La papelería Tsubaki de Ito Ogawa.

La papelería Tsubaki es una novela japonesa que acaba de ser traducida al español y editada por Navona.
4.1
(38)

La papelería Tsubaki es una novela de Ito Ogawa. Publicada en 2016 acaba de llegar al catálogo de Editorial Navona en 2024.

Una novela delicada. La historia de una joven que regenta una papelería local que alberga un servicio de escribanía totalmente anacrónico. Esta es una colección de personas —sus clientes— e historias llenas de humanidad que se suceden sin más criterio de conexión que el confluir en una papelería. Junto a la protagonista, que narra sus vivencias a pie de establecimiento, te sientes como si tú mismo/a estuvieras detrás del mostrador.

En una tienda no sabes quién va a entrar. Quien entra, no tiene nada que ver con quien entró antes ni con quien lo hará más tarde.

Ese orden caótico es el que estructura esta novela.

Sinopsis de la editorial

Un profundo alegato sobre la grandeza contenida en los pequeños gestos cotidianos y el potencial conciliador de la escritura epistolar.

Hatoko Amemiya acaba de regresar a Kamakura, el pueblo costero donde creció junto a su abuela, para retomar el negocio familiar de una papelería. La suya es una estirpe de escribientes, un antiguo oficio que Hatoko está decidida a honrar y a hacer pervivir en el tiempo a través de recados que sus clientes le encomiendan: cómo despedirse de alguien, dar la bienvenida a un recién nacido o recordar la dulzura de un primer amor, todo tiene cabida dentro de los márgenes de las cartas, las cuales Hatoko se ocupa de confeccionar con delicadeza, escogiendo el sello adecuado, las palabras, la tinta y el gramaje idóneos para cada una de ellas.

Ito Ogawa entreteje en La papeleria Tsubaki un relato conmovedor sobre los detalles que componen el dia a dia de una pequeña comunidad japonesa, con el telón de fondo de los paisajes, la gastronomía y las festividades que celebran el paso de las estaciones del año, así como el privilegio de recibir, como si de una carta se tratase, el relevo de afectos y enseñanzas transmitidas de generación en generación.

Reseña: La papelería Tsubaki

Tsubaki en japonés significa camelia. Delante de la papelería Tsubaki hay un árbol Camelia Japónica. En Japón, las camelias tienen gran valor simbólico, como expresión de pureza y fidelidad.

De fidelidad habla y mucho esta novela. Hatoko es la protagonista y narradora homodiegética encargada de contarnos desde adentro esta historia, la de una familia de amanuenses cuya labor como escribientes alcanza con Hatoko la undécima generación, o al menos eso cree Hatoko. Una herencia familiar que se remonta al sogunato de la alta edad medieval.

Ganarse la vida con una caligrafía muy esmerada. Un oficio extemporáneo que aporta mucho romanticismo a la historia. Un relato realista, sin embargo. El establecimiento paga las facturas gracias al mercadeo normal de una papelería de este tiempo. Los alumnos de un colegio adyacente a ella son sus clientes habituales.

Es una novela para enamorarse de la caligrafía. Para redescubrir el placer de escribir a mano. Es un libro con una atmósfera amanuense que solo por eso —y tiene otras muchas virtudes— justifica el leerlo.

La novela se estructura en cuatro partes. Corresponden a las cuatro estaciones del año, que tienen además cierto peso en lo que se va contando en ellas.

Hatoko es más que un personaje. Es la novela misma. Niña criada por su abuela —a su madre se refiere como su predecesora— de adulta ha heredado la tradición familiar que su madre no respetó.

Es un personaje poliédrico, que se siente real. Una niña solitaria e infeliz da paso a una adolescente —tardía— y lenguaraz que parece reprochar todo lo que sufrió en su infancia. Sin embargo, la Hatoko del presente narrativo es más madura y muy sensible. Cada encargo de escribanía que recibe, y que siempre encierra una pequeña gran historia, nos devuelve una Hatoko que hace suyos los dramas ajenos, se emociona, empatiza con ellos, se implica más allá de lo pecuniario… Un personaje que va modulando su comportamiento, o cambiándolo directamente, con el paso de los años. Una persona a la que como lectores, llegamos a conocer.

La novela es una delicadeza. Es capaz de desgranar poco a poco una historia, pero sin que ello le impida crear una atmósfera que huele a tinta, a lacre y papel. Una historia moderna en todos sus aspectos, pero que evoca sin cesar a un pasado amanuense, analógico y romántico. Es una delicia leer una novela así.

Abarca temas universales sin renunciar a ser profundamente japonesa. Como es normal, está plagada de referencias culturales de su cultura: la semana del Obon (semana de recuerdo de los difuntos en agosto); Kanji: La escritura conceptual de la lengua japonesa; los bollitos de judías rojas; el oharahisan, la oración dando un golpe inicial en un cuenco metálico; los santuarios sintoístas; pastelitos de arroz; las casas con dormitorios de tatami; el kimotsuku, los kimonos, el rakugo, una buena copa de sake dulce; la harina de kuzu con la que sustituyen nuestra harina de maíz; el tofu, el politeísmo sintoísta de inabarcable variedad; la ceremonia del té, la ternera de Matsusaka… Para qué seguir. Las referencias a la cultura de la que es testigo la novela son abundantes.

Esta novela es un altar a la palabra escrita. Las cartas, artefactos de otro tiempo, son elevadas a una categoría mística. La palabra escrita es mucho más que una secuencia de trazos, nos dice permanentemente la autora. Encierra sentimientos —como esas cartas de amor que los individuos envían a la papelería Tsubaki para ser quemados porque ellos son incapaces de destruirlas—, emociones, historias… un pedazo de ellos mismos.

Ese es el poder de la palabra escrita. Sirve para transmitir ideas y conceptos, pero es innegable que también contiene sensibilidad, estados de ánimo, esperanzas, emociones…

Concepto y expresión. Intelecto y pasión. Idea y emoción. Atributos de la palabra escrita y también, por asimilación, de esta magnífica novela que edita Navona.

La papelería Tsubaki

Se hacen invocaciones al hecho mismo de escribir. De nuevo, se invita a observar mensaje y forma a partes iguales. No se escribe sin pensar, como un oficinista autómata, es más, se denosta. El mensaje tiene que ser conciso, pulido, planificado y formal. Pero escribir con toda esa propiedad sin reflexionar sobre su forma, su belleza y su estética, es de una vulgaridad imperdonable.

«La papelería Tsubaki» encierra un alto concepto de la escritura. Uno muy ambicioso: hay que escribir con propiedad, pero con belleza. Con idea y con forma. Con intelecto pero con sensibilidad. Conformarse con menos es una bajeza propia de almas pusilánimes.

Hatoko da muestras constantes de ello. Si una persona le pide redactar una nota —con la intención más diversa—, en las siguientes páginas la veremos pensar y repensar las ideas a transmitir y el mejor modo de decirlo. Este personaje, lo lleva ya al extremo de reflexionar incluso acerca del papel, el tipo de tinta y el método de escritura más adecuado para cada caso.

La palabra escrita (a mano) es expresión de vida:

«La letra crece y envejece con nosotros. No escribimos igual cuando estamos en primaria o en bachillerato, cuando hemos cumplido la veintena o cuando hemos doblado esa edad. Si hablamos de personas que alcanzan los setenta u ochenta años, la diferencia es todavía más grande. Las adolescentes que toman sus apuntes con trazos redondeados también serán ancianas algún día y para entonces su letra ya no será la misma.
Es natural: envejecemos juntas.»

Lo dicho: una obra de una delicadeza extrema.

Historias pulp

Casi me recuerda a las historias pulp. El esquema de esta historia sigue un patrón definido: Hatoko abre la papelería por la mañana. Como cualquier comerciante, espera pacientemente la llegada de los clientes. El lector espera con ella, leyendo sus pensamientos, a pie de mostrador. Y claro, los clientes acaban llegando. Cada uno trae su historia, que empezará y terminará pocas paginas después, no sin una carga de profundidad importante. Aquí cada cliente es como uno de los planetas de El principito de Saint Exupéry.

A lo que llamo historias pulp, démosle su justa medida. Son unas historias desconectadas entre sí, o independientes si lo prefieres, con una potencia literaria notable. Relatos breves llenos de emoción, sensibilidad, originalidad, humanidad y sentido narrativo. Enganchan.

La novela es una suma de estas anécdotas. Un patchwork de historias, personajes, situaciones, conflictos, sensibilidades y anhelos que acaban conformando una novela que querrás leer más de una vez para recordarla.

Ito Ogawa construye unas imágenes literarias de una potencia espectacular. Qué me dices de una anciana que ha vivido enamorada de su marido toda la vida y que al morir, es enterrada en su ataúd con todas las cartas de amor que el hombre le había mandando durante toda una vida juntos. No cabe llamarlo spoiler, porque no hay una trama consecutiva como para poder hacerlo, sin embargo sí quiero anotarlo como empujón definitivo si aún no te decides a leerla.

Una novela para los cinco sentidos

La novela es sensorial por completo. Cada vez que Hatoko se sienta a escribir o a charlar con un cliente pulp, se prepara una infusión o un dulce y embriaga la escena de olor, color y sabor. Se escribe y se describe el sonido de la pluma sobre el papel; el tacto de la rugosidad —o la aspereza— en las vetas del verjurado; el color de la tinta; el olor del papel…

Una historia llena de sensaciones. Además, el sexto sentido —la empatía— es el colofón de todas las escenas. El éxito de las notas manuscritas de Hatoko nace de su capacidad para sentir con la persona que se acerca a pedir su ayuda.

Capítulo aparte merece lo culinario. Se mencionan muchas comidas y bebidas típicas de Japón. No de pasada, sino con atención. Mimando cada receta. Eso no es de extrañar en la autora, escritora habitual de reseñas gastronómicas en su país y en cuya bibliografía cabe una fábula gastronómica escrita hace ya unos años.

La caligrafía elevada a la categoría de arte

Si te gusta la caligrafía, el lettering y demás… Léela. No necesito decirte más. Tipos de papel, explicaciones históricas sobre el verjurado, la historia de Waterman inventando las estilográficas; Montblanc… Es un lujo leer tanto y tan bueno sobre una materia tan específica. Si no te gustan estos archiperres de papelería, no te preocupes, no te sacan de la lectura. Están como está todo lo demás, colocados con una suavidad y una delicadeza extraordinaria.

Hay un dato sin importancia que me llamó la atención. Namiki no aparece mencionada en ningún momento. Es la firma que hace los mejores plumines del mundo. Es japonesa. Lo dicho, irrelevante, pero llamativo.

Una novela cargada de reflexiones

¿Qué aprendemos o reflexionamos con esta novela? Pues que cada persona lleva tras de sí su propia historia. Aciertos y fracasos, miedos y temores. Filias y fobias. Y también aprendemos que las personas que tenemos más cerca son —al mismo tiempo— las que más nos aman y las que más quebraderos de cabeza nos darán. Pero sobre todo, aprendemos que se irán o que nos iremos, y que por eso tenemos que dejar todo apaciguado y disfrutarnos al máximo mientras dure este periodo de gracia que llamamos vidas.

Una novela de una sensibilidad muy especial. Se la siente escrita con mucho mimo, un texto muy querido.

Las cartas son aquí un trasunto de los diálogos. Una encarnación de la comunicación. La carta —la dialéctica—, nos relaciona con los demás. Nos lleva a establecer relaciones sanas o malsanas. Son el diálogo y la convivencia la argamasa de las familias, no la sangre. Por la conversación nos entendemos con el mundo: nos relaciona con nuestros pares. Las cartas son aquí esos diálogos unidireccionales.

¿Qué nos dice finalmente esta novela? Que la carta más importante es aquella en que el remitente es también el destinatario. La carta más importante, —la conversación más importante— es la que nos escribimos a nosotros mismos.

Fantástica novela, una más, en la Serie M de Navona. El estándar de esta colección ya lo conoces de otras reseñas. Márgenes amplios y tipografía muy cómoda de leer. La experiencia de lectura es muy agradable. El libro es pasta blanda, pero viene encuadernado —encuadernado de verdad— y se puede abrir con total confianza de que no se va a desmadejar porque le puedes ver hasta los hilos del cosido.

Para mí, es un libro premium, pero sin tapas pijas. En pasta blanda, de lo mejorcito. Y el diseño de la colección es una delicia. Colorista, moderno, minimalista.

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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