismo casi excesivo. Hablando de la adolescencia, por ejemplo, te dice:
«A la vez que disminuye la resistencia física, y que el cuerpo presenta menor inmunidad contra las influencias morbíficas, se produce una especie de ruptura momentánea del equilibrio mental con un desarrollo excesivo del sentimiento de la personalidad, susceptibilidad exagerada, hipocresía psíquica (…) las impresiones que llegan a su cerebro se transforman más irresistiblemente en incitaciones motrices»
Y pasa a dar estadísticas de conflictividad en centros educativos alrededor de los quince años de edad.
Qué diferencia hay de un true crime a esto
Que Gide mira más allá. En estas breves crónicas, además de lo ya anotado, los detalles del relato, testimonios, fechas, veredictos… hay una reflexión de fondo.
Gide reflexiona acerca de la responsabilidad penal y la psique del criminal.
Es decir, Gide no se preocupa solamente por el esclarecimiento de los hechos, sino que piensa en las causas que los motivaron.
¿Está buscando factores de riesgo? ¿Intenta poner una de las primeras piedras en la detección temprana del criminal?
Resuena con las corrientes de su época. Con el avance de la psicología moderna. Es un libro que analiza psicológicamente a los implicados. Dibuja un retrato mental de todos ellos y trata de ver qué rasgos u comportamientos pudieron influir en dos casos tan extremos —y en el caso de Poitiers, raros— como los que se mencionan aquí.
Esto buscaría una mirada anticipada al crimen. En una aproximación ya posterior a la comisión de un crimen, Gide evalúa el grado de responsabilidad del sujeto y lo vincula al estado psicológico del mismo.
Y deja perlas que deberían meditarse incluso hoy. Especialmente esta:
«Es bastante desconcertante pensar que, en el estado actual de la jurisprudencia, habría sido más ventajoso para el acusado presentar el carácter de degeneración de un ser predestinado al crimen (…) habría permitido al jurado acordar el beneficio de “circunstancias atenuantes” (…) un procedimiento así (…) deja más libertad a un predestinado que no puede no matar que a uno al que la dementia brevis ciegue por accidente.»
Es decir, Gide nos previene sobre una discriminación positiva en favor del psicópata innato, frente a un criminal ocasional sobre el que cae todo el peso de la justicia, sin atenuantes por su condición. Lo que nos dice Gide es que el psicópata es mucho más peligroso que el criminal contingente y sin embargo ve reducida su condena por no poder imputarle un grado total de responsabilidad consciente de sus actos.
Para Gide leyes así «no protegen a la sociedad y satisfacen bien poco nuestra necesidad de justicia».
Y esta es la principal diferencia de un true crime actual y una crónica de sucesos escrita por un tipo tan brillante como Gide. La capacidad de sacar algo más, —algo de valor para todos— que el morboso interés de saber qué ocurrió.


