Por qué leer El último judío, de Noah Gordon

por qué leer el último judío de Noah Gordon
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El último judío supone mi debut lector con Noah Gordon. Nunca me he acercado a este autor hasta que una edición en rústica de editorial Planeta me bisbiseó —psst, psst—, desde un estante en una de mis librerías de lance preferidas. Creo que la que vino como una más de aquel book haul, va a ser como se dice en la trillada cita cinéfila, el comienzo de una bella amistad con el autor.

Sabía de su popularidad. Conocía la ambientación histórica que imprime a sus obras. He querido darle una oportunidad antes de meterme de lleno con un clásico muy desafiante —por su extensión—, que me espera pacientemente en su anaquel, con la presumida encuadernación y el talante de quien sabe que pocos pueden superarle.

De qué trata «El último judío»

Es una novela escrita en 1999. Una de sus últimas obras. Se anuncia como novela histórica. No sé si será un apellido merecido: ¿qué es una novela histórica? ¿Aquella en la que se aprovecha la narrativa para dibujar un retrato y hacer una exégesis de un momento histórico o aquella en que simplemente la narración se ambienta en un punto histórico concreto?

Tiene más de lo segundo. Lo que sucede es que lo tiene en calidad y en cantidad, lo que al final, te permite hacerte una idea formal de aquellos años.

Esta historia comienza en Toledo, a finales del siglo XV. La comunidad judía, forzada a la conversión y más tarde a la expulsión del país da contexto a la historia.

Bernardo Espina es médico, judío converso y devoto cristiano. Es requerido por el prior de un convento de los jerónimos, Sebastián que le encarga investigar un asesinato ocurrido la noche anterior en el huerto del priorato. La víctima, Meir, era un mensajero que traía en el anonimato de la noche, unas reliquias óseas de Santa Ana, nada menos que la abuela de Jesús de Nazaret.

Conocemos entonces a Jonah, hermano menor de Meir. Judío, contrario a la conversión forzosa y víctima del edicto real por el cual se instaba a todos los judíos a abandonar España bajo pena de muerte en un plazo de tres meses. Yonah, el protagonista de la obra, por azares del destino, no consigue salir del país en el plazo dado por el reinado cristiano. Permanece en España sin abandonar el país ni su credo, de ahí el título de la obra. Esto le lleva a vivir ocultando su identidad durante años para escapar de la hoguera de la Inquisición, pero siempre fiel a un culto interno que no será ajeno a la desmemoria ni a las dificultades para recordar oraciones y ritos de su infancia debido a la falta de práctica religiosa. Esto da una idea del valor de la transmisión comunitaria e intergeneracional que tienen las religiones. La fe se vive en comunidad.

Cuando en su infancia se había aprendido de memoria las oraciones en casa de su padre, no había prestado excesiva atención a su significado. Sin embargo, en sus circunstancias, bajo la siniestra sombra de la Inquisición que trataba de destruir a los herejes, aquella plegaria se le clavaba como una flecha en el corazón.

El último judío. Noah Gordon

Acompañamos al personaje en un éxodo interminable. Cambios de identidad, de ciudad —de Toledo a Ciudad Real, a Granada, Salamanca, Tembleque, Gibraltar o Zaragoza— y de oficio —de aprendiz de orfebrería a carcelero, pasando por marinero, agricultor, pastor o aprendiz de maestro armero— hasta llegar a médico, —una profesión que tarde o temprano es recurrente en las obras de un fallido médico como fue Gordon—, nos proporcionan un retrato amplísimo del aquella España multiétnica, violenta y cacicona; pobre y rica. Injusta y medieval. Un manual de historia que se lee con la solaz de la ficción.

Los temas de fondo no son menores. La convivencia en la diversidad; el valor de la vida; la sinrazón, la experiencia religiosa y su valor para los creyentes, la paz como estado siempre transitorio entre guerra y guerra, la fe con y sin un discernimiento personal detrás, la iglesia de militancia y la iglesia de jerarcas de entonces, tan imbricada en la nobleza:

Los segundones de las familias de la nobleza, excluidos de la herencia en virtud de la ley del mayorazgo, se entregaban a la vida religiosa, en la que la influencia de su familia les aseguraba un rápido ascenso.

El último judío. Noah Gordon.

Gordon elige un lugar y un momento histórico inmejorable. Aquella España que pasó de ser una suma de reinos enfrentados, a un monolítico territorio común, de enorme poder militar, en el que la inquisición dotaba de fundamento ideológico toda decisión de la corona ganando para ésta el apoyo del pueblo y para sí el apoyo de la corona.

Un viaje en el mapa y un viaje interior. En la obra no solo vemos avanzar el éxodo, las identidades y los quehaceres de contingencia a los que va enfrentándose el camaleónico protagonista, sino que vemos a Yonah aprendiendo a madurar en su fe y su convivencia con otros credos, desde la dificultad que entraña su proeza:

«¿Qué plan divino puede exigir que tantos de nosotros seamos Hombres Colgados?». «¿Con qué propósito me has convertido en el último judío de España?».

El último judío. Noah Gordon.

La convivencia entre religiones es una nota constante. Hay unas reflexiones que se ponen en boca de los personajes, que resultan muy reveladoras. Por ejemplo, durante la estancia en Granada, un personaje secundario —narrando el momento en que tras la reconquista de la ciudad las mezquitas fueron reconvertidas a iglesias— explica a Yonah:

Los hombres de todas las religiones creen que Dios sólo los escucha a ellos. —El enano sonrió—. ¡Qué desconcertado debe de estar el Señor! —añadió.

El último judío. Noah Gordon.

Unas reflexiones que no están exentas de autocrítica. Al enjuiciar el propio credo, el protagonista medita acerca de la condición humana como explicación de la atrocidad, indistintamente del signo religioso:

¿Significaba que, si los judíos estuvieran en el poder en lugar de la Iglesia, ellos también utilizarían a Dios para destruir a los no creyentes? ¿Era inevitable que el poder religioso absoluto llevara aparejada una absoluta crueldad?

El último judío. Noah Gordon

Una novela suavemente histórica con un regusto a bestseller. La fama que precede a Noah Gordon me parece que está bien atribuida de acuerdo a esta obra. Se aprecia en detalles sutiles, como la ambientación de la historia y los personajes en aquel momento de finales del siglo XV. Por ejemplo, hay un momento en que describe la Alhambra, no como la conocemos hoy, sino como el edificio residencial, militar y funcional que era en sus tiempos de creación:

Yonah estaba impresionado. La Alhambra era más deslumbrante por dentro que vista desde lejos, una fantasía aparentemente interminable de torres, arcos y bóvedas de vistosos colores, con tracerías que parecían de encaje, bóvedas como panales de abejas, brillantes mosaicos y delicados arabescos. En los patios y las salas interiores, unas molduras de yeso pintadas de rojo, azul y oro, simulando un follaje, cubrían las paredes y los techos. Los suelos eran de mármol y la parte inferior de las paredes estaba cubierta por arrimaderos de azulejos verdes y amarillos. En los patios y jardines interiores había flores, surtidores y ruiseñores que cantaban en los árboles.

El último judío. Noah Gordon.

Creo que es una obra acertada. Dicen sus detractores que hay coincidencias demasiado forzadas para hacer avanzar la trama, y en cierta manera pueden tener razón. A pesar de esto, yo no la juzgaría como novela fallida. Me parece que hay un mayúsculo y esmerado estudio histórico detrás de la obra que se entremezcla —con el necesario dinamismo— en la historia para aportar contexto y atmósfera sin convertirse en un aburrido tratado histórico.

Título originalThe last jew
TítuloEl último judío
AutorNoah Gordon
Año1999
EditorialPlaneta DeAgostini
Extensión444 páginas
Dónde comprarClic en el enlace

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Alvaro

Con el tiempo y el acúmulo nuevas lecturas, se va olvidando lo que vamos leyendo. Me parece que escribir sobre ello me ayudará a recordar mejor cada pequeña o gran historia que lea. Si de paso las pongo en común contigo y te puedo animar a leer o no un libro, me parece más útil que unas notas guardadas en un cajón como un ermitaño de tinta. De qué va y qué me ha parecido, sin más vuelo ni pretensiones. No son reseñas de entendido, sino de lector a lector.

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