Lecciones. Ian McEwan. Anagrama

Lecciones Ian McEwan
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Lecciones Ian McEwan. 2022. Traducción de 2023 de Eduardo Iriarte. Editorial Anagrama

Relato poliédrico. Esta novela se parece a una de aquellas bufandas multicolores que cardaban las abuelas. Igual que sus diferentes hilos se iban entrelazando, McEwan enhebra diferentes madejas en esta historia: es novela social; tiene algo de novela histórica; tiene algo de romanticismo; algo de novela existencialista… y al final, en su conjunto, es una novela realista tal como el atajo aquel acaba formando una bufanda. Pero es mucho más que una bufanda. Tirando de cada hilo tienes un color. Pues en esta narración, McEwan consigue también ese efecto.

Un libro idóneo para una cápsula del tiempo. Cuando la abrieran los hipotéticos habitantes del futuro, encontrarían el mejor compendio posible sobre historia de la segunda mitad del siglo XX.

Está todo. Desde la vida opresiva en la Unión Soviética hasta los conciertos de Bob Dylan en Earls Court. Todo.

Y todo lo recorres de la mano del protagonista. Roland Baines es una especie de trasunto del hombre del siglo XX. De filocomunista a desencantado tras conocer la realidad al otro lado de Check Point Charlie. Del enamoradizo joven al desencantado adulto. Un personaje notable con un arco dramático muy bien dibujado.

Argumento

Roland Baines es un niño en un frío internado. Allí, alterna sus clases elementales con las de piano, a cargo de una tortuosa mujer: Miriam Cornell con quien vivirá episodios de los que será deudor toda su vida.

Roland Baines también es un padre soltero. Estamos en 1986 y su mujer, Alissa, lo ha dejado solo con un bebé recién nacido:

«No intentes localizarme. Estoy bien. No es culpa tuya. Te quiero, pero esto es definitivo. He a estado viviendo una vida equivocada. Intenta perdonarme, por favor»

Y vemos a Roland muy perdido. Los años ochenta se imponen con su peso histórico sobre las personas de su época, incluidos aquellos abandonados por sus esposas:

«Había creído que podía amadrigarse, pero el mundo había ido a buscarlo»


Procesos y evolución. El libro te irá enseñando al Roland de antes y el de después.

Básicamente el hilo argumental es seguir la vida de Baines. Ver qué peso tiene ese episodio de su vida con su profesora de piano.

Lecciones Ian McEwan

Personajes

Roland Baines. El protagonista y centro de la historia. Su historia personal, su arco dramático y sus procesos de metanoia son en realidad este libro. Baines es un niño traumatizado y un adulto perdido. Intelectualmente capaz, es también de carácter débil. Intenta ser poeta, ha sido periodista… en todo ha sido bueno pero en cuanto aparece la imperfección, abandona. Tiene muy baja tolerancia a la frustración.

Es un libro que demanda tu atención. Va a ir dándote píldoras de información como pepitas que caen de un bocadillo por el camino. En un sitio nos dirán que es inglés, en otro que tiene 37 años, en otro que su colegio de la infancia estuvo en Libia…

Roland Baines es pusilánime. La vida, como se suele decir, lo ha superado. Académicamente no se pertrechó de nada que pudiera vender más tarde. Vive solo con su bebé recién nacido, dolido por el abandono —continente de por medio— de su esposa, toda una desertora. Su morada es una exangüe casa londinense, de esas que cuando las visitas, crees sufrir un delirio ocular del tipo de los de El Greco. Una vida menesterosa, muy afectada por su falta de carácter.

Miriam Cornell. La mujer que marca la vida de Roland Baines. Un personaje que atraviesa un arco dramático importante, del abuso a la culpa. No llegamos a saber tanto de ella —tampoco se queda coja o sin explicar— por su propia historia como por el impacto capital que tiene en el protagonista. Es un actante.

El personaje de Alissa es sensacional. Una mujer joven que va a abandonar a su hijo recién nacido y quitarse de encima a un marido tóxico, para emprender una carrera literaria de éxito. La evolución de sus novelas la secuenciará McEwan como recurso para ir desgranando muchos elementos de su relato a través de ella. Es un personaje que plantea el debate que ya planteara en parte Virginia Woolf en Una habitación propia. La mujer, para ascender, necesita talento y estar libre de ataduras. Tal vez aquí el autor nos hace reflexionar si eso puede tener un precio y si es elevado o no. También nos pregunta quién paga esa factura. Es interesante este personaje.

Daphne es otro personaje femenino interesante. Mujer de perfil bajo, es la única capaz de sacar a Roland de su erotomanía heredada de sus traumas y conducirlo a una vida familiar, vinculada y emocionalmente sana.

Hay otro gran personaje en esta novela. La segunda mitad del siglo XX. Está al fondo de todo, como decorado unas veces, como contexto otras. Sin embargo, tiene tanto impacto en la vida de Baines y del resto de personajes —los condiciona por completo en determinados momentos— que puede considerarse o un verdadero actante o, a mayores, un personaje en sí mismo. Uno que es violento, denso, amenazante, intenso, cruel pero a fin de cuentas esperanzado.

Estructura narrativa

El libro está estructurado en dos tiempos narrativos. Está el presente de Roland, un tipo desalentador que vive en Inglaterra en el segundo lustro de los años ochenta. El otro tiempo narrativo es la niñez de Roland. En el primero te muestra al personaje, y en las analepsis viaja al pasado para explicarte por qué Roland es quien es.

No son episodios puros. Esto es: no es un episodio de presente y otro de pasado y así sucesivamente. Generalmente en el mismo capítulo —de una extensión media de unas cincuenta páginas—, aparecen mezclados los tiempos narrativos.

No es literatura comercial. El tiempo es un concepto más de Kairós que de Cronos en este libro. Importa más el análisis de lo que se está narrando, el impacto en la vida del personaje, el flujo de conciencia… que la cronología de los hechos. Es una novela realista y de gran profundidad.

Y en la suma de todos los episodios, una crónica. La del siglo XX tras las dos grandes guerras. La segunda mitad, no tan bélica pero también muy agitada.

Obra de fondo con mucho contenido filosófico

Individuos y sociedad. Nos hace pensar McEwan  sobre nuestra condición individual y también sobre nuestra vertiente colectiva.

Nos habla la novela de los infiernos propios. Los que nos creamos a partir de nuestro carácter, o de la debilidad de este. La desdicha que soportamos por decisiones propias, dice, son una extensión de nuestro carácter. Nos dice McEwan que la felicidad o infelicidad depende de nuestras decisiones y errores en buena parte.

Pero también nos habla de los grandes temas colectivos. Individuo y sociedad. Uno de los temas que preocupan como hilo conductor de los diferentes sucesos geopolíticos que se mencionan —y se mencionan bastantes— es el pastoreo de masas:


«Roland no tenía privilegios especiales. Estaba ahi con los demás y tendría que prestar atención a las declaraciones públicas, las garantías creíbles apenas en una cuarta parte de líderes que, por convención, menospreciaban a la ciudadanía. Lo que era bueno para la idea de las masas que tenia un político podía no ser bueno para ningún individuo»


El protagonista nace en 1950. Su vida acompaña todos los grandes momentos de la segunda mitad del siglo XX y, a través de él, McEwan nos va mostrando cómo impactan —y condicionan— esos momentos colectivos en las vidas corrientes de personas sencillas. De cualquiera.

Por ejemplo la crisis de Chernóbil. El miedo, la psicosis, las erráticas primeras medidas, las primeras mentiras oficiales… no sé, pero bien se puede extrapolar ese caos a 2020 y el Coronavirus.

Preocupación por cómo los acontecimientos públicos se imponen al individuo. Esa es la nota dominante de la novela. Y la guerra destaca entre todos los acontecimientos por esa capacidad suya de imponerse a propios y extraños.

Otra preocupación constante de la novela: el peso del pasado. Pesa sobre todos los personajes, o al menos sobre el protagonista indiscutible y sobre los actantes principales. Pero también pesa sobre el colectivo. Por ejemplo nos muestra cómo pesa sobre la Alemania de la segunda mitad del siglo XX la Alemania del Tercer Reich. Muestra cómo pesa sobre las naciones que se escinden de la URSS el peso de tantos años de represión. Lo expresa muy bien en este párrafo:


«Las noticias de televisión de la víspera insistían en lo fácil que resultaba identificar a los «Ossis» por su ropa barata, sus cazadoras vaqueras mal confeccionadas. Pero Roland no veia tal cosa. Lo que tenían en común era cierto aire aturdido y vacilante. Sospechaban que esto no podía durar. Dentro de poco los harian volver al Este para recibir alguna clase de castigo. Era inconcebible que las autoridades quedaran privadas tan de  repente de su influencia sobre las vidas privadas.»


El libro aporta Lecciones. Me parece atisbar posiciones políticas claras en el subtexto de la obra, pero admito que son impresiones personales, nacidas al hilo de la lectura, pero subjetivas al fin y a la postre. Creo adivinar en McEwan un europeísta, alguien que, tras haber analizado el siglo XX y las catástrofes ideológicas que asolaron Europa, abraza con delectación la idea de una Unión en la que no necesitaremos pasaporte para movernos.

Sabemos que McEwan es contrario al Brexit. Se opone con ironía y habilidad en su obra La Cucaracha también presente en la colección Panorama de Narrativas de Anagrama.

A una novela titulada “Lecciones” le vamos a pedir lecciones:


“Estaba bajo un cielo más grande. Ya no eres el hijo de tu padre. Ahora eres el único padre. Nin- gun hombre se interpone entre tú y el camino despejado hacia tu propia tumba. Deja de fingir: el alborozo es adecuado, igual que la pena. Era novato en la muerte, pero sabía que debía desconfiar de los sentimientos iniciales. Sin duda eran prueba de un trastorno razonable y se desvanecerían. De espaldas a la habitación, viendo la lenta procesión del tráfico, sopesó las opciones. Enterrabas a tus padres o te enterraban ellos a ti y lloraban con mucho más dolor de lo llorar tú nunca por ellos. No había mayor aflicción que perder a un hijo. Así que considera afortunados a tu padre y a ti.”


McEwan respeta escrupulosamente el contrato con el lector. El resultado es una novela interesante, trascendental y ambiciosa, que se lee con facilidad y alimenta numerosas reflexiones.

Una de ellas, la importancia de la adolescencia. Etapa crucial en la formación de una persona. Hoy, los jóvenes acceden a una vida sexual adulta muy pronto, y las sociedades se preguntan si están preparados o no. McEwan parece decir que no, que ciertas edades formativas del individuo no son aptas, por inmadurez, para explorar mundos que le vienen un poco grandes.

Los errores de juventud, te persiguen toda la vida.

También reflexiona el libro sobre la verbalización de los problemas. La importancia de comunicar, de hablar, de verbalizar para tomar conciencia; para hacer el esfuerzo de llamar a las cosas por su nombre; para que nuestro interlocutor nos ponga luz cuando la oscuridad nos nuble el juicio que hacemos de los hechos.

Otro subtema es la madurez. Arianna Puello dice que «la experiencia se consigue cuando ya no la necesitas», y de eso va este libro. Los errores de la juventud, son coherentes con la falta de experiencia, con las pulsiones de la edad. Pero pesan y marchan con marcialidad sobre la vida del adulto. Las decisiones más determinantes de nuestra vida, nos abordan cuando carecemos de experiencia, una herramienta muy valiosa cuando se quiere acertar en la encrucijada.

Trabajar para superar los problemas. Dicen que el tiempo lo cura todo. Sí. O lo empeora. No dejar al tiempo —ese gran nadie—, la responsabilidad de mirar a la cara nuestros errores y trabajar en superarlos. Es tarea nuestra y calidad de vida.

Edición

Pasta blanda. Papel blanco ahuesado y poroso. Es un libro con un diseño agradable, que está ya cerca del llamado “alto lector”, es decir, aquel lector que tolera un interlineado un poco más reducido; un tamaño tipografico menor y unos párrafos más densos de lo que acostumbra el bestseller para el lector comercial. Si siguiera esas premisas, el libro, fácilmente se iría a una paginación muy abultada ya.

Los márgenes muy generosos, favorecen la comodidad lectora.

El diseño de portada es excelente. Ilustra muy bien a ese niño pianista cuya sombra se proyecta en el adulto que será mañana. Compendia muy bien la historia que nos cuenta el libro. Por lo demás, un Anagrama de la Colección Panorama de narrativas, que cualquier lector habitual conoce a la perfección, con ese color vainilla, el nombre del autor/a en letra de palo seco y el título con serif. Sobriedad y buen gusto.

Conclusión

Un libro intimista para leer con fluidez, pero sin prisa. Una novela que no se da a la lectura facilona que rebaja el nivel para aumentar el número de lectores. Un relato que no teme hacer digresiones. Por ejemplo, en un momento dado Roland Baines está empaquetando los libros de su mujer desaparecida. Se cruza con Youth & two other tales (Juventud y otros dos relatos) de Joseph Conrad. No los menciona sin más. Los reseña y te los extrapola al personaje para hacer un juego especular con su realidad. Este es el nivel que te da McEwan.

Es un libro que todo el mundo puede leer. No se necesita de gran preparación previa. Lo puede disfrutar tanto el que quiera hacer un recorrido por la mutación de la Europa de las dos grandes guerras hasta la Unión Europea siguiendo el hilo conductor de una trama, como aquel que quiera mirar más allá de la superficie y desgranar todas las Lecciones que nos proporciona Ian McEwan.

Lectura para adultos ya hechos. Lo puede leer un lector más joven, pero es una mirada a una vida entera desde la atalaya de la madurez, por lo que si tienes cierta veteranía, el nivel de interacción con la narración será más elevado. Te interpela más. McEwan tiene 75 años ya, y escribe estas Lecciones desde ese alminar.

Pero si te llama la atención y eres joven, adelante. Te gustará.



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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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