La mujer abandonada, de Balzac

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La mujer abandonada de Balzac. Escrita en 1832, es una obra hija de su tiempo pero tan universal que sigue viva. Casi doscientos años después.

Una pequeña pieza dentro del gigantesco mosaico de La comedia humana. Una especie de spin off de El tío Goriot. Es el choque entre una visión romántica y una realista de las relaciones y las pasiones. La juventud idealista y nefelibata frente a la madurez que mira el amor con el cinismo que expele la cicatriz.

Y aunque Balzac es un prócer del realismo, en esta obra se encuentra muy en forma cierta querencia de romanticismo. Y eso le da un barniz especial a esta pequeña pieza que ahora forma parte de la excelente colección Pequeños Placeres, de Ediciones invisibles.

De qué va

En una pequeña ciudad de Normandía, el joven barón Gaston de Nueil llega al campo para curarse de una crisis nerviosa y se encuentra con un misterio local: la vizcondesa Claire de Beauséant, una aristócrata hermosa y retirada del mundo tras un matrimonio fracasado y un escándalo amoroso que la ha dejado socialmente proscrita.

Intrigado por su leyenda y por la obstinada reserva con que la corte entera la rodea, Gaston convierte su curiosidad en obsesión y acaba forzando un encuentro con ella, dispuesto a demostrarle que aún puede ser amada.

La relación nace en medio de resistencias: Claire, marcada por el abandono y por la edad que empieza a separarla de Gaston, intenta mantenerse fiel a su renuncia, pero la insistencia apasionada del joven y su propio deseo de no vivir eternamente en el duelo la llevan a…

No. Eso ya no te lo cuento. Te toca leerlo.

El retrato de una época

Quien quiera conocer la Francia del XIX, tiene que buscar en manuales de Historia, más o menos ásperos o tirarse de cabeza al río de tinta que escribió Balzac.

Quien opte por la primera vía, conocerá los grandes hechos. Quien prefiera a Balzac conocerá los ambientes, las costumbres, las disputas y contingencias a pie de calle. Uno sabrá lo que marcó el pulso social, otro, lo vivirá como si allí mismo hubiera estado.

Por eso Balzac es un clásico. Por eso seguimos leyéndolo dos siglos después.

Reseña de La mujer abandonada de Balzac
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La sociedad

La sociedad se disecciona. Balzac es el entomólogo. La novela es el laboratorio y los personajes el microscopio con el que mira los vicios, defectos y maneras de su tiempo.

En aquel tiempo, los “matrimonios bien” se concertaban. Las simpatías, atracción y deseos de los contrayentes no se tomaban en consideración, sino otras cuestiones más pedestres como la dote, la promesa fértil o las tierras que le podrían dejar los padres. Y claro, por ahí se frustraban miles de pasiones orgánicas.

Balzac construye una crítica sólida. Enfrenta a su protagonista al duelo entre hacer lo que es práctico o lo que es querido. El combate entre razón y pasión; la cabeza o el corazón. El precio por elegir una u otra —el coste de oportunidad— se dejará ver de manera nítida y dará que pensar al lector.

¿Seguimos siendo así doscientos años después? ¿Con quién querrías que se casará tu hija? ¿Le aconsejarías pensar en su futuro material o la animarías a quedarse con el pelafustán que solo promete cariño incondicional? ¿Y tú mismo: cómo tomas decisiones? ¿Te guías siempre por el cálculo más conveniente o antepones alguna vez tu instinto?

Una novela muy corta, pero con fondo.

Qué temas aborda

Las diferencias entre París y las provincias.

«Si un forastero es admitido en este cenáculo, todos le dirán, no sin una cierta ironía: «Aquí no encontrará usted la brillantez de su mundo de París». Y cada cual condenará la existencia de sus vecinos, tratando de hacer creer que él es una excepción en esta sociedad, que ha intentado renovarla sin éxito. Pero si, por desgracia, el forastero refuerza con alguna observación la opinión recíproca que tienen estas personas de sí mismas, inmediatamente será considerado como un malvado, que no le teme a Dios ni al diablo, como un parisiense corrompido, como lo son en general todos los parisienses.»

Aparece aquí uno de los grandes temas de La Comedia Humana: la desconfianza hacia París. La capital es vista como un lugar de perdición («corrompido»), pero al mismo tiempo es el estándar con el que todos se comparan obsesivamente. El rechazo al «parisiense» es, en el fondo, una mezcla de envidia y miedo a ser juzgados bajo una luz más moderna o crítica.

La ironía con que Balzac refleja su tiempo es un regalo para el lector. Es un juego de inferencias, de lenguaje connotativo, del que brotan todas las interpretaciones y lecturas que cada quien sea capaz de hacer.

Una aristocracia —venida a menos— hipócrita y regida por el materialismo:

«Poseía dieciocho mil libras de renta en el valle de Auge, y tarde o temprano su padre debía regalarle el château de Manerville con todas sus dependencias. En cuanto a su instrucción, a su futuro político, a su valía personal, a su talento, ni siquiera se habló»

La sociedad balzaciana es un atajo de hipócritas.

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«El señor de Neuil ignoraba que la señora de Beauséant se hubiese refugiado en Normandía tras un escándalo que la mayoría de las mujeres envidiaban y condenaban, sobre todo cuando las seducciones de la juventud y de la belleza casi justifican la caída que lo originó».

Y por supuesto aparecen las contradicciones de ese disparatado teatro que somos los humanos:

«Y la multitud experimenta involuntariamente un sentimiento de respeto por todo cuanto se ha hecho grande, sin pedir demasiadas cuentas acerca de los medios».

Clara de Beauséant

Clara es un personaje clave. Muestra la crueldad y la hipocresía de su sociedad. Es una mujer de dieciocho años qué es obligada a casarse con un hombre que apenas conoce, que no le atrae y que le triplica la edad. Contra natura.

Y comete una infidelidad. A causa de querer ser feliz por encima del contrato social de la época, es repudiada. Cuando Gastón sabe de ella en Bayeux, es una mujer que vive escondida, sepultada por losas de críticas y juicios morales.

¿Pero qué condena esa sociedad: la deslealtad o la valentía? ¿Qué ha ofendido tanto a sus iguales? ¿El engaño a su marido o la audacia de rebelarse contra un orden social ante el que los demás han claudicado?

El camino hacia la libertad se ha pagado con escarnio y maledicencia, cuando no con sangre. Pero no todo el mundo está dispuesto a pagar ese precio. Cuando aparece quien lo hace, silenciosamente grita a los demás que son unos cobardes, y por eso su respuesta es violenta.

Balzac hace una denuncia clarísima a los matrimonios concertados.

Coqueteo vs amor

El coqueteo es seductor. Los personajes sucumben a su tentación igual que las personas reales. El amor de verdad es otra cosa. Balzac plantea el amor como una renuncia, como algo que comienza cuando empieza el sacrificio, cuando querer al otro es algo que se hace a expensas nuestras. Si sólo es un intercambio de caricias y placeres, no es amor, sino satisfacción.

Desde luego es una obra extraña al modo de quererse hoy de tantas parejas. La unión estable y duradera parece más amenazada que nunca o, tal vez, quienes la pretenden, son más incapaces que nunca. En tal caso, parece decir Balzac, el obstáculo es el yo. Nuestra pobreza de carácter que no es capaz de renunciar al propio interés, preferencia o deseo por tal de hacer feliz a otro que no somos nosotros mismos.

La sociedad castiga

Explora la idea del castigo social, la marginación. No es una condena judicial, sino de manada. El grupo se erige soberano y juez, desde ahí castiga sin juicio, condena sin pruebas y aparta como al apestado. Puede ser peor que la cárcel:

«La agonía termina generalmente con la muerte; pues bien, caballero, esta era una agonía que no tenía la tumba por desenlace ¡Oh, he sufrido tanto!

De nuevo la Literatura enfrenta el yo y el superyó. El individuo contra su proyección social. En esta ocasión, un Balzac como siempre brillante, nos trae una historia impactante con un desenlace que da mucho que pensar. Es una historia que tomó de la realidad. Convirtiendo la experiencia vital en material literario, pone por novela un episodio del que él mismo tuvo conocimiento y en el que supo ver —ahí está la diferencia entre el cronista y el novelista— la profundidad humana, psicológica y filosófica de ese chismorreo, en lugar de sólo su lado más morboso.

Por eso Balzac sigue leyéndose doscientos años después de muerto. Y lo que le queda.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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