Ian McEwan presenta «Lecciones», editado por Anagrama

Ian McEwan presenta Lecciones, editado por ANAGRAMA
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Ian McEwan en español, se dice ANAGRAMA. Una vez más —y ya van 20 títulos del autor editados por la editorial de Jorge Herralde—, presenta su última novela, «Lecciones» la más extensa de su repertorio con la editorial que lo dio a conocer en España y Latinoamérica. Una edición para la que se ha contado con la traducción de Eduardo Iriarte, y que también está disponible en catalán: «Lliçons» con traducción de Jordi Martín Lloret.

Ian McEwan presenta Lecciones, editado por ANAGRAMA
Ian McEwan presenta Lecciones, editado por ANAGRAMA

De qué trata

Lecciones es la historia de Roland Baines. Desde su niñez a su vejez. Una vida difícil, que corre paralela a los grandes acontecimientos sociopolíticos de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Una obra —que tiene muchos puntos en común con la vida de Ian McEwan—, en la que el autor nos quiere reflejar como esos grandes acontecimientos, pueden afectar vidas concretas, sencillas y corrientes y marcarlas para siempre.

Roland Baines es un chiquillo malhadado. Sus padres lo envian a un internado. Lejos de sus padres, tomó lecciones de piano con una joven profesora llamada Miriam Cornell, con quien va a tener una experiencia fascinante y traumática a partes iguales, que marca su vida para siempre.

Conocemos también al Roland adulto. Sus viajes, su matrimonio, su paternidad… y su fracaso matrimonial. Su mujer, Alissa Eberhardt, lo abandona sin dar ningún tipo de explicación y esto hace que Roland se replantee su vida entera, buscando respuestas a lo sucedido. Hijo, amante, esposo, padre y abuelo. Acompañamos a Roland a lo largo de toda su vida y vamos aprendiendo a su paso diferentes lecciones, las que McEwan nos regala con esa pluma fértil y reflexiva que le caracteriza.

El sexo, las drogas, la amistad y el fracaso… la crisis de Suez, los misiles de Cuba, la caída del Muro de Berlín, Chernóbil, el Brexit, la pandemia, la invasión del Capitolio… Una novela casi total, en la que McEwan nos deja un trazo extenso que nos permite acercarnos mucho al interior de este autor, ya casi de culto.

Lo que significa esta novela para McEwan

Se busca el impacto de lo grande en lo pequeño. «Quiero ver las consecuencias concretas en vidas particulares, de grandes sucesos como la guerra» dice el autor, que se ha acordado de las muchas vidas —de niños como el personaje— que se están viendo afectadas, interrumpidas y marcadas por el conflicto de Ucrania.

Roland será uno de los grandes personajes del autor. A decir del propio McEwan:

«Roland es el tipo de persona que habría sido yo de no haber encontrado la literatura»

Es decir, no es un trasunto suyo, pero queda cerca. Un libro escrito al calor del confinamiento, que liberó al autor de sus muchos compromisos y le permitió madurar esta obra, que sigue una pauta de escritor brújula, donde partiendo de una idea, va tras el personaje tomando notas de lo que le sugiere, dejándole ser y crecer hasta convertirse en el Roland que da vida al texto.

Escribí buena parte de esta novela durante el confinamiento y pude entender que yo había estado casi toda mi vida confinado, como suele pasar con los escritores. Pude hacer una inmersión total en Roland

Hay una honda reflexión tras la concepción de esta novela. Para McEwan:

«La mayoría de los hitos de nuestra vida no quedan resueltos. Se integran en lo que eres, pero no se cierran, quedan sin resolver.»

Una obra trascendente, profunda y repleta de acción. Un relato que sigue el compás de unas décadas tumultuosas y conflictivas que llenan de vida las páginas del autor británico. McEwan logra un ejercicio introspectivo que, sin embargo, sorprende por su universalidad.

Roland tiene mucho del autor, pero también de todos.

Escrita de memoria, como la memoria.

La línea temporal queda rota por la analepsis. En opinión de McEwan, así debe ser en una novela en que el material literario no es fruto de la investigación sino de un ejercicio de memoria. Y la memoria es oscilante, infiel, imperfecta. Va y viene. De ahí esa temporalidad deshilvanada pero perfectamente encajada en una narrativa magistral.

«A la novela siempre le ha interesado narrar un tiempo subjetivo. Por eso a los lectores les resulta tan sencillo asimilar los giros temporales de la lectura»

Los flujos de conciencia nos meterán dentro del personaje. Acaso del autor, por la parte de Roland que comparten, como siameses, a veces, otras no, según la intención que en cada momento tiene este prestidigitador de la palabra escrita.

«La novela es la mejor manera de mostrar el flujo de conciencia y probar qué es ser otra persona»

El Ian McEwan más lleno de sabiduría

¿Cómo compartir lo aprendido en toda una vida? Esta es la pregunta que parece hacerse el autor. Nos dice:

«Si crees que has aprendido algo por tener más de setenta años, el único consejo que puedo dar es que escribas una novela»

El autor es defensor total de la novela. Para compartir lo aprendido, la prefiere a la autobiografía por la capacidad de la novela para integrar no sólo los datos biográficos, sino enriquecerlos con sentimientos, emociones y percepciones subjetivas.

ANAGRAMA anuncia que el primer libro de relatos de McEwan «Primer amor, últimos ritos» está también disponible en una nueva edición dentro de la colección Compactos, lo que expresa la apuesta decidida de la casa por este autor.

Un Ian McEwan que ya cuenta setenta y cinco años. Mira la vida desde esa atalaya que da la madurez y desde ahí nos regala esta novela tan cercana a la mirada de todos.

«Yo nunca quise un trabajo formal. Me siento un privilegiado de haber podido ser escritor durante más de cincuenta años»

Un bagaje vital que cae en manos del lector. Este libro tiene algo de regalo.

Un McEwan lleno de vida

Una novela con valor en presente. McEwan, que vivió en primera persona muchos de los hechos referidos en la novela, precísamente alerta sobre nuevos desafíos y riesgos de nuestra actualidad:

«Está desapareciendo la libertad de expresión en muchos estados autocráticos. Los que vivimos en países libres, también estamos siendo coartados para no incomodar. Tenemos que tener una sociedad libre y abierta. Si encuentras un libro que no te gusta, puedes opinar lo que quieras, pero no tratar de aislarlo».

Un alegato en favor de la libertad. El libre pensamiento y expresión son condiciones innegociables para la labor del escritor, quien ha recordado una conversación con Philip Roth, quien le aconsejó:

«Siempre tienes que escribir como si tus padres estuvieran muertos»

El revisionismo histórico también es objeto de su preocupación. Recomienda —a los aficionados a juzgar el pasado con coordenadas actuales—:

«Hay que preguntarse cómo nos verá a nosotros el futuro. Cómo nos juzgará. ¿Por qué nos condenarán? Tal vez encuentren horrible que bebamos leche de vaca, que para nosotros es algo completamente normal. Quizás nos reprochen reaccionar tan tarde al cambio climático»

Ian McEwan estrena nuevo título en español. Eso siempre es una buena noticia. Encontrar al autor más reflexivo y reivindicativo que nunca —sin perder la sonrisa ni el tono en ello—, es doblemente jubiloso. Y nos deja una advertencia: no confundir al autor con su obra. Lecciones, es paradojicamente una novela que se puede confundir perfectamente con el propio McEwan.

Por eso sé que nos gustará.

Los títulos de crédito de la fotografía del autor corresponden a Annalena McAfee

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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