El rey de Varsovia

El rey de Varsovia
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El rey de Varsovia (2016), novela escrita por Szczepan Twardoch. La edición de Acantilado es de 2023.
Consta de 442 páginas que se leen con buen ritmo, aunque no es un thriller de tipo page turner como le dicen ahora a un libro de pasar muchas páginas de una sentada.

Autor nuevo para mí. Temática muy de mi interés —siglo XX y totalitarismos en países no de primera escena— con una base un tanto atípica: el boxeo. Antes de nada te diré: Me ha gustado mucho El rey de Varsovia.

El rey de Varsovia

Jakub Szapiro es un ídolo popular en toda Varsovia. Boxeador judío, irreductible y triunfador de día, sicario y facineroso de noche. En una ciudad partida en dos —cristianos y judíos—, Jakub es el rey. Su especial talento para la violencia y el argumento del puño le permiten vivir con privilegios en su ciudad.

Pero es un judío en la Polonia. Hitler está a punto de invadir el país y poner en marcha su eugenesia.

¿Qué hará Szapiro? ¿Estará dispuesto a perder su imperio para salvar su vida? ¿Sucumbirá a la tentación de ser alguien en una realidad caduca frente a ser sólo alguien más en un mundo con futuro?

¿Cuál es el precio de la codicia, el egoísmo y el poder?

La historia la narra en primera persona Mojzesz Bernsztajn. Es el hijo de un ajusticiado por Szapiro, y del que este se va a hacer cargo, por sentirse responsable de su orfandad.

De su mano conoceremos la Varsovia de los bajos fondos. Tal vez ese clima social sea el protagonista real y primero del libro. El objetivo narrativo del autor.

Después, nada será lo que parece.

Estilo

Narrador en primera persona, como dije. La voz la pone Mojzesz Bernsztajn, a cuyo padre mató Jakub Szapiro. Él es el escogido para contar la historia que contiene esta novela.

El tiempo narrativo alude a 1937 y sucesivos años hasta () Se narra como recuerdo de Bernsztajn, un general de brigada jubilado en Israel que tiene ahora 67 años, así que teniendo en cuenta que es un muchacho de 17 años en 1937, podemos situar su tiempo presente en 1987.

Hay varios aspectos que me parecen notables. De un lado la atmósfera que se crea, muy lograda. Varsovia es una ciudad donde hay una mayoría cristiana en convivencia con una numerosa minoría hebrea.

La vida es un combate entre ambos mundos. Jakub contra Escuela. Legia contra Makabi.

Hago un alto en la cuestión del boxeo. Si no eres amante a este deporte, que eso no te detenga para leer este libro. Ahora bien, tendrás que leer unas cuantas páginas sobre ello. En su descargo te diré: las descripciones de biomecánica del combate son tan esmeradas y están tan bien escritas que se disfruta.

Es un libro que se lee despacio. Esto no quiere decir, sin ritmo. Sólo despacio, ya que los nombres son muy ajenos a nuestro percibir latino. Además las alusiones culturales hebreas y las muchas palabras en yiddish, siempre bien explicadas por las anotaciones de la traductora y el glosario de términos al final del libro ayudan de manera más que suficiente a saber qué estamos leyendo y entender la novela en plenitud.

Me llama la atención el titubeo del narrador. Duda de sus recuerdos. Duda incluso de lo que te narra a tiempo presente en Israel. Esto es de lo mejor del libro, un truco que yo pillé, pero debo decir que se dio más por mera estadística especulativa que por talento.

Trasfondo

Nos deja ver una Polonia pobre. El presidente del Gobierno no ganaba lo suficiente para comprar un coche de importación y, sin embargo, con su salario, podría comer un barrio entero, festejar y desbarrar durante días.

Mirar al fondo nos devuelve un contexto embrutecido. En los teatros, donde antes se cambiaban los actores, se cambian ahora los boxeadores en presencia de los mafiosos que los apadrinan. La cultura, desplazada por el espectáculo y el negocio.

Los judíos no se sentían cómodos en aquella Varsovia. Ni en Polonia. La cuestión judía pesa mucho en este libro. Es el fondo de todo el contexto. Su propósito. Según esta novela, en 1937:

«He leído en Nuestra Revista que los americanos quieren crear allí un Estado judío. (…) Nuestros hijos vivirán en un país donde no serán peores que otros. Crecerán en Tel Aviv, vivirán allí como los polacos en Varsovia, estarán en su propia casa. Y no como nosotros aquí.»

El racismo antisemita estaba muy extendido. Si nos atenemos al relato que hace Twardoch, los polacos eran profundamente racistas con los judíos allá por 1937. Un personaje que es periodista va a decir:

«Todo esto tiene su fundamento científico. Racional. Y la ciencia es lo más importante, ¿no? (…) Desde el punto de vista eugenésico, los judíos son una raza inferior.»

No fue Hitler quien llevó el antisemitismo a Polonia. Ya estaba allí. Llevó el terror, los campos de concentración, el exterminio, los trenes de la muerte, el esclavismo, las cámaras de gas… Pero el germen lo encontró allí. No tuvo que exportar el odio.

La semilla del odio, como decimos, ya estaba allí. Es más, según vemos en la novela, concretamente en su cuarta parte, llamada Dálet, ya existían planes políticos de exterminio judío en la Polonia inmediatamente prehitleriana, si tomamos por riguroso lo que se lee en la novela, claro.

Hay que decir que también es una obra muy filosófica. Las fronteras de la persona y la personalidad; la existencia misma; el sentido de la vida o el paso de los años ocupan aquí largas reflexiones puestas en boca del narrador, que también es el personaje.

En el libro se alude mucho a la construcción israelí. Esto es, a la creación de una patria hebrea en Palestina. Siendo un futuro incierto para los judíos polacos de los años treinta, lo que estaba sucediendo en Alemania con Hitler y en la propia Polonia con las falanges antisemitas hacían considerar el hipotético éxodo como una salida a la Tierra Prometida. Esta realidad la refleja Szczepan Twardoch muy bien en este libro.

Mi impresión general: se trata de una novela buena. Además, Acantilado la ha trabajado muy bien, con una traducción muy esmerada. Sin los apoyos a la lectura, las notas de la traducción, etc. habría bastante dificultad para entender muy bien el contexto de algunas afirmaciones.

Los personajes principales están bien trabajados. Consigues entender sus aspiraciones y comprender —desde su historia vital— por qué toman las decisiones que toman o perciben la realidad tal como lo hacen. Es decir, te parecen reales.

Hay un truco de autor muy bueno en la trama. No llega a ser un plot twist pero queda cerca. Yo conseguí sospecharlo —no diré tanto como pillarlo— antes de tiempo, pero más por los muchos libros ya leídos que por un pecado de evidencia. Siempre digo que no es obligatorio utilizar giros y sorpresas en la trama para que un libro merezca la pena, pero le aportan un toque de sabor que el lector suele agradecer.

En resumen, fondo y forma. Una novela para leer, muy amena, pero también apta para reflexionar sobre el valor de las decisiones que tomamos en vida, los elementos colectivos que conforman o no nuestra identidad individual o incluso hasta qué punto puede un sujeto vivir al margen de su contexto.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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