Reseña de Holly, de Stephen King

Una Reseña de Holly, la novela de Stephen King
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Para esta reseña de “Holly” hagamos un experimento. ¿Qué pasa si en un probeta mezclamos unas gotas del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, un poco de Jeffrey Dahmer y algo de Elizabeth Bathory? ¿Qué puede salir de ahí?: el matrimonio Harris.

¿Dónde está el peligro? ¿Quién puede ser una amenaza? Dice el refrán, «líbrame, Señor, de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo». Lo que tiene apariencia inofensiva, suele ser inofensivo, pero también puede ser el escondite perfecto para la peor amenaza. Esto nos dice Stephen King en esta novela. Cuidado con las apariencias porque engañan.

King busca el terror donde no se había visto antes. No pocas veces había tomado niños para desasosiego del lector. Otras veces, una enfermera pirada como Annie Wilkes o un perro bonachón como Cujo. Hasta un viejo Buick.

¿Qué faltaba en su repertorio? Una pareja de ancianos enamorados, profesores eméritos de ciencias y humanidades en una universidad del interior estadounidense. Dos jubiletas inofensivos —en apariencia— llevan al lector a unas cotas de tensión y agobio marca de la casa, por construir con ellos unos discípulos inmejorables de Elizabeth Báthory. O de —en la propia novela se le menciona— Jeffrey Dahmer.

Yo, en cambio, los asemejo más con Elizabeth Báthory. Por su motivación.

Mi edición es una serie limitada de Plaza y Janés. Pasta dura, con una camisa que reza edición limitada cuyas letras (título y autor) están impresas en tinta metálica y brillan en la oscuridad. Una chulada.

Reseña de Holly: el argumento

Holly Gibney una vez más. El personaje secundario que conocimos en “Mr. Mercedes” y a la que King ha convertido ya en uno de sus grandes personajes, vuelve al primer plano para seguir sus pesquisas al frente de Finders Keepers, su agencia de investigadores.

En este caso, debe resolver la desaparición de una joven. En sus indagaciones, poco a poco descubrirá que hay más personas desaparecidas en esa misma zona de la ciudad en un lapso de años. Aparentemente, no tienen ningún aspecto en común, pero con esa rara sagacidad suya, Holly notará ciertas conexiones que la hacen pensar en la existencia de un asesino en serie en la ciudad.

El caso que se plantea es muy difícil.

Desde el primer capítulo conocemos a los asesinos. Una pareja de ancianos. Iremos familiarizándonos con el móvil y con el método estratégico y ritual.

¿Conseguirá Holly llegar hasta ellos? ¿Habrán encontrado la tapadera perfecta en el prejuicio de que unos viejos no puede ser una amenaza para nadie?

Estilo

Narrador en tercera persona. Heterodiegético. Están todos los elementos habituales de Stephen King: ironía, referencias prosaicas, estilo libre indirecto… De inmediato reconoces el estilo. Es cierto que King maneja a la perfección tanto este formato de la narración como el del narrador intradiegético, como bien se aprecia en “Un saco de huesos” por poner un ejemplo que me venga a la cabeza.

Es cierto que este es el King más policíaco. No lo es menos que en este registro se muestra ligeramente diferente el estilo, pero que sigue siendo la misma voz propia y única no admite duda.

Hay una intertextualidad en la página sesenta y dos. La madre de la chica desaparecida hace un chiste sobre Carrie la primera novela famosa del propio Stephen King. Un caramelito para sus lectores fieles.

Están las referencias a la cultura pop propias de King:

«Hay una serie de televisión, Dexter, sobre un hombre que mata a personas y se deshace de ellas en el golfo de México. A lo mejor la ha visto.»

También está el uso del estilo indirecto libre. Un rasgo muy King. A mí me gusta mucho porque resulta más soluble en diversión que el flujo de conciencia, pero te permite entender muchísimo mejor a cada personaje. Te lo imaginas mejor. ¿Hay otros autores/as que lo utilizan? Por supuesto, pero en King es parte muy frecuente y lo maneja a la perfección. Además de su función narratológica, es que la propia historia corre. Es ornamento y función. Fondo y forma. Magistral.

Ahora bien, también hay flujos de conciencia. Los de Holly, sobre todo. Su mente saltando de frase en frase, coherente o incoherente, pero que te va dejando ver cositas al fondo.

King y su voz prosaica. Sus personajes dicen palabrotas, chasquean los labios; se rascan la barriga o se sacan mocos. Pero de manera creíble, sin abusar. Todo normal para que todo resulte anormal. El terror en lo cotidiano, en lo vernáculo, no en un solitario castillo en Rumanía.

Estructura

La novela se divide en capítulos breves. Muy breves casi todos. Cada uno obedece a una fecha que alterna diferentes años. Si el primer capítulo ocurre en el tiempo narrativo de 2012, el segundo sucede en 2021. Otros en 2015, 2018, etc. A su vez cada fecha se fragmenta en pequeños capítulos, quedando una lectura muy ágil y con acción constante.

Una estructura compleja con gran dinamismo. La arquitectura de la novela juega con la analepsis y se va rompiendo la linealidad cronológica de manera constante. Esto te permite ir avanzando en la investigación —en el presente de Holly— e ir descubriendo lo que pasó en los viajes al pasado. Algo mucho más dinámico que avanzar en orden.

Es una estructura más propia del thriller. King, para este género, adopta un esquema narrativo más propio de este género, algo apartado de sus premisas ya clásicas, aquellas que parten de descripciones más exhaustivas y una trama que se cocina a fuego más lento, con más atmósfera… Distinto al thriller que exige acción y ritmo alto casi permanente.

Definido el conflicto, la estructura es simple. Un capítulo para los malos, un capítulo para los buenos. De analepsis a presente. De los malos malísimos, a la idealizada Holly Gibney.

Trasfondo

Aparece ese Stephen King activista de Twitter. Bueno, de X. El libro está escrito después de la pandemia de la COVID y King aprovecha para resbalar opiniones propias en su relato.

A mí esto me parece fenomenal. La literatura sirve para esto. Necesitamos leer opiniones concomitantes y discordantes con las propias. Citando a Paracelso, podemos decir con él, que el veneno está en la dosis. Hay tanto esfuerzo por distanciarse y atacar el ala republicana de la sociedad americana, que a veces queda un poco iterado y maniqueo, pero no es algo que estropee la lectura.

«Se trata de un confinamiento de facto, no forzoso, y las dos lo saben; el gobernador está decidido a proteger las libertades individuales, aunque para defender esa idea tengan que enfermar o morir miles de personas. En todo caso, gracias a Dios, la mayoría de la gente toma precauciones.»

Holly, —su niña mimada— es tan política como él. Y por supuesto, es del partido demócrata, antirrepublicana y piensa en Trump en términos vesánicos.

El COVID está muy presente en el texto. Como dice el epílogo del autor, le sorprendió con la novela a medio montar. Un Covid-19 que se analiza más desde lo político que desde coordenadas de tipo médico. Provacuna y anticonspirativo. Así es él y así es su Holly. Los demás son los malos. No sólo los equivocados. Los malos.

Se denuncia la excesiva susceptibilidad de la sociedad actual. Se pone el dedo en la llaga de un feminismo extremista en forma de «hembrismo», de forma muy tenue y a través de sus personajes malvados. Kiing se vale de sus peores personajes para mirar con sus ojos la corrección política que afecta a nuestras sociedades.

Destaco una marcada militancia política del autor. Una, que no estaba tan omnipresente en el King de “El Resplandor” o “Misery” Aquí está, no muy en el trasfondo, sino en la superficie más procaz. A piel.

Pero no es lo importante. El trasfondo es otro. Los prejuicios y las apariencias en nuestra sociedad. Ese es tal vez el tema verdadero. En una sociedad que adolece de corrección política, ¿quién va a pensar que una pareja de encantadores ancianos, respetables jubilados de la vida académica, acomodados económicamente y bien insertos en la comunidad, pueden ocultar lo peor de la especie humana?

Es una forma de discriminación positiva. Usted es anciano, e inmediatamente, es inofensivo. Estadísticamente sí, pero eso no es garantía de nada.

Cuidado. Nos dice King que el mal puede estar bajo cualquier superficie. La verdadera amenaza no es un maleante con un historial delictivo que le delata a él y nos previene a nosotros. Contra esos estamos en guardia. El peligro está en ese vecino que sonríe, que saluda con educación y que lleva una vida perfectamente normal. Indetectable. Ahí anida el monstruo.

King nos mueve una vez más a la reflexión. ¿Existe un ADN del mal? Queremos creer que sí, pero no. No podemos adscribir la vileza a un estrato social o a un tipo de persona concreta. ¿Podemos soñar con una sociedad libre de la barbarie a lo “Minority Report“? No. De esta novela se extrae que allí donde haya seres humanos, habrá violencia.

Al final del libro, King firma una hoja de descargo. Pero no cuela del todo. Es un libro muy politizado, lo que en sí mismo no es un problema. Pero lo está y no tiene sentido negarlo. King atiza a toda la gestión republicana del COVID. Atiza a Trump —en quien creo que ve un trasunto de su Big Jim—, y a sus parroquianos: antivacunas, conspiracionistas y demás. Atiza al establishment intelectual de académicos de las universidades americanas, los mismos que, ya con terquedad, le niegan ciertos reconocimientos que amerita y que el público hace mucho que le reconoció.

Por qué digo esto. Por los Harris. Los malos. Además de ser unos… (aquí lo dejo para no hacer spoilers), son intelectuales y comparten todo el credo ideológico del ala más conservadora del partido republicano, que no es al que vota King, ni tampoco Santo de su devoción. Los malos de su novela, que lo son a carta cabal, son el epítome de todo lo que King aborrece de la política y la sociedad de su país.

Repito. Lo que en este comentario estamos aportando no es un mal parecer sobre dar un matiz político a una novela, —la literatura no se agota en ninguna opinión política— sino una observación de una inclinación militante del autor, que no estaba presente en sus obras de juventud, o al menos no con tal vehemencia.

Mi impresión

Un libro digno del mejor Stephen King. Si eres uno de sus —como él mismo denomina— «lectores constantes», disfrutarás con esta novela. Es verdad que es mejor si antes has leído la trilogía de Bill Hodges y un libro de relatos llamado “La sangre manda”. Esto, sin embargo, no es imprescindible para leer esta novela, pero sí para encajarla dentro de todo este universo de obras más tirando a thriller del autor.

Encuentro al King que veo a diario en Twitter. Vale, en X, me hago mayor. Un King mucho más comprometido. Por el periodo que abarca el tiempo narrativo de esta novela, el COVID es insoslayable, claro está. Sin embargo las alusiones políticas a cuenta del mismo son constantes y la invasión del Capitolio del Día de Reyes de 2021 ocupa bastantes referencias, del todo innecesarias a la narración, aunque ayudan a demonizar a Rodney y Emily, o tal vez a Trump por aproximación sugestiva.

Holly es ante todo un libro de miedo. No hablo de terror, sino de miedo. No es un libro de sustos, que sería terrorífico, sino de un miedo más pausado y prosaico: el que se cocina al calor de la maldad de tu vecino o del que te cruzas por la calle. Esta vez, Holly no se enfrenta a nada sobrehumano. Es cien por cien humano. Plausible y posible. Extremo, extravagante y todo lo que quieras, pero materialmente viable. Factible.

Cuando King se pone ese traje, te acojona. Es, como decimos, un libro de miedo. Porque inspira miedo, al pensar que te pase a ti o a los tuyos. Pero también porque nace del miedo, uno de los más atávicos y ancestrales: la fobia al envejecimiento y la muerte. Eso es lo que mueve a los Harris, los «malos» de esta novela. Los Harris pueden ser cualquiera, tú mismo. Todos compartimos ese miedo a la enfermedad, la vejez y la muerte. La diferencian sólo está en la reacción y la manera de enfrentarlo. Los Harris actúan como actúan por miedo a envejecer y morir y al actuar producen miedo.

Los Harris dan miedo y actúan, asimismo, por miedo.

Miedo. Una reacción natural. Un mecanismo de defensa para la víctima y el peor consejero para el agresor.

Cuidado, nos parece advertir King. El peligro no está en fenómenos paranormales y agresivos. Puede estar tomando el café en al apartamento contiguo al tuyo, darte los buenos días todas las mañanas y ser simpático con tus hijos. Y por si no lo pillas, te va dejando anotaciones: Jeffrey Dahmer por aquí, Dexter Morgan por allá, Ted Bundy esto, los Harris lo otro.

Una buena novela. No es la mejor de King por atmósfera —esto es más un thriller—, pero sí de las mejores por ritmo y por los villanos tan especiales que se ha creado. Holly es un personaje estupendo, porque siendo genial es un desastre y viceversa. Es compleja, tiene sombras y luces y tiene arco dramático. Yo creo que a Holly nos la encontraremos alguna que otra vez en próximas creaciones. Igual hasta llega a senadora del partido demócrata. Quién sabe.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Pedro

    Buena reseña y bien informada.

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