La moral no tiene valor de cambio. Los valores no se pueden comprar ni vender. En la sociedad de consumo, se desprecian porque no se aprecian. Así nos va. Guerras, tensión en aumento con Rusia, con Groenlandia, con Taiwán, Corea del Norte, etc.
Con Las sandalias del pescador Morris West plantea que la humanidad puede superar sus desafíos si aquellos que nos guían priorizan la valentía moral. Estas virtudes, tan escasas hoy en día, son la clave para construir un futuro de paz y esperanza. Al actuar desde ellos se hace posible.
Una novela que cumple ya 62 años pero sigue vigente. Tal vez más que nunca. Jamás fuimos tan decadentes. Por su lectura profunda es que la recomiendo y por su hermenéutica que interpela con fuerza al tiempo actual desde un aparentemente lejano 1963. Si contemplas el contexto político de la novela y el que tenemos hoy, apenas hemos cambiado.
Las sandalias del pescador Reseña
- Las sandalias del pescador.
- Título original: The Shoes of the Fisherman
- Morris West, 1963.
Segunda novela que leo del autor australiano. “Arlequín” fue la primera y me gustó.
Esta novela es muy conocida por su adaptación cinematográfica. Con Anthony Queen a la cabeza del reparto interpretando a Cirilo Lakota, el sacerdote eslavo que resulta elegido Papa de Roma. Además del cine, su fama se vio potenciada cuando quince años más tarde se convirtió en una profecía con la elección de Karol Wojtyła como Papa.
Y es que el valor profético visto lo que después sería Wojtyla, pasma a cualquiera:
Un ejercicio de intuición extrema y extraordinaria.
El libro entra de inmediato en la acción. “El Papa había muerto” y nos cuenta toda su pompa fúnebre, dando a la narración toda la potencia de la mística vaticana. Casi a renglón seguido nos presenta la situación que esto origina: “la Iglesia se hallaba en síncope«, nos dice.
Contexto de la novela
La Iglesia del siglo XX responde a un desafío. Un mundo que está cambiando a una velocidad increíble. En apenas unas décadas, se viven más transformaciones que en los cinco siglos anteriores.
Los personajes se muestran pesimistas:
Se repasa el clima de agitación mundial. El ser humano, cuando borra a Dios de la ecuación, lo sustituye por otro. No sabe vivir con ese vacío:
La novela se desenvuelve en plena Guerra Fría. Resulta interesantísima porque desgrana la opinión de los corresponsales acerca del nombramiento del nuevo Papa y el impacto geopolítico que podrá tener. Asistes con ellos a sus quinielas y cábalas. Leerlo desde 2025 es un privilegio y una gozada. Date la oportunidad.
Es muy interesante también el diálogo con el Colegio Cardenalicio. Cada príncipe expone su visión de la iglesia, que siendo una, es la suma de muchas realidades muy distintas y preñadas de idiosincrasias. Estos matices generan intereses, fricciones, corrientes y enfrentamientos. El Papa es también un gestor de egos, no pocas veces un tutor en el jardín de infancia. Una unidad que no es uniforme. Un arte y una suerte de equilibrismo.
Las preocupaciones de su tiempo
¿Qué preocupaba al mundo en 1963? El siglo XX fue protagonista de numerosos sucesos y cambios. Las dos guerras mundiales marcaron a las generaciones sucesivas. Se había heredado un mundo extraño, dividido, en guerra pacífica o en una paz con ruido de sables.
«este mundo extraño surgido de un hongo nebuloso»
Ese hongo nebuloso es la bomba atómica. Lanzadas sobre el Japón menos de dos décadas antes, el mundo se preguntaba hacia dónde se dirigía, cuál era el sentido de la vida en un lugar donde unas detonaciones podrían arrasar con todo en apenas unos instantes. Esta preocupación aparece en el texto.
También se mira con atención a los cambios sociales. La Iglesia, cuyo protagonismo en esta novela no necesita presentación, tenía que adecuar su mensaje a los signos de los tiempos. Uno de los personajes, George Faber, plantea un dilema vital, pues está atrapado en un vacío doctrinal y burocrático que le impide vivir con su joven amante por ser presa de un matrimonio con un hombre que no la cuida —la engaña con otros hombres—, pero del que no puede divorciarse por cuestiones burocráticas y vaticanas.
Y aquí aparece el Tribunal de la Rota. Se cuenta como una especie de sindicato corrupto de abogados especialistas en Derecho Canónico. Tan insensibles a la realidad de los feligreses como sensibles a su capacidad para satisfacer el pago de sus minutas.
Jean Télémond es un sacerdote jesuita. Un personaje con el que West plantea temas como el ecumenismo dentro de los distintos ritos católicos, el papel de las órdenes religiosas bajo el peso de la curia romana, etc. A través del antagonismo —dramatizado y exagerado— entre el Santo Oficio (ahora Congregación para la Doctrina de la Fe) pretende mostrar una Iglesia plural, no unívoca. Un ente vivo y en cambio, no monolítico e inmutable. Este personaje lleva la carga filosófica de la novela. No es que sea la principal atención de Morris West y queda un poco elíptico al arco narrativo principal.
Se sirve de cada personaje para sugerir temas espinosos. Alrededor de una serie de arcos narrativos nos va poniendo sobre el tablero todas las fichas de una iglesia que parecía acelerar para dar caza a la sociedad que se le escapaba en muchos córners del mundo.
La misa en latín. Los más viejos del lugar recordarán cuando en su infancia se celebraba la Eucaristía en latín. Al creyente actual bien le puede parecer un arcaicismo, pero así fue y tuvo su razón de ser: todo el mensaje custodiado en un mismo idioma garantizaba su unívoca difusión, sin tomar los desvíos que se arriesgan en los vericuetos de la traducción. Pero también planteaba barreras al acceso al mensaje en un mundo donde el latín no era lengua vehicular para nadie:
Aquí funciona como símbolo de cambio. La Iglesia que empezó el siglo XX era muy distinta de la que lo terminó cien años después.
Dos visiones antagónicas
Insistamos en el año de la novela: 1963. En esa fecha el mundo se divide en dos superpotencias: EEUU y la URSS. Ambas enfrentadas por dos formas de entender la organización social diametralmente opuestas y enfrentadas.
El protagonista, Cirilo Lakota es ucraniano. Viene de un arresto de 17 años en Siberia. Carente de los derechos más elementales, torturado y sometido al brazo más fundamentalista del comunismo. Ese hombre ahora es el Papa, la máxima autoridad espiritual del planeta.
Del vínculo con su pasado bebe esta novela.
El Vaticano y el Comunismo. Dos visiones radicalmente opuestas. Unos, defienden una vida de ultratumba, paradisíaca. Otros también prometen un paraíso, pero este en la tierra. Labrado, obrado, sudado, trabajado, pero inmediato. Ya sabemos cómo terminó ese y todos los intentos de paraíso terrenal a impulso de los políticos: saliendo por una chimenea o en el gulag.
Un protagonista icónico
Cirilo (Kiril), cardenal Lakota. Hombre piadoso. Un personaje muy rico en matices, muy bien diseñado por West. Su fachada de hombre diez, no oculta un mar de fondo. Padece estrés postraumático a causa de su cautiverio de diecisiete años en un gulag siberiano.
Personaje de enorme riqueza interior, se abre en su diario:
«Aquél cuyo Vicario soy esconde Su rostro de mí»
La realidad de los Papas
Nos quiere mostrar West la realidad de un Papa. Y no encuentro mejores ejemplos de su visión que este párrafo que rescato:
Poder absoluto, realidad colegiada. Muy colegiada. Desde el Papa a la parroquia de tu barrio hay una enorme institución. La materialización de las políticas depende —y mucho— de las personas por las que va descendiendo cada directriz, de suerte que cuando llega al feligrés, probablemente llega muy matizada. La capilaridad del Papa es mucho más limitada que su autoridad.
¿Una mirada crítica al Vaticano?
Recordemos que esta novela es de 1963. No había llegado aún Wojtyla, San Juan Pablo II. Los papas conocidos no iban a JMJs, no se comportaban como celebridades, ni parecían iconos pop como el papa polaco. Eran más bien señores de avanzada edad y circunspectos de más. Tenían más de teólogo que de sacerdote.
Presenta una Iglesia muy diferente a la de hoy. Hay personajes con una mirada anclada tal vez en un inmovilismo hoy ya superado o al menos en marcha:
Ninguna empresa humana ha alcanzado más de dos mil años. Solo la Iglesia Católica lo ha logrado. Y contando. Y para Morris West, el mérito es mayor pues es un hito conseguido a pesar de sí misma:
¿Cuál es su lectura profunda?
En 1963, la elección de un Papa de origen eslavo, víctima de los horrores del comunismo, subraya la tensión entre ideologías opuestas y la necesidad de construir puentes entre ellas. Cirilo Lakota propone un líder cuyo concepto del poder reside en el servicio y la entrega a los demás, a la causa común. El protagonista no se limita a predicar dogmas, sino que acomete acciones concretas. Cirilo no es perfecto: duda, teme… pero al aceptar esas limitaciones también acepta trabajar en aras de algo más grande que él mismo.
La causa común es más importante que uno mismo.
Morris West no está lanzando un mensaje contundente: nos recuerda que la humanidad tiene la capacidad de encontrar soluciones a sus problemas si sus líderes actúan con amor, humildad y coraje moral. Pone en valor estos conceptos tan mermados en nuestra época. La paz es posible. Hay esperanza.
Una novela ya veterana pero no obsoleta. Interpela a 2025 mucho más que la mayoría de novelas publicadas hoy. Un boom comercial acelerado por una excelente adaptación fílmica. Una novela que habla con fuerza a la sociedad de nuestro tiempo.