Viktor Frankl es el autor de «El hombre en busca de sentido». Es el padre de la Logoterapia y es un superviviente de Auschwitz. Tres tareas que por independiente ya conforman una vida singular y que convergen en el mismo hombre.
Con más de 16 millones de ejemplares vendidos, El hombre en busca de sentido es un pilar de la psicología humanista. La logoterapia que propone Frankl se sitúa al mismo nivel histórico que el psicoanálisis de Freud o la psicología de Adler, al completar la visión del ser humano con la dimensión espiritual y el sentido. Esta obra revolucionó el campo al situar la búsqueda de propósito como el motor principal del individuo, ofreciendo una herramienta de resiliencia clave para mantener la libertad interior ante cualquier adversidad. Lo de sobrevivir a Auschwitz se explica solo. En campos de concentración perdió a su padre, su madre, su mujer…
He tenido la suerte de leer «El hombre en busca de sentido» y su —digámoslo así— secuela, «Llegará un día en el que serás libre» que reseñé anteriormente.
Memorias
El libro que hoy comentamos son unas memorias que Frankl publica en 1995, con motivo de su nonagésimo aniversario.
Si vienes buscando el lado familiar de Frankl, sus matrimonios, sus hijos, su infancia, sus padres… vas a encontrar poco de eso. No hay mucho contexto del hombre que escribió uno de los grandes libros de no ficción del siglo XX. Es más bien un currículum vitae comentado. Tiene más interés técnico o científico que humano, dicho todo esto con las debidas cautelas y sin llegar al extremo de decir que esto es un tratado científico sin interés ontológico.

Es más una nota hagiográfica escrita por él mismo. Se le admite por ser quien es. En cualquier otro, un elogio de sí mismo y recopilación de testimonios adulatorios similar sería una pedantería inaceptable.
En síntesis, un libro que interesará a quien ya conozca al autor, aunque no añade grandes apuntes biográficos a alguien de quien quizás ya sabemos lo mollar, merced a su obra más reconocida.


