“Mendel el de los libros” de Stefan Zweig

Mendel el de los libros
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Mendel el de los libros” escrito en 1929 por el autriaco Stefan Zweig y publicado por Editorial Acantilado en 2009. Pertenece a la colección Cuadernos del Acantilado y lo puedes adquirir en este enlace.

Uno de los mejores cuentos jamás escritos. El propio Zweig juntó este relato con otros así de breves en un conjunto denominado Caleidoscopio.
El texto que nos ocupa, comporta apenas cincuenta páginas. En muy breve extensión, se alcanza un personaje muy especial:

«Obnubilado por completo, me quedé mirando a aquel fenómeno bibliográfico, camuflado bajo la envoltura insignificante, incluso algo grasienta, de un pequeño librero de viejo de Galitzia»

De qué trata

Mendel es un librero de viejo. Un librero sin librería. Hace sus gestiones de adquisición, asesoramiento y venta en un café vienes: el Gluck. Allí le aprecian como el erudito que es, amén de las muchas personas que consumen en el local por acudir al consejo de Mendel.

Un día, entran y lo detienen. De manera carambolesca le acusan de connivencia con el enemigo —estamos en Austria durante la Primera Guerra Mundial— y lo encierran en un campo de concentración.

Tal azar que lo encarceló, lo liberará más tarde. Tras dos años cautivo, Mendel vuelve a su acostumbrada mesa, en su cafetería de siempre. No tuvo más vida que esa, tampoco ahora. Pero Mendel ya no es el brillante erudito que era. Los dueños de la cafetería tampoco son las amables personas de antaño. Quien era un eximio elemento del establecimiento es ahora alguien despreciado.

Todo narrado con esa trista melodía de Zweig. Una forma suave de deslizar la prosa, con frases sin prisa, pero capaces de atrapar a cualquiera en su vaivén.

Mendel. El tipo que siempre estaba leyendo, no para disfrutar de la literatura, del fondo de reflexión, de la sabiduría… sino para apilar más y más datos eruditos en el enorme archivo que era su memoria. Un personaje extraordinario que ojalá hubiera tenido una novela más larga.

Reseña Mendel el de los libros de Stefan Zweig

Mirando al fondo

Con Zweig, hay mucho más que ver que lo evidente. Da igual si es un ensayo, un drama, un cuento breve o una novela, el autor siempre cargaba la tinta de un significado más profundo.

Para mí, el gran tema es la memoria. Mendel se nos cuenta desde el recuerdo de un señor que entra a la cafetería que frecuentaba años después. Ese recuerdo nos permite revivir alguien especial. Pero ese recuerdo no tiene toda la historia, le faltan datos. Entonces aparece otra persona que le recuerda y completa el relato.

¿Qué nos dice con eso Zweig? ¿No nos está hablando de la importancia de una memoria colectiva respecto del trágico siglo XX?

Nos hablará Zweig de su tiempo. Su tema habitual. Hablará del horror de la guerra y el antes y después de Mendel simbolizará el antes y después de Austria en la Gran Guerra.

Espeluzna que en 1929, este autor escribiera:

«Pero poco a poco este mundo, desengañado por su propia demencia, sabe que de todas las atrocidades y abusos criminales de esta guerra ninguno ha sido más absurdo, más infundado y, por lo tanto, menos disculpable desde el punto de vista moral que la detención y confinamiento tras alambradas de espino de civiles desprevenidos»

Esto se escribe cuatro años antes del ascenso de Hitler. Sería el 22 de marzo de 1933, cuando se abriría el campo de concentración de Dachau, en el sur de Alemania. Sobrecogedora premonición.

Mendel el de los libros

También nos habla Zweig del funcionalismo. Del tanto tienes, tanto vales. Cuando Mendel era un erudito y levantaba admiración —y atraía clientes—, en la cafetería eran todo facilidades para él. Desvalijado, privado de su virtud, envejecido, ya no sirve, y lo que no sirve se tira fuera, sea basura o carne humana.

Y aborda las ideas uniformizadoras tan propias de la época. Nos dirá que el gran valor de Mendel era ser distinto en un mundo cada vez más uniforme.

Está presente la huída de su tiempo. Mendel vive en los libros. Ignora todo lo relativo a su tiempo, la guerra, la política… es un disidente desde la pasividad y desde la inopia.

Respecto al subjetivismo reflexiona Zweig. Si bien es cierto que lo aplaude, diciendo que para destacar en una disciplina es precisa la concentración y la monomanía; por los hechos que suceden en el texto, se diría que un exceso de subjetividad y abstracción —como pasó a Mendel— nos hace caer en un peligroso solipsismo. Somos un animal político, dijo Aristóteles, y en la polis nos hemos de desenvolver o nos comerá.

Otro tema: el paso del tiempo.

«¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?»

Somos comida para gusanos. Así decía el profesor de aquel club de los poetas muertos. Finitos y olvidables. Reflexiones hay en esta pieza ligerísima, sobre lo apresurado que llega ese olvido. Mucho cuesta labrar un recuerdo y poco esfumarlo.

Pero quedan los libros. Quedan las obras. Esa ventana a la esperanza también la abre Zweig. Al final son sus libros lo que nos queda de él mismo.

Queda el recuerdo. Mendel es irrepetible porque como personaje, es vulnerable al paso del tiempo, que Zweig nos deja ver en él. Es finito y por eso es escaso y valuable. Pero podemos recordarle en la huella que dejó. Las conexiones, los vínculos que tejemos con otras personas son tan valiosos como nuestra obra. Y los libros, bien pueden ser esos conectores de almas síncronas o asíncronas.

Belleza en el mensaje: el sello de Zweig.

Como cantaba y canta Julio Iglesias:

Al final
Las obras quedan las gentes se van
Otros que vienen las continuarán
La vida sigue igual

Sublime Zweig. Cincuenta páginas. Qué poco necesitan los genios para derramarse en la posteridad.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Ginés Rodríguez Gulces

    Una noche me desperté de madrugada y sin poder dormir decidí aprovechar el tiempo leyendo algunos de los cuentos que tenía pendientes de Stefan Zweig.
    Empecé a leer ” Méndez el de los libros” en un libro electrónico, por no encender la luz y así no molestar a mi mujer que dormía a mi lado, no me imaginaba yo que 20 minutos después iba a despertarla con mis sollozos; había terminado el relato más emocionante que he leído nunca.
    Me han emocionado muchos libros pero solo ” Méndez el de los libros” me hizo llorar.

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